Bye, bye, talento

La creación de empresas exitosas a partir de ideas de negocio innovadoras, sin duda es un reto mayúsculo. Quienes pelean por llegar a esta cima se distinguen por su tenacidad, su carácter y el enfoque en los resultados.

Sin embargo, los valores subyacentes a las startups más exitosas, en algunos casos parecen salidos de un universo hobbesiano en donde la competencia desenfrenada, egoísta y sin límites entre sus trabajadores, se privilegia bajo el argumento de que “el fin justifica los medios”.

Son ya famosas las jornadas de trabajo de 100 horas por semana, —el doble de lo habitual— de Elon Musk, el fundador de Tesla, o el trato de Steve Jobs a su equipo de trabajo. Si bien la productividad parece ser el criterio para ascender en la cultura corporativa de las empresas tecnológicas, existen factores adicionales que contribuyen un ambiente de trabajo desfavorable.

A través de la historia, este entorno altamente competitivo ha sido ocupado por los hombres. Datos de Deloitte de 2016, nos muestran que las mujeres empleadas en la industria de la tecnologías de la información de países en desarrollo, representan apenas el 25%.

¿Cuáles son los factores que inciden en la poca participación de las mujeres en estos sectores?

Algunos de los elementos que influyen de manera más evidente en este fenómeno son la baja matrícula escolar de alrededor del 20% de participación femenina en carreras relacionadas con la tecnología, el sesgo en el reclutamiento y las contrataciones con una fuerza laboral femenina de apenas el 30% en las empresas tecnológicas, además de los sueldos con una diferencia de hasta 20% en relación a los sueldos de hombres, y la mayor rotación.

Hace un par meses leíamos en el blog de Susan J. Fowler, sus motivos para abandonar un aparente trabajo ideal comosite reliability engineer en Uber, una de las firmas tecnológicas más exitosas en la actualidad.

La historia inicia con acoso sexual de parte de su jefe, quien desde el entrenamiento, envió a Fowler mensajes inapropiados. Pero ese no es el mayor cuestionamiento que surge de esa experiencia, sino la capacidad de la empresa para manejar la situación. A pesar de tener todas las evidencias y un historial extenso de quejas previas, Uber justificó los buenos resultados del gerente.

La anécdota involucra a una compañía de clase mundial, con departamentos profesionales dedicados a gestionar recursos humanos. Por lo tanto, se puede deducir que si la cultura corporativa no hace explícita la necesidad de la equidad de género y toma acciones para crear una ambiente adecuado, difícilmente se van a lograr balancear los números de participación de mujeres en las industrias tecnológicas.

Los estudios científicos una y otra vez han demostrado que las capacidades son por lo menos similares entre ambos géneros, por lo que existe un área de oportunidad para implementar políticas de impulso a la mayor participación de las mujeres en las industrias de alto valor agregado.

Quienes tengan la capacidad de iniciar hoy acciones que necesariamente deben ser de mediano y largo plazo, tendrán una mejor perspectiva de futuro. El escenario actual que no permite integrar todo el talento, capacidades, y entusiasmo de las mujeres, nos priva de estos elementos fundamentales que nos pueden dar una ventaja como región, frente a un escenario cada día más competitivo.

*Profesor-Investigador en la Escuela de Administración y Negocios en CETYS Universidad y consultor en temas de Emprendimiento e Innovación Tecnológica.