LONDRES.— Policías londinenses montan un cordón de seguridad frente al enorme incendio que envuelve la torre Grenfell, el pasado 14 de junio, en el oeste de la capital británica. Al cierre de esta edición se reportaba la muerte de 17 personas en el siniestro del emblemático edificio de viviendas. La torre Grenfell, un edificio de 24 plantas que alojaban 120 viviendas, se localiza en el distrito de Chelsea y Kensington, uno de los barrios más ricos del mundo y en el que hay diferencias económicas notables. Las labores de búsqueda continúan para intentar encontrar a las víctimas de la gigantesca catástrofe. De las más de 80 personas hospitalizadas, 18 estaban en estado crítico, y muchas otras seguían desaparecidas. Sobrevivientes de la tragedia dijeron haber visto a gente cayendo o saltando desde la torre residencial. Otros testigos relataron cómo la gente dejaba caer a sus hijos desde las ventanas para intentar salvarlos en un gesto de desesperación. El edificio, construido en 1974, quedó completamente calcinado. Aunque aún se desconocen las causas del incendio, según varios residentes las obras de renovación del año pasado podrían haber favorecido la propagación del fuego, extremadamente rápida.