Susana Zabaleta: soy una cumbiera intelectual

Los cantos de Carmina Burana son profanos, es una música que se ha usado mucho para películas de terror. Por eso la gente piensa que toda la puesta es así, pero no, son cantos de amor, de deseo, a veces hasta cursis, son pequeños poemas. Interpretarlos es de una complejidad terrible porque son más de dos octavas las que tienes que recorrer en el piano, vas de lo más bajo hasta un mi sobre agudo, entonces es muy difícil vocalmente hablando, pero también es un reto y a mí me encantan las cosas difíciles.

Participaré en la producción monumental de Carmina Burana del Auditorio Nacional, el 22 y 23 de noviembre, como solista soprano. Para este papel se requiere mucha seguridad en uno mismo. En ese aspecto, mi carrera ha sido muy difícil. Curiosamente, en México la multidisciplina es muy criticada y la gente dice: haces bien una cosa u otra, no puedes ser una buena persona y ser una buena cantante, tienes que ser una mala persona y una buena cantante. O sea, no puedes ser cantante de pop y también de ópera. Pero yo sí puedo. Ha sido muy difícil, en realidad pocas personas hacen lo que se les pega la gana. Y yo soy una de ellas. Nunca he sido exclusiva de nadie, lo cual me enorgullece.

Creo que si cantas ópera puedes cantar lo que sea en algún momento. Es como si pintaras al óleo: pintar en colores pastel es la cosa más fácil. Hay que irse a la maestría y luego hacer lo que sea. Pero tampoco cantar todo como si fuera ópera, sino como se cantan el pop y los diferentes estilos.

A esto sumo que también soy actriz. Actué en una de las películas más exitosas, Sexo, pudor y lágrimas, y en la comedia musical mexicana más exitosa de todos los tiempos, Qué plantón. Y he pisado lugares que jamás hubiera imaginado cuando soy de Monclova, como Bellas Artes y la Sala Nezahualcóyotl. Al final, convencer a la gente es una de las cosas más difíciles del mundo, sobre todo la de México. Eso me encanta. Pero no hay nada que me guste más que un día estar en un cabaret, y al día siguiente estar en Bellas Artes.


FOTO: CONSECUENCIAS

Por eso podría decirse que soy una cumbiera intelectual. Me ha costado mucho porque la gente, al principio, como que quién es esta vieja, qué quiere, y convencerla de que la ópera y los géneros populares son lo mismo, solo que con diferentes aristas, ha sido difícil, pero con el tiempo me han ido respetando y queriendo. Tengo un público cautivo que no se vende y no se compra. Además, me gusta mucho luchar por mi género, las mujeres nos merecemos eso, hemos luchado tanto y han muerto tantas por la libertad, que hay que honrarlas y agradecerles por el momento que estamos viviendo.

Hoy hay muchos tipos de música, lo cual me alegra. Pero, así como hay cine de terror y de culto, así tendría que ser en la música, debería de haber regional, reguetón, romántica y ópera en todos los círculos. No es así. Ahora muchos niños no tienen idea de quién es Cri-Cri. A la mayoría nos tocó que nuestros padres o abuelos nos cantaran Cri-Cri, y ahora los niños cantan canciones de que si las nalgas de no sé quién. ¿Ese niño, cuando sea adulto, cómo va a tratar a una mujer después de que cantaba que se la llevó a un hotel y le bajó los calzones? A nosotros nos da risa, ¿pero a su mujer le va a dar risa también?

Mi nuevo disco, Como la sal, nos llevó dos años hacerlo. Nunca he pertenecido a una disquera ni he sido exclusiva de nadie, entonces concretar el sonido específico que yo quería fue muy difícil. Me fui a Cuba a experimentar. Cuando llegaban los esclavos africanos en barcos separaban a las familias, y la única comunicación que tenían era vía los tambores y cánticos. Por vía percusiones se hablaban, y eso tiene mucho que ver con Latinoamérica, con África, con Cuba, con nosotros. En esa conjunción de culturas la música era el único instrumento para poderse comunicar. Por eso mi disco es muy sabroso. Muy cachondo.