CHAYOTE, DEDAZO, fondo de moches, mapachear, aceitar la mano, ayúdame a ayudarte, diablito, fayuca, jineteo, mordida, piratería, plaza heredada, ponerse guapo, carrusel, charolear, compadrazgo, coyote, cuatitud y decenas de frases y términos más, la mayoría de sobra conocidos por los mexicanos, forman parte y se definen en el Corrupcionario mexicano, un libro de reciente aparición que pretende que el lector ría, pero que también reflexione.
Coordinado por Alejandro Legorreta y Gustavo Rivera Loret de Mola, presidente y director ejecutivo, respectivamente, de la organización civil Opciona, de manera general la obra pretende explicar qué es la corrupción, pero no desde un punto de vista jurídico, teórico, sino desde la perspectiva de los mexicanos.
Corrupcionario mexicano, publicado por el sello editorial Grijalbo, se refiere a la corrupción de ellos, de nosotros y de todos, según explica el politólogo Gustavo Rivera en un encuentro con Newsweek en Español: “Al hacer un análisis de la corrupción en otras organizaciones y ver cómo se estaba abordado el problema, en Opciona nos dimos cuenta de que nadie realmente estaba abordándolo de abajo para arriba. Todos los esfuerzos son muy necesarios, como los de denuncia de los grandes casos de la corrupción política y del gobierno, pero la otra parte, de abajo para arriba, con la ciudadanía, no se estaba realizando”.
—¿Qué significa, Gustavo, combatir la corrupción de abajo para arriba?
—Significa poder hablar de una realidad con la gente, la realidad de la corrupción. Si bien es más grave y más presente en el día a día en la clase política, también es algo que se legitima y se reproduce abajo. Para poder hablar de ello tenemos que saber qué es corrupción. Si en México le dices a una persona que lo que está haciendo es corrupción se lo va a tomar a mal y te va responder que es astucia, se va a justificar. Por eso pensamos en que no podíamos hacer un esfuerzo de campaña basada en evidenciar a la gente porque el rechazo sería enorme y cualquier esfuerzo serio tronaría. De ahí surge el Corrupcionario.
—¿Cómo se construyó esta obra, que no está firmada por un autor, sino que tuvo dos coordinadores?
—Es un esfuerzo muy organizado, sistemático y científico de cómo entendemos la corrupción los mexicanos. Formamos 16 grupos de enfoque, realizamos una encuesta representativa nacional, hicimos una inmersión etnográfica de dos meses en un municipio promedio del sur del país y recabamos muchísimos datos. El diseño del Corrupcionario fue un protocolo de investigación académica. Yo soy politólogo, igual varios del equipo, y hay gente especializada en comunicación. Y lo que arrojó esta investigación es que los mexicanos entendemos la corrupción en tres partes: está la corrupción de ellos, y ellos es la clase política, sus socios, sus compinches; dos, está la corrupción de nosotros, que no vemos corrupción, sino justicia social, redistribución de la riqueza, astucia, inteligencia; y en tercer lugar está la corrupción de todos, que es muy interesante porque es un constructo donde todo el mundo está de acuerdo con una reflexión: bueno, pues sí, pero es cultural, está en nuestro ADN, que tire la primera piedra el que esté libre de culpa… Viene esta justificación y de una manera fatalista nos damos por vencidos.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.
—¿Esa investigación académica cómo se transformó en un libro digamos humorístico?
—Tomamos esa conceptualización con muchas palabras de cada tipo para definirlas con mucho sarcasmo e ironía, con esa picardía mexicana que, además, sirve para que nos sintamos cómodos hablando de algo que es difícil hablar, porque hablar de corrupción en México es tan difícil como hablar de adicciones o de sexualidad, eso lo vimos con las encuestas, son temas donde la deseabilidad social nos pega porque todos queremos ser queridos, y para ser queridos tenemos que ser bien vistos socialmente. Hablar de corrupción nos cuesta trabajo, por eso usamos el humor, y Diego Luna lo escribió en el prólogo, el humor es el ablandador de carne para que entre el cuchillo. Entonces, a través del humor también le metimos muchas ilustraciones y caricaturas porque los mexicanos somos muy visuales, y lo convertimos en un libro divertido.
—¡Cómo estará la corrupción como para dedicarle un libro!
—Es la causa de los problemas más importantes de México. Los otros problemas más importantes son la pobreza, la desigualdad y la inseguridad. La corrupción definitivamente los acentúa y, en algunos casos, hace que sean perpetuos y que no podamos salir de los círculos viciosos de violencia y pobreza. La situación es grave, la corrupción es el principal lastre para detonar el potencial tan grande que tiene el país, es un problema que en el día a día nos cuesta a los mexicanos dinero, tiempo, bienestar, y a veces no nos damos cuenta porque ya está muy normalizada.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.
—¿Este libro es, también, un reto al Estado y a la sociedad?
—Definitivamente es un reto a la sociedad, es atrevámonos a discutir este problema, que es muy cómodo simplemente endilgárselo a la clase política. Es cierto que la clase política es la principal responsable, el ejemplo de los servidores públicos pesa mucho y esa corrupción hay que erradicarla, pero es fácil quedarse en eso. Entonces el reto es atrevámonos a discutir la corrupción como un problema que también nos atañe y que en alguna medida y de diferentes formas colaboramos para que no se pueda erradicar. Hay millones de mexicanos que no son corruptos, y esos mexicanos son a los que lanzamos el reto: evidencien, salgan, hagan pública su honestidad y su rechazo a la corrupción para poner el ejemplo y empezar a cambiar las cosas. Y con respecto al Estado, diferencio Estado y gobierno, porque los gobiernos van y vienen, por eso el reto es al Estado mexicano, un Estado del cual la sociedad, los empresarios y el gobierno forman parte. Mientras el Estado no deje de funcionar de una manera clientelar y corrupta seguiremos teniendo un problema muy grande.
—¿No te parece que un libro divertido banaliza un problema muy serio?
—Me gusta que logramos convertir una investigación académica aburridísima en un producto que llama la atención de la gente, sobre todo de personas que normalmente están hartas de la política y la corrupción y lo último que quieren es leer de eso. Y no me gusta, y es un riesgo que tomamos, que pueda interpretarse como que estamos banalizando la corrupción. Nos estamos riendo de un problema muy serio y entonces se banaliza, y cuando se banalizan las cosas, el primer segmento contento es aquel que participa en la corrupción porque se diluye la responsabilidad. Decidimos asumir el riesgo porque si lo sobrepasamos ganaremos mucho más generando este debate y sacándolo más allá del círculo rojo de la política.

Foto: Especial