Desde hace mucho tiempo, los escándalos sexuales y de género han sido una parte sórdida (aunque fascinante) de las campañas políticas, pero la elección presidencial de 2016 en Estados Unidos hizo que esa fascinación pasara de ser una atracción secundaria al espectáculo principal y abriera una brecha de sexos que podría perjudicar a la política estadounidense durante toda una generación. Ahora, el Partido Republicano está dominado por la base de votantes de Donald Trump, compuesta por hombres blancos furiosos, mientras que las mujeres apoyaron mayoritariamente a Hillary Clinton. ¿Cuánto tiempo prevalecerá una Cámara (y un Senado) dividido por cuestiones de género?
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