Gene Simmons, o Gene Klein, o Chaim Witz (su nombre judío) o el Demonio, como es conocido por los seguidores de la banda de hard rock Kiss, solía dar clases a alumnos de sexto grado en Spanish Harlem (Harlem del Este, Nueva York) antes de que la banda fuera fundada, en 1973. Ello lo convenció de que la escuela es inútil cuando se trata de enseñar “hipotecas o capitalismo o el costo del matrimonio o el costo del divorcio”. Ya sabes, las cosas importantes. Por ello, la leyenda del rock ha escrito su octava obra literaria, On Power: My Journey Through the Corridors of Power and How You Can Get More Power, una especie de libro condensado que puedes “meter en tu bolsillo trasero y llevarlo a donde quiera que vayas”, dice Simmons. “Solo siéntate en un inodoro, en un avión o un tren y hojéalo”.
Gene Simmons, cuya agudeza empresarial ha hecho de Kiss una maquinaria enormemente redituable (hay un crucero de Kiss, un servicio de limusinas de Kiss, un campo de golf de Kiss…), escribió el libro para “disipar las ideas del lenguaje políticamente correcto y llegar al punto de que el poder y el dinero no son necesariamente buenos o malos. Es amoral, tal como el fuego”. Y él debe saberlo.
—Es de todos sabido que te has abstenido del alcohol y las drogas desde que se formó Kiss. También es de todos sabido que te has permitido mucho sexo. ¿Cuál es tu postura con respecto a las mujeres y el poder?
—Las mujeres tienen a su favor algo que los hombres no: su ser físico. Mi sugerencia es que, si las mujeres quieren poder, y si son vistas como objetos sexuales, por el amor de Dios, usa el físico en tu ventaja. Las modelos lo hacen. Las Kardashian lo hacen. No tienes que ser talentosa o hacer gran cosa. Si tuviste la suerte de nacer con los genes correctos, harías bien en aprovecharla antes de que la pierdas. Ello no significa que andes por allí acostándote. Por supuesto, algunas mujeres tal vez quieran hacer eso; ya sabes, quiero casarme con un rico, y estoy dispuesta a usarme como moneda de cambio. Eso también está bien. Es como haber nacido con esta lengua. Llamaba la atención, así que la usé en mi ventaja.
—Esa filosofía podría no encajar muy bien justo ahora. Si acaso, ¿dirías que con las mujeres promiscuas hay una doble moral?
—Estás en lo correcto; es completamente certero que hay una doble moral. A los hombres, en gran medida, no se les echa un vistazo sexualmente; a las mujeres sí, les guste o no. Y si son promiscuas, las llaman de ciertas maneras, incluso por otras mujeres. A un hombre promiscuo no lo llaman de ninguna manera, y ciertamente no otros hombres. Yo no creé estas reglas, simplemente existen.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek