Ruido impune

El ruido es quizá el más silencioso de los contaminantes, pero no el más inofensivo. Comparado con la emisión de gases o la basura, no se acumula ni es visible. Pero los daños en la salud pueden ser irreversibles.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), calcula que hay unos mil 100 millones de adolescentes y jóvenes en riesgo de perder audición. Parte del problema es su exposición en sitios como bares, eventos deportivos y conciertos; el otro es la tecnología.

“Casi el 50% están expuestos a niveles de ruido perjudiciales a consecuencia del uso de dispositivos de audio personales como reproductores de MP3 y teléfonos inteligentes”, dice un informe del organismo con motivo del Día Internacional de la Atención, conmemorado el 3 de marzo.

La audióloga Evangelina Hernández Aceves refiere que en México el ruido es un problema de las grandes ciudades como la Ciudad de México o Guadalajara. Pero en Tijuana, con el acelerado crecimiento de su población, puede convertirse en un problema.

El reglamento contra el ruido, con 50 años sin alguna modificación, es el más atrasado en cuanto a la realidad que vive Tijuana.

“Si seguimos así, puede ser una ciudad muy, muy ruidosa, y muy contaminada por ruido en un futuro no muy lejano”, dice la también otoneuróloga y foniatra.

Pero la sordera es solamente una de las afectaciones que provocan los altos niveles de sonido, como los generados en restaurantes o en medio del tránsito vehicular. También alteran los nervios.

Por todos es conocido que entre Tijuana y San Diego, está la frontera más transitada del mundo, donde el año pasado cruzaron la garita de San Ysidro más de 13.7 millones de vehículos, según el buró de estadísticas de transporte de Estados Unidos.

Por ejemplo el sonido de un claxon supera los 85 decibeles. Es el nivel más alto de exposición recomendado por la OMS para una jornada laboral de ocho horas.

En el caso del aeropuerto, dice la especialista, los trabajadores usan protecciones en los oídos porque el ruido en la pista supera los 120 decibeles.

“Pero sí nos toca oír, de repente sentir el impacto del sonido por la presión del mismo”, menciona Evangelina Hernández.

Y en esta ciudad es común que el ruido acompañe a los ciudadanos hasta su casa, para ocasionar otra clase de problemas.

En 2016 la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE), el número 911 para emergencias recibió 29 mil 978 llamadas de vecinos molestos por alto volumen. En los primeros siete meses de este año, suman 11 mil 591.

Para atenderlos, el Ayuntamiento tiene un reglamento contra el ruido creado en 1967, y también el Bando de Policía y Gobierno. Pero resultan insuficientes para quienes pueden hacerlos valer.

“La regulación municipal es endeble en ese sentido, porque hay poco que pueda hacer la policía”, dice el Secretario de Seguridad Pública Municipal, Marco Antonio Sotomayor Amezcua.

Los reportes por alto volumen están categorizados en el nivel de prioridad tres, después del riesgo a la propiedad y de la vida o integridad física de una persona.

De esa manera la corporación despacha automáticamente las patrullas disponibles a los asuntos más importantes.

Si una patrulla es enviada a una colonia para resolver la molestia entre vecinos, los agentes solo pueden advertir de la sanción y pedir que por favor bajen el volumen de su música, detalla. Al ser una propiedad privada, los policías no pueden entrar sin autorización.

“En Estados Unidos, si llegan a una casa y les dicen que bajen el volumen, y no lo bajan, la constitución y las leyes secundarias protegen al policía. Ellos nada más requieren que un supervisor autorice, y entran a la casa y detienen a la persona. Aquí evidentemente no lo podemos hacer”, compara.

El reglamento contra el ruido, con 50 años sin alguna modificación, es el más atrasado en cuanto a la realidad que vive Tijuana, aunque el bando de policía tampoco es el más atinado.

De acuerdo con esas dos normatividades, las personas que planeen una fiesta que pasará de la medianoche o quieran llevar serenata en hora inhábiles, requieren de una licencia del presidente municipal en turno.

En otros casos, como el de la feria de la ciudad o las rocolas en centros de diversión, los niveles permitidos quedan a completa interpretación.

En ciudades grandes, hacer publicidad con carros estridentes es habitual pero no por ello saludable. FOTO: NEWSWEEK EN ESPAÑOL BAJA CALIFORNIA.

El sonido de un claxon supera los 85 decibeles. Es el nivel más alto de exposición recomendado por la OMS para una jornada laboral de ocho horas. FOTO: NEWSWEEK EN ESPAÑOL BAJA CALIFORNIA

En el caso del aeropuerto los trabajadores usan protecciones en los oídos porque el ruido en la pista supera los 120 decibeles. 85 decibeles es el nivel más alto recomendado por la OMS.
“Todos los aparatos mecánicos de sonido, musicales y accionados por monedas, funcionarán a un volumen tal que no trasciendan notablemente fuera del establecimiento”, consigna el artículo 6 fracción C del reglamento contra el ruido.

En Baja California, la ley sobre el régimen de propiedad en condominio de inmuebles prohíbe en su artículo 20 fracción VIII “generar ruidos y alteraciones a la paz”.

Además de las sanciones contempladas en los reglamentos municipales, indica la legislación, el responsable responderá por los daños y perjuicios que resulten.

El Secretario de Seguridad en Tijuana afirma que ya están buscando la manera de verdaderamente castigar en el bolsillo a los ruidosos.

Una propuesta es habilitar operativos especiales con inspectores para ir a los domicilios reincidentes, y ligar la multa al pago del impuesto predial.

“Que si no paga, se haga un procedimiento administrativo de ejecución, donde incluso se pueden embargar bienes”, anota.

Sotomayor Amezcua, que antes de ser secretario de seguridad en Tijuana fue subsecretario del ramo en Baja California, subraya que el problema del alto volumen está en los cinco municipios, con Mexicali a la cabeza.

Para atender el problema la OMS sugiere a los gobiernos promulgar y aplicar leyes rigurosas, y a los ciudadanos protegerse con tapones.

Hasta el momento ni las leyes son suficientes, ni los ciudadanos practican las medidas de prevención, mientras el ruido sigue invadiendo espacios.