¡Es la corrupción, idiota!

Existen dos herramientas poderosas para explicar el precio de las gasolinas y el descontento social desde un enfoque económico: las leyes de oferta y de demanda.

En México consumimos más gasolina de la que somos capaces de producir, por falta de refinerías, lo que provoca que tengamos que importar gasolina de EEUU.

Estas leyes nos dicen que cuando la oferta supera la demanda, los precios deben aumentar o se provocará escasez. Es más la gasolina que consumimos, que la que tenemos capacidad de producir. Faltó visión de estado para convertir a México en potencia energética y hoy estamos pagamos las consecuencias.

La gasolina y otros energéticos como el diésel son derivados del petróleo crudo y necesitan un proceso de refinación para transformarse en combustibles. Aunque México requiere más refinerías, la mayoría de los ingresos petroleros se utilizan como ingreso del gobierno federal y no se hacen las inversiones necesarias.

México que es un país productor de petróleo, sólo tiene seis refinerías. Su capacidad de refinación alcanza apenas para el 40% de lo que extrae.

Estados Unidos tiene más de 130 refinerías y Japón, que no extrae ni exporta petróleo, cuenta con 31. Mientras Japón produce los derivados que necesita, México exporta barriles de petróleo barato e importa gasolina de Estados Unidos.

México es la doceava economía mundial pero ocupa el lugar 20 en la capacidad de refinación, de acuerdo con el boletín estadístico anual de 2016 de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo).

Esta crisis energética se sabía desde el año 2012. En “Prospectiva de Petrolíferos 2012- 2026”, la Secretaría de Energía expone la necesidad de aumentar inversión y capacidades de refinación, pues México sólo producía el 30% de la gasolina Premium y 60% de la gasolina Magna.

Actualmente importamos alrededor del 50% de los combustibles que utilizamos. Por ello, el precio controlado de las gasolinas era insostenible ante la fuerte depreciación del peso con respecto al dólar que alcanza los 22 pesos. El otro escenario era mayor endeudamiento para el país.

¿Qué ocurrió? Los asesores de Peña pensaron que con la Reforma Energética llegarían las inversiones extranjeras necesarias para aumentar la capacidad de refinación.

Ahora, sin la capacidad de aumentar la refinación, tenemos que aguantar la liberalización de los precios que representa un incremento de 20%.

Al momento de redactar esta opinión, el precio del litro en Tijuana es de 16.04 pesos o 73 centavos de dólar. El precio de la gasolina regular en la ciudad vecina de San Diego es de 63 centavos de dólar. Casi 16% más barata.

Mi automóvil tiene una capacidad de 60 litros. Llenarlo en México me cuesta 962.40 pesos, mientras que en Estados Unidos me costará 831.60 pesos aún considerando un tipo de cambio de 22 pesos. Si a esto le sumamos que la gasolina de Estados Unidos rinde por lo menos un 15% más por tener aditivos y despachar lo que se compra, el diferencial es de por lo menos 30%.

Los gobernantes dicen entender el malestar de la población, pero no actúan de forma honesta para expresar solidaridad. Existe una frase que se acuñó en la campaña de Bill Clinton para entender el malestar del votante norteamericano que vivió una recesión con George Bush padre y que llevó al primero a la presidencia: “It’s the economy, stupid!”

Para finalizar esta opinión, es importante destacar desde el enfoque social y político, que si tuviéramos un gobierno consciente, austero y transparente, la población comprendería. Pero esto es acumulativo.

Derroches del presupuesto público sin ningún pudor, robos y desvíos de recursos sin ninguna consecuencia, exgobernadores prófugos que desaparecieron miles de millones de pesos del erario, cómplices del actual régimen. Y todavía sale el Presidente a dar una bofetada en la cara preguntando: ¿Qué hubieran hecho ustedes?

Yo hubiera dado el mensaje anunciando que presenté una iniciativa para reducir el número de legisladores, como lo prometió en campaña. Que se recortarían de forma masiva los gastos superfluos y ofensivos en todos los niveles de gobierno.

Estados Unidos tiene 535 representantes y senadores para 324 millones de habitantes. En México tenemos 628 diputados y senadores para una población de 124.5 millones.

Es hora de que la ciudadanía organizada y el sector empresarial exijan una disminución de la carga que representa un gobierno ineficiente, corrupto y oneroso.

En México, sólo el 40 por ciento de los mexicanos pagamos impuestos, impuestos que son excesivos para la cantidad y calidad de los servicios públicos que recibimos. Pagamos entre 3 y 4 días de cada diez días de trabajo. No son los impuestos abusivos, no es sólo el gasolinazo, ni el incremento de impuestos federales, estatales y municipales a la base de contribuyentes que siempre pagamos: ¡es la corrupción, idiota!

La situación no va a mejorar en el corto plazo. Después del incremento en los energéticos nos tocará ver cómo se incrementa el resto de los bienes y servicios.

La única solución es de largo plazo y es una población más educada, que tenga la capacidad de informarse y tomar mejores decisiones y no sólo reaccionar de forma violenta o pacífica cuando ya es demasiado tarde.

*El autor es profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Baja California y Fundador del Cluster de Bioeconomía de Baja California.