La transición femenina

Edna Cota era tan hábil para la costura, que consiguió un trabajo cosiendo anillos a la tela de productos médicos fabricados en Tijuana.

Era 2002 y Edna, a sus 21 años, formaba parte de las líneas de producción de Medtronic, una empresa maquiladora donde cerca del 70% de sus operadores son mujeres.

A Medtronic se le conoce internacionalmente por fabricar válvulas y catéteres cardiovasculares que se venden alrededor del mundo.

Y en empresas como esta, las manos femeninas son altamente solicitadas.

Principalmente porque el trabajo de una mujer con el hilo y aguja, es tan delicado y preciso como el de un médico cirujano, opina Rosario Soto, presidenta de la Comisión de Mujeres Industriales (CMI).

Edna recuerda saber qué necesitaban de ella y cómo hacerlo, pero no se conformó con un puesto en el área de ensamblado.

Quince años después, sigue trabajando para la empresa, pero ocupa el cargo de ingeniera en manufactura.

De ganar 150 pesos por jornada laboral como operadora, pasó a 1,200 pesos diarios. En ocho horas gana más de lo que antes cobraba por una semana entera de trabajo.

Ella es una de 15 mujeres exitosas que han logrado transicionar del ensamblaje a las ingenierías en Medtronic, y, dice, no se detendrá aquí.

La travesía por superarse comenzó en 2009. Siendo madre soltera de una niña de seis años, Edna decidió inscribirse a la carrera de ingeniería industrial en la Universidad de Estudios Avanzados (UNEA) para solicitar un puesto más alto y mejor pagado en Medtronic.

Su rutina comenzaba cuando no amanecía, para trabajar de 6:30 de la mañana a 4:30 de la tarde.

Existen dos razones de peso para que se soliciten más ingenieras: el déficit de ingenieros en la región y que la diversidad consigue mejores resultados en las empresas.

Los entrevistados coinciden en que aún queda mucho por hacer. Por ejemplo que culturalmente, las ingenierías se asocian más al género masculino que al femenino. FOTO: NEWSWEEK EN ESPAÑOL BAJA CALIFORNIA
 

Salía cada tarde corriendo para recoger a su hija y dejarla con alguien de confianza, justo antes de continuar su día como estudiante de 6 de la tarde a 11 de la noche.

Lo mismo al día siguiente. Y así, durante tres años y medio.

“Fue una etapa muy difícil. Era complicado en tiempo y económicamente […] no me podía permitir ni el fin de semana porque era el único tiempo que tenía para estudiar. Mis únicos tiempitos libres eran para estar con mi hija”, recuerda Edna.

Ahora lo que quiere es emprender: crear una empresa que le provea a la industria maquiladora.

De acuerdo a Rosario Soto, presidenta de la CMI, que forma parte de la Cámara Nacional de la Industria de Transformación en Tijuana (Canacintra), casos como el de Edna son cada vez más frecuentes.

Aunque no existen datos a nivel estatal sobre cuántas mujeres pasan de las líneas de producción a puestos de ingeniería, reconoce que la mujer va ganando terreno en este sector, porque cada vez hay más interesadas en estudiar estas carreras.

El siguiente paso, dice Soto, es ayudarlas a que inicien sus propios negocios.

Aunque queda mucho por hacer. Según entrevistados para este reportaje, las ingenierías siguen siendo valoradas en varios círculos como carreras para hombres, y a muchas mujeres las presionan para no lograr su desarrollo.

Pero las mujeres de este reportaje retan el estándar.

Y lograrlo es parte de los objetivos que persigue la comisión que preside: empoderar a la mujer del sector industrial a través de talleres, cursos y asesorías que les sirva de orientación para convertirse en sus propias jefas.

De momento, la CMI registra que solo 140 mujeres ocupan cargos a nivel gerencial en las 700 empresas que están afiliadas a la cámara. En el estado hay 916 maquiladoras, según datos de la misma Canacintra.

Para Soto, si hay más ingenieras egresando de las escuelas, lo natural es que también ocupen más espacios de liderazgo en el sector.

De ahí su interés en que se creara esta comisión.

Y así como Soto intenta convertir a las ingenieras en empresarias, el hecho de encontrar cada vez más mujeres inscritas a estas carreras ha sido también resultado de esfuerzos premeditados por parte de la industria.

Según datos del SEE, de 116 mil 900 jóvenes que hoy cursan sus estudios superiores en la entidad, menos de 6 mil estudian una ingeniería. FOTO: NEWSWEEK EN ESPAÑOL BAJA CALIFORNIA

Existen al menos dos razones de peso para que empresas y escuelas soliciten más ingenieras. La primera es que existe un déficit de ingenieros en la región. De acuerdo a Canacintra se necesitan unos 40 mil ingenieros para satisfacer la demanda en Baja California, que solicita principalmente egresados de las carreras en electrónica, mecánica, mecatrónica e ingeniería industrial.

Fabián Bautista Saucedo, Director de la Escuela de Ingeniería en Cetys Universidad, Campus Tijuana, dice que la necesidad es tan alta que ni siquiera con robots o automatización, podría cubrirse.

El futuro cercano tampoco es esperanzador, pero esa brecha quiere ser disminuida por la fuerza laboral femenina.

Para el reportaje “Revolución en automático”, de la edición número 16 de Newsweek en Español Baja California, empresarios del sector industrial advirtieron que el futuro apunta a la automatización.

Empresas asentadas en el estado, como Pemco, han optado por invertir en tecnología que mejore y agilice su producción.

Pero otras, como Medtronic, prefieren invertir en la educación de mujeres aliándose a universidades.

Y es que del estado no están egresando suficientes ingenieros.

Según datos del Sistema Educativo Estatal, de 116 mil 900 jóvenes que actualmente cursan sus estudios superiores en la entidad, menos de 6 mil estudian una ingeniería.

Por eso, Nataly Medina Rodríguez, quien coordina la carrera de Ingeniería en Cibernética Electrónica en Cetys Universidad, considera que las mujeres podrían ayudar a solucionar esta carencia, y las invita a sumarse.

Medina forma parte de un programa que lleva por nombre WE Do & Care, un juego de palabras compuesto por “Women Engineers” (mujeres ingenieras), que además significa “Hacemos y nos importa”, cuyo fin es promover carreras como la ingeniería en electrónica, mecánica y software entre niñas y mujeres jóvenes.

Su proyecto tiene apenas un año pero ya comenzó a dar resultados. Dos chicas que asistieron a su taller en 2016 ya son estudiantes.

La segunda razón por la que buscan que más mujeres ingresen a las ingenierías, es porque la diversidad consigue mejores resultados para las empresas.

Luis Manuel Hernández, presidente de la Asociación de la Industria Maquiladora y de Exportación (Index), dice que al contratar mujeres, las empresas consiguen una perspectiva diferente de las cosas.

Canacintra dice que se necesitan 40 mil ingenieros para satisfacer la demanda de la industria en Baja California. Las mujeres podrían ocupar esos espacios y reducir la brecha.

Menciona que las mujeres son diestras para analizar y trabajar con un nivel de detalle, que en ocasiones los hombres no desarrollan.

Además, hay números favorables para el negocio.

Ana Paola Hernández, analista de beneficios y compensaciones en Medtronic Tijuana, dice que una empresa con equidad de género es más rentable.

“La diversidad de pensamiento trae mejores resultados. Financieramente han sacado métricas que favorecen”, dice Hernández, quien también dirige un programa de fomento a la mujer, llamado Women’s Network (Red de mujeres), con el cual, Medtronic busca inspirar y desarrollar a sus trabajadoras para que se desarrollen como lo hizo Edna, la joven que pasó de ensamblar a dirigir como ingeniera.

Hernández dice que el retorno de inversión en empresas donde hay mujeres que lideran, tiende a incrementar hasta en un 15%.

Por eso, en Medtronic Tijuana se han fijado como meta aumentar el número de mujeres líderes en su empresa. Para 2020 esperan pasar del 25% al 40%.

En Canacintra, la cámara que concentra a directivos de las 700 empresas, también están cambiando las cifras.

La Comisión de Mujeres Industriales identifica que la mujer está cada vez mejor representada.

Desde que se creó la comisión, en noviembre de 2016, el registro de mujeres en Canacintra aumentó del 10 al 30%, que los sitúa incluso por encima de la media nacional, que es apenas del 16%.

En promedio, cada mes se afilian 10 mujeres más a Canacintra.

Su meta es lograr un porcentaje tan cercano al 50/50 como sea posible.

Ana Paola Hernández, de Medtronic y Jazmín Rojas, quien labora como gerente de capacitación y desarrollo en la misma empresa, creen que es cuestión de tiempo para que esta equidad se logre en el sector.

Los números hablan por sí mismos. Hoy es más común, que 5 o 10 años atrás, ver a mujeres solicitando estudiar ingenierías.

La cantidad de mujeres inscritas en el Instituto Tecnológico de Tijuana (ITT) ya es casi el doble a comparación de seis años atrás.

En agosto de 2011, entre los mil 15 estudiantes que ingresaron, solo 330 fueron mujeres. Pero en agosto de 2016, de mil 655 estudiantes, 615 fueron mujeres.

 

Marilú Ramírez, de 27 años, se interesó en esta carrera cuando estudiaba la preparatoria, gracias a una feria de ciencias en la que desarrolló un proyecto de física. FOTO: NEWSWEEK EN ESPAÑOL BAJA CALIFORNIA

 

 

Doroteo Luna, encargado de Servicios Escolares en el ITT, dice que las carreras donde han visto mayor crecimiento son electrónica, electromecánica, civil e industrial.

Distingue, que sobre todo ha visto un aumento en el número de mujeres trabajadoras, como Edna, que solicitan la carrera de ingeniería industrial en modalidad semipresencial, lo cual les permite trabajar y estudiar a la vez.

De este modo, las estudiantes asisten únicamente los días sábados y cursan sus materias en línea. “Ha tenido bastante demanda, principalmente en el área de mujeres trabajadoras”, dice Doroteo.

Aun así, el papel de la mujer como ingeniera no ha permeado a nivel cultural.

Edna, por ejemplo, reconoce que popularmente, las ingenierías se asocian más al género masculino que al femenino.

En las líneas de producción, sucede lo contrario. Las mujeres han sido mayormente vinculadas con el área de ensamblaje.

Ana Paola Hernández, analista de Medtronic, dice que una empresa con equidad de género es más productiva, y que el retorno de inversión tiende a incrementar hasta en un 15%.

Y Ciudad Juárez, en Chihuahua, es el ejemplo más claro.

Desde 1994, cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), empresas extranjeras mudaron sus fábricas a lo largo de la frontera con México, para aprovechar la mano de obra barata.

Y muchas mujeres, generalmente con poca preparación académica, emigraron a la ciudad, de zonas rurales, atraídas por la posibilidad de conseguir empleo.

Pero el TLCAN trajo consigo también violencia, creando una historia de terror bautizada como “las muertas de Juárez”, que dio la vuelta al mundo y que las autoridades aún no resuelven: feminicidios, muchos de ellos en contra de empleadas de maquiladoras.

En este lado de la frontera noroeste la historia se ha pintado distinta, y las mujeres trabajadoras buscan superarse y escapar de la vulnerabilidad a la que históricamente se han enfrentado las empleadas del sector maquilador al norte de México.

La Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en 2016 ofreció 8 mil 654 asesorías a mujeres trabajadoras en el estado. Y en lo que va del 2017, han atendido otros 3 mil 578, donde el motivo principal es el despido y para conocer si recibieron un finiquito justo.

Aunque el camino es pedregoso, algunas mujeres persisten.

Y para Nataly Medina, se debe comenzar por enfrentar a los estereotipos y prejuicios que acompañan a las ingenierías.

Dice que la razón principal por la que muchas mujeres no se acercan a estas carreras, es porque su propia familia les hacen creer que no podrán.

A Nataly sus padres trataron de persuadirla para que estudiara otras carreras. Querían, por ejemplo, que fuera normalista. Pero ella no aceptó.

Algo similar le ocurrió a Marilú Ramírez, una tijuanense de 27 años de edad, que estudió ingeniería en electrónica en el ITT.

Marilú se interesó en esta carrera cuando estudiaba la preparatoria, gracias a una feria de ciencias en la que desarrolló un proyecto de física.

Un amigo suyo que había estudiado electrónica le apoyó para diseñar y construir un carro. El resultado fue que quedó enganchada.

La posibilidad de crear cosas la flechó más de lo que pudieron las matemáticas o la teoría sin uso práctico. Y sin más antecedentes en electrónica, que lo aprendido para el concurso, aplicó a la universidad.

Pero la gente a su alrededor no tardó en opinar. Estás caminando en tierra de hombres, le decían.

Por eso, aunque la mujer está más presente que antes en ciertos espacios masculinizados como la ingeniería, aún no podemos decir que estos cambios han penetrado a nivel estructural, dice Lya Niño, especialista en temas de género, miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Niño, docente en UABC campus Mexicali, dice que es necesario cambiar el constructo social de la mujer.

Las construcciones sociales son un conjunto de creencias subjetivas que se comparten en una cultura o sociedad y que determinan cómo deben comportarse los miembros de ese grupo. Son ideaciones tan aceptadas o normalizadas que en ocasiones no se cuestionan. Y porque se refieren a comportamientos y no a conductas, es posible cambiarlas.

Algo que debe cambiar, según Niño, es la idea de que el trabajo doméstico es tarea exclusiva de la mujer, pues provoca que trabajen más que el hombre.

Domingo Ramos, Presidente del Colegio Estatal de Economistas de Baja California, dice que por cada 8 horas de trabajo de un hombre, la mujer trabaja 10. Ellas dedican el 65% de su tiempo al quehacer doméstico. Además no se les reconoce.

Si se hiciera, esas horas equivaldrían al 18% del PIB de México.

“Hay una estimación económica del trabajo no remunerado de las mujeres que asciende a 3.1 billones a pesos corrientes en 2014. Eso es lo que genera la mujer si lo midiéramos en pesos”, dice Ramos.

En las ingenierías, especialmente, ser mujer significa que debes estar lista para competir en áreas dominadas por hombres.

Existe por ejemplo, la brecha salarial.

Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), una mujer en México percibe en promedio 16.7% menos de lo que gana un hombre que desempeña su mismo cargo.

Contra la inequidad de género, Niño promueve distintas medidas para que, desde la Universidad, comience a visibilizarse la mujer.

Por ejemplo, en el lema de la institución.

Propone que se cambie “Por la realización plena del hombre” a “Por la realización plena del ser humano” u otra opción neutra.

Opina que son cambios simbólicos que impactan en lo tangible.

Medina dice que es necesario sensibilizar a la sociedad y reeducarla, comenzando por los padres de familia, quienes imponen los roles de género.

Edna Cota, la ingeniera que comenzó cosiendo anillos en Medtronic, dice que una de las cosas que más la enorgullece es haberse convertido en un modelo a seguir para otras colegas.

Ahora ven reflejado en ellas la posibilidad de también crecer.

Y la industria las pide, según Rosario Soto, porque además son muy innovadoras.

Observa que una ventaja de integrarlas a la plantilla de profesionistas, es que a diferencia de los hombres, no piensan linealmente, y son más creativas al ofrecer soluciones.

Nataly Medina coincide en que formar equipos mixtos de trabajo es mejor.

“Las mujeres tenemos ciertas habilidades y los hombres tienen otras, que si se unieran, podrían complementarse. Lo que uno no ve, el otro sí”, dice Medina.

Según el Foro Económico Mundial, en su reporte de 2016, dar uso a las capacidades de la mujer permite que se aproveche el potencial del capital humano de una nación.

A nivel global, los beneficios de apostar a la equidad de género en el trabajo también son palpables.

Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) invertir en las mujeres es promover un desarrollo económico, de mayor competitividad, creación de empleos y de producto interno bruto”.

La misma organización afirma que si la brecha de género lograra reducirse a la mitad en cuanto a la participación de la mujer en la fuerza laboral, los países que integran la OCDE podrían ganar un 6% adicional en el PIB para 2030, o un 12% en total “si la convergencia se diera completa”.

Para países como Japón, lograr tal paridad significaría obtener 526 mil millones de dólares adicionales. Para Estados Unidos, un billón 201 mil millones de dólares, según el Foro Económico Mundial.

 

En este lado de la frontera las mujeres trabajadoras buscan escapar de la vulnerabilidad a la que históricamente se han enfrentado las empleadas del sector maquilador al norte de México. FOTO: NEWSWEEK EN ESPAÑOL BAJA CALIFORNIA

 

 

En Baja California, conforme crezca el número de mujeres emprendedoras, crecerá también la oportunidad de empleos para la región.

De momento, la CMI tiene un registro de 58 mujeres emprendedoras en el sector industrial de Tijuana. Y veintinueve tienen negocios de proveeduría para el sector maquilador.

Esto es lo que Edna quiere hacer más adelante. Le motiva escuchar que sus compañeras de trabajo quieren seguir sus pasos.

“Me hacen sentir contenta conmigo misma porque me dicen que fui para ellas una muestra de que las cosas se pueden lograr, que de ahí partieron para decir ‘si ella, que tiene una hija pudo, yo que no lo tengo también lo puedo hacer’”, dice Cota.

Ahora que su objetivo es emprender, solicitó ingresar a un grupo de mujeres emprendedoras en la misma empresa donde labora.

Su anhelo es convertirse en proveedora para la industria, pero también ayudar con su historia para que otras mujeres encuentren el impulso que a veces necesitan para triunfar.