EN MÉXICO la discusión sobre los salarios mínimos se mantendrá vigente en tanto sigan atados a temas de carácter político-electoral y prevalezca la presión de algunos sectores de EE. UU. porque se revisen al alza. Como en pocos países del mundo el salario mínimo mexicano se ha visto rehén de la política, pues ha olvidado la lógica económica que debe imperar en su establecimiento, sustentada en la productividad. En efecto, hay sectores que, al margen de buscar un efecto positivo entre salario y nivel de vida de las personas, buscan que el tema del salario mínimo se sitúe en la discusión política. En este caso, varios de los gremios empresariales como la Coparmex han buscado que este salario se incremente, presionando mediáticamente a las autoridades para ello. Sin embargo, nada impide que sus agremiados lo aumenten sin necesidad de hacerlo de manera coordinada con el resto de las agrupaciones de empresarios o con la aprobación del gobierno. Por su parte, las autoridades económicas de la Ciudad de México han venido desplegando una importante campaña de información alrededor del tema, no en búsqueda de su evolución positiva, sino como propuesta para conservar el poder dentro de la capital del país. Y, en los últimos días, han comenzado a surgir presiones del Partido Demócrata de EE. UU. para que dentro de la renegociación del TLCAN se establezca que México revise el tema. En virtud de que este tratado no es en materia laboral, lo anterior se presume mero trámite de presión política, pues la discusión sobre el establecimiento de mínimos para los salarios es enteramente potestad de los países en lo individual. La presión de sectores estadounidenses por negociaciones más firmes en materia laboral dentro de este tratado y las presiones políticas y gremiales dentro del país persistirán sin que ello vaya a significar un aumento del salario real en beneficio de los trabajadores.
Bajo esta lógica, por ejemplo, regresó a la mesa de los empresarios el tema de elevar el salario mínimo en un 15 por ciento. El aumento implicaría un alza de 12.68 pesos —68 centavos de dólar—. Para el año que corre se ha estipulado en 80.04 pesos al día —4.30 dólares al día—. En EE. UU. el salario mínimo fijado por el gobierno federal es de 7.25 dólares por hora —58 dólares por un día laboral de 8 horas—, mientras que a nivel local cada estado puede fijar uno propio, siendo California el más alto con 10.50 dólares por hora —84 dólares diarios como mínimo—. Buscar que los empleos estén mejor pagados, aunque sea en el papel, representa uno de los objetivos actuales ante la coyuntura de renegociación del TLCAN. Como se observa, a pesar de que el salario mínimo sea una referencia, su potencial incremento es marginal. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, los niveles de ingresos económicos de los trabajos creados en el país resultaron bajos. La presión internacional vuelve en el sentido de pedir que en México se detenga la caída crónica de los salarios. Aunque en lo que va del año se han creado 431,201 empleos formales, la cifra es insuficiente para la necesidad de crear 100,000 al año. Con base en las cifras de ¿Cómo vamos, México? el promedio mensual de empleos en el país es de 86,240 en lo que se refiere a este año y hasta el mes de mayo. A estas cifras debe añadirse la mención de que estos empleos, si bien importantes en su número, aún no son suficientemente bien pagados como para elevar el estándar laboral.
La información que presenta el INEGI revela que casi la mitad de la población ocupada en el país solo gana hasta dos salarios mínimos, es decir, 4,802 pesos al mes, en el mejor de los casos. La homologación de los salarios mínimos es apenas una muestra de que se avanza en la búsqueda de mejores condiciones económicas para los trabajadores. No obstante, lo que no se resuelve es el control ejercido por sindicatos y centrales obreras encargadas de someter las exigencias de dichos trabajadores a intereses políticos. El añejo y, por tanto, rancio corporativismo sigue latente en nuestros días, y con ese lastre se pretende hacer frente a equiparar nuestro sector laboral con el de EE. UU. Incluso con la homologación salarial, las condiciones actuales del salario mínimo son consecuencia del arreglo y la colusión entre sindicatos corporativos y organizaciones patronales, con la complacencia del gobierno. En la definición primigenia, los salarios representan un componente fundamental de las condiciones de trabajo y empleo en las empresas. Dado que se trata de un costo para los empleadores y de la principal fuente de ingresos de los trabajadores, los salarios pueden ser objeto de conflictos, y se han convertido en uno de los principales temas de las negociaciones colectivas en el mundo.
Y es que uno de los argumentos para ajustar el salario consiste en que el poder adquisitivo de la clase trabajadora está muy deteriorado; no está claro el grado del daño, pero los aumentos registrados en los últimos años, especialmente en los energéticos y en productos de la canasta básica, señalan bajo poder adquisitivo del mismo. La inflación, aunque con una previsible tendencia a la baja, se muestra en niveles históricamente altos. El incremento de los salarios no impide el crecimiento económico ni contribuye al aumento de la inflación, ya que esto es provocado por especulación, el comercio informal y competencia desleal mediante la escalada de precios en los combustibles, por ejemplo, a pesar de que la tendencia mundial es su abaratamiento. Ahora que el tipo de cambio ha venido fortaleciendo al peso mexicano en relación con el dólar norteamericano y que el precio de los hidrocarburos ha venido ubicándose a la baja, se espera que el efecto sobre el combate a la inflación sea positivo, motivándola a bajar. Este efecto puede beneficiar al salario en el país sin que se haya atendido el fondo de su capacidad de compra. El poder adquisitivo o capacidad de compra de nuestros salarios debería obedecer más al incremento de la productividad de los trabajadores y con ello de las empresas y no solo a coyunturas internacionales como la baja de precio en los hidrocarburos o el fortalecimiento de la moneda.
Los apremios en relación al incremento de los salarios en México se mantendrán mientras están próximas tanto la renegociación del TLCAN como las elecciones presidenciales mexicanas y las legislativas en EE. UU. La motivación pues será política y no resultado del desempeño económico. Al final del día, la realidad se impondrá en el hecho de que, por más esfuerzos que se hagan para revertir en lo político y en el papel los salarios en México, estos seguirán contrastando con los de nuestro principal socio comercial. El sector automotriz es emblemático, pues mientras aquí se pagan 2 dólares por hora, en aquel país se pagan 28 dólares. Y vienen los países asiáticos, en especial China, todavía con menores niveles de ingreso, a competir abiertamente. De lo que México no puede darse el lujo es de voltear al pasado y adquirir competitividad con base en salarios bajos; ese capítulo ya quedó rebasado.