A pocas horas del asalto letal al aeropuerto internacional Ataturk de Estambul, analistas y expertos buscaban a quién culpar. La mayoría citó fallas en la seguridad del aeropuerto o la situación precaria de Turquía dados los conflictos prolongados en Irak y Siria.
La amenaza que enfrenta Turquía de parte del grupo militante Estado Islámico (ISIS) es real. Los ataques importantes en Turquía atribuidos a ISIS han matado alrededor de 150 personas en los últimos 12 meses. Son frecuentes los ataques con cohetes desde el territorio controlado por ISIS hacia ciudades fronterizas turcas. ISIS no reclama oficialmente su responsabilidad por el ataque del martes, pero las autoridades trucas lo señalaron con el dedo.
Pero la amenaza considerable de ISIS a Turquía se trata de algo más que la proximidad con el feudo del grupo. Hace un año, ISIS publicó la primera edición de su revista de propagandaKonstantiniyye en idioma turco, una referencia al nombre antiguo de Estambul. Cuando ISIS produce medios de comunicación en lenguajes específicos, lo hace por una razón.
Esta referencia histórica a Constantinopla nos dice mucho de cómo ve ISIS a Turquía. Turquía no sólo está dentro del alcance geográfico de sus bastiones en Irak y Siria, sino que también es una importante ciudad europea, a menudo descrita como parte de la “alianza cruzada” contra ISIS, y una importante ciudad musulmana con una rica historia religiosa.
La publicación d eKonstantiniyye indica que ISIS ve a Turquía no sólo como un blanco sino como una fuente potencial de reclutamiento. Esto último podría tener más importancia para ISIS hoy día, dado que la cantidad de combatientes extranjeros que viaja a Irak y Siria ha disminuido constantemente. Aún más, el grupo ha tenido cada vez más pérdidas en ambos países.
Los expertos de seguridad fueron rápidos en señalar las posibles fallas de seguridad o los puntos ciegos que pudieron haber contribuido al ataque en Estambul. Pero culpar a las autoridades turcas ignora la misma naturaleza del problema y la labor que Turquía hace para mantener a salvo a sus ciudadanos.
Las comparaciones podrían ser inútiles cuando se discuten actos de violencia, pero la perspectiva es útil. La mayor crítica a las autoridades belgas después de las bombas en el aeropuerto y el metro de Bruselas fue la falta de una respuesta cohesionada a los reportes de inteligencia y, más preocupante aún, que los individuos involucrados eran parte de la misma célula que los atacantes de París. No se pusieron fallas en la puerta de las medidas de seguridad.
Las primeras críticas hechas contra Turquía se han centrado en las deficiencias de su organización de seguridad. Estos críticos han ignorado los retos cada vez mayores que Ankara enfrenta a lo largo y ancho del país al tener que enfrentar la amenaza del extremismo político e islamista.
Turquía también ha combatido la insurgencia creciente montada por grupos separatistas kurdos armados como el Partido de los Trabajadores del Kurdistán y los Halcones de la Libertad del Kurdistán. Más de 70 personas murieron en ataques importantes de estos grupos en los primeros seis meses de 2016. Los enfrentamientos casi diarios y el aumento en la actividad de seguridad por parte de las fuerzas turcas en el sudeste del país ya están colmando su capacidad.
El Reino Unido y EE UU designan a estos grupos como terroristas, pero hay poco apoyo internacional, o incluso simpatía, para Turquía en sus esfuerzos de lidiar con la amenaza de ataques kurdos e islamistas.
Las respuestas a los ataques en Bruselas y Estambul han sido marcadamente diferentes. El escrutinio de la seguridad belga y los funcionarios de inteligencia se dieron después de que el mundo rodeó con sus brazos al país en su momento de necesidad. Lo mismo sucedió con Francia después de los ataques en París. A Turquía no se le ha dado la misma cortesía.
Pero las atrocidades en París y Bruselas no son diferentes de los ataques el martes en Estambul. Hoy, Turquía llora a sus muertos. Estambul, como cualquier otra ciudad, es la víctima de una ideología ponzoñosa que no respeta estados, naciones, fronteras, etnias ni culturas.
Hay poco reconocimiento para los retos enormes que enfrenta Turquía en gran cantidad de frentes, así como las medidas que toma para tratar de darle estabilidad al país.
El alarmismo previo al brexit sobre las fronteras europeas abriéndose a millones de turcos que descenderían sobre el continente cuando Turquía se una a la UE refleja una percepción creciente de que Turquía es una amenaza, no un aliado.
Mientras que Gran Bretaña ha votado para retirarse de la UE, Turquía ha fortalecido su relación con socios regionales como Israel y Egipto, así como tratar de reparar las relaciones con Rusia después de derribar un jet ruso el año pasado.
Turquía entiende la necesidad de cooperación para ayudar a fortalecer las acciones contra los ataques extremistas, pero a pesar de ser miembro de la OTAN, parece que muchos en Europa y Occidente son renuentes a darle a Turquía la misma oportunidad. Y aun así, este es un momento de unidad de cara a una ideología transnacional.
Los ataques en París y Bruselas unieron en solidaridad a personas y países de toda Europa. Turquía, una víctima regular de la violencia, no necesita ser chivo expiatorio, excluida o criticada después de este ataque. Necesita nuestro apoyo.
Turquía sigue siendo una parte inextricable de Europa, y como tal, debe dársele el mismo grado de apoyo que a otras víctimas de ataques en el continente. Es hora de un poco más deBen Türkiye de la gente que debería ser amiga y aliada de Turquía.