“No, no me había curado: el amor es una enfermedad en un
mundo en que lo único natural es el odio”. José Emilio Pacheco dejó su
literatura como testigo de un México de hace más de tres décadas.
Su estilo literario siempre único por resaltar la cultura y
tradiciones mexicanas, a través de las voces de jóvenes o adolescentes
aventurados en sus primeras experiencias amorosas o en otras complicadas pero
que siempre tenían que ver con las locuras cometidas por amor, como ocurre en
sus dos novelas: Las batallas en el
desierto (1981), El principio del
placer (1972) o en su primer libro de poemas Los elementos de la noche, publicado en 1963.
Cuando recibió el Premio Cervantes en 2009, Pacheco confesó
que el inicio de su carrera literaria sucedió en 1947, cuando tenía ochos y
acudió a Bellas Artes a ver una adaptación musicalizada de El Quijote de la
Mancha, dirigida por Salvador Novo, lo que llevó a descubrir “otra realidad
llamada ficción” y a comprender que su lengua madre “puede ser para quien sepa
emplearla algo semejante a la música del espectáculo, los colores de la ropa y de las casas que iluminan el
escenario”.
Su pasión por las letras lo llevó siempre a transmitir a sus
lectores con un lenguaje claro y preciso, textos llenos de conmovedoras emociones.
“Mi objetivo en la
vida y en la literatura es tratar dentro de mis limitaciones de escribir lo
mejor posible. Todas mis ambiciones –no soy una blanca paloma, tengo ambiciones
también– están dentro de la literatura. Tengo una ambición muy clara, que es
una locura, casi como querer ser famoso o poderoso, y es la de querer escribir
bien”, dijo al recibir el Premio Cervantes.
El escritor murió a los 74 años, el 26 de enero de 2014, en
el Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán.
Vuelve a mi boca,
sílaba, lenguaje
que lo perdido
nombra y reconstruye.
Vuelve a tocar,
palabra, el vasallaje
con tu propio fuego
te destruye.
Fragmento del poema “La materia deshecha”, José Emilio
Pacheco
“Lejos del poder”
En una tarde insuperable de sábado, el 21 de septiembre de 2013, Pacheco tuvo una de sus tardes más memorables con el público en el auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología (MNA).
Esa tarde, el literato habló de su experiencia con el poder y aprovechó para desmarcarse de eso que en vida siempre criticó: el sistema político mexicano. Esa tarde ante un foro abarrotada, con un genial sentido del humor, el escritor sostuvo: “Nunca me he acercado al poder”.
“Me levanté para darle un vaso con agua; pero 200 guardias me rodearon para decirme: ‘El presidente no puede tomar agua que no esté controlada’”.
Lo más próximo que ha estado del poder fue cuando Teodoro González de León restauró la actual sede de El Colegio Nacional, y que en 1993 inauguró Carlos Salinas de Gortari. En esa ocasión, el presidente “me tomó del brazo y me preguntó: ‘¿Qué quieres?, ¿qué te hace falta?’. Mi respuesta fue: ‘No me hace falta nada’”.
Entre las memorias con políticos que remembró esa tarde, recordó que en El Colegio Nacional, al presidente Vicente Fox le agarró un ataque de tos, ante lo que su reacción inmediata fue tratar de ayudarlo.
“Me levanté para darle un vaso con agua; pero 200 guardias me rodearon para decirme: ‘El presidente no puede tomar agua que no esté controlada’”.
Esa misma tarde y para cerrar el momento que quedaó registrado, Pacheco dijo a un auditorio que le celebró el comentario: “A ver cómo me va; espero que no tenga tiempo Peña Nieto de ir a los 70 años de El Colegio Nacional”.