Hay una idea muy
difundida de que los perros sólo son capaces de entender la entonación de la
voz y no el significado de las palabras. El etólogo Konrad Lorenz –ganador Premio
Nobel en 1973 por sus estudios del comportamiento animal–, estaba convencido de
que los canes son superiores a los simios en la comprensión del lenguaje humano,
y algo sabía del tema.
Chester, un border collie de
Carolina del Sur, famoso por la cantidad de experimentos que se han hecho con
él, y de los cuales ha salido airoso, reconoce, por ejemplo, más de mil objetos
por su nombre, y no los olvida al pasar el tiempo.
Los perros también son buenos
en la imitación, algo que muy pocos animales consiguen y que es fundamental en
el aprendizaje social.No lo
hacen de manera espontánea, como los grandes simios, pero sí cuentan con una habilidad innata. Un grupo de
científicos condicionaron a varios canes a abrir una puerta empujándola. La
mitad recibiría un premio por emular a los humanos; el resto fue incentivado
para que lo hicieran como pudieran. El grupo de imitadores aprendió mucho más
rápido. Es decir, los perros no abordan las situaciones mediante ensayo y error;
lo resuelven de inmediato sin ven a alguien hacerlo.
Siguen los estudios. Para que
se contagie el bostezo se requiere que el contagiado tenga cierta estructura
cerebral y neuronas espejo –las responsables de
reír, llorar o abrir la boca, si lo hacen los demás. Pues bien; si bosteza uno,
bosteza el perro.
Los seres humanos tienen la
capacidad de ponerse en los zapatos del otro –se supone. Los canes también. Es frecuente
verlos, de manera natural, consolando a otro perro herido, o acercarse
a su dueño si lo percibe triste, apesadumbrado. Al respecto se realizó una experimento
con 18 canes –diferentes razas y edades–, para ver su
respuesta ante personas que simulaban llorar, situadas junto a otras que
hablaban o tarareaban una canción; los perros mostraban más preocupación y
se aproximaban con mayor frecuencia a los que fingían estar tristes.
Estudios, documentales,
películas, series de televisión, llevan a la conclusión de que la inteligencia canina es similar a la humana. Y por si fuera poco,
sus cuerdas vocales les permiten emitir sonidos con significados que sus
congéneres entienden; nada más falta que sus amos también lo
consigan.