MIENTRAS LA UNAM era víctima de la huelga de 1999, Rafael Cabrera, quien entonces transitaba de la educación preparatoria a la universitaria en dicha institución, aprovechaba el tiempo trabajando como encuestador del Censo General de Población y Vivienda. Con su salario adquirió el primer libro que leyó de Elena Garro, la polémica escritora poblana de cuya historia no volvería a despegarse.
“Compré un libro usado porque en esa época los libros de Elena no circulaban. Era una época en que eran fotocopias o viejos, pero no había ediciones nuevas”, cuenta Cabrera en diálogo con Newsweek en Español. “A partir de ahí empecé a interesarme más, comencé a leer tanto su obra como artículos sobre ella, y me di cuenta de que había mucha desinformación y confusión en torno suyo”.
El interés del hoy periodista por Elena Garro llegó a tal grado que se plasmó, primero, en su tesis de licenciatura y, posteriormente, en un libro de reciente publicación, Debo olvidar que existí: retrato inédito de Elena Garro.
Puesto en el mercado por la editorial Debate, el libro es una indagación sobre Garro y su camino siempre azaroso, perpetuamente sin rumbo fijo: “Había ciertos lugares comunes: la mujer loca, la esposa de Paz resentida, la paranoica, la traidora del 68. Pero nada me aclaraba en realidad qué había pasado con ella”.
Una fuente sobremanera importante para Cabrera fue la Universidad de Princeton, la cual acoge gran parte del archivo de Elena Garro. La visitó en 2016, y ahí conoció a Gabriela Mora, una académica chilena que resultó fundamental en el armado del rompecabezas que significa la vida de la escritora poblana cuyo centenario de natalicio se conmemoró el año pasado.
“Fui a Princeton a revisar el archivo de Elena porque era la parte que me faltaba. En ese viaje contacté a Gabriela Mora, quien conoció a Elena y la trató en los años 70, cuando Elena estaba en su autoexilio en Manhattan. Antes de partir a España, Elena le dejó muchas cosas encargadas a Gabriela Mora porque no se podía llevar todo, estaba corta de dinero, y le dejó documentos y fotografías. Esas fotos Gabriela Mora las mantuvo guardadas durante mucho tiempo, y a raíz de la visita que le hice me las dio”.

FOTOGRAFÍA: ANTONIO CRUZ/NW NOTICIAS
En las fotos, inéditas hasta ahora, puede verse a una Garro en la intimidad. Son imágenes, por ejemplo, de sus viajes por el mundo y posando en biquini. “La hija de Elena cuenta que en algún momento Christian Dior la quiso contratar de modelo para su ropa en los años 40. Por diferencias en la familia no se pudo hacer, pero Elena era el prototipo de Christian Dior para las modelos: rubia, delgada, muy guapa”.
El autor de Debo olvidar que existí, Rafael Cabrera, es un periodista egresado de la UNAM y el CIDE con amplia experiencia en la investigación reporteril. Su libro anterior, La Casa Blanca de Peña Nieto, del cual fue coautor, obtuvo gran cantidad de reconocimientos y premios tanto nacionales como internacionales. Previo a la publicación del libro sobre Elena Garro, había publicado amplios reportajes sobre la escritora en medios como Reforma, Eme Equis y Animal Político.
—Rafael, según tus observaciones ¿en qué consiste el retrato inédito de Elena Garro?
—Existe la idea de una Elena Garro traidora del 68, pero es una apreciación muy negativa, muy oscura. Es parte de una narrativa no sé si oficial, pero es algo con lo que hemos crecido, de lo que hemos leído mucho, la delatora de los intelectuales del movimiento. Entonces en este libro hay una explicación, un contexto, sobre qué pasó, lo más cercano que pude, con fuentes primarias: los apuntes de Elena, análisis de los medios en ese momento, cómo trataron los medios a Elena, documentos del Archivo General de la Nación… No todo es blanco y negro, hay muchos matices en ese tramo, y esa imagen de traidora y mujer problemática queda explicada, por así decirlo. El libro no es una defensa ni una condena, más bien trata de explicar qué pasó, pues el 68 es mucho de héroes y villanos y, sin embargo, la vida no es así, hay muchos matices y todos en algún momento somos héroes y villanos y tenemos muchas facetas.

FOTOGRAFÍA: ANTONIO CRUZ/NW NOTICIAS
—Además es importante resaltar que no fue solo una intelectual fuertemente contrariada por el 68, sino una escritora muy importante.
—Sí. A Elena se le ha definido por el 68 y por su relación con [Octavio] Paz, son los clichés que hay sobre ella. Pero es más que eso. Es una escritora monumental en las letras no solo mexicanas, sino en el idioma español. Precisamente en el libro, aunque aborda mucho el periodo 68-72, que es la línea narrativa, hay ciertos flashbacks para explicar quién era, el proceso creativo de Los recuerdos del porvenir y todos los obstáculos para publicar su gran libro.
—¿En qué radica la importancia de Elena Garro literariamente?
—Tiene muchísima. Emmanuel Carballo y otros la han colocado como la primera o segunda escritora mexicana más importante del siglo XX. Estamos ante la precursora del realismo mágico que por ciertas razones personales y editoriales se tardó diez años en publicar su obra [Los recuerdos…]. También fue una escritora que hizo una crítica de la Revolución Mexicana en una época en que esta era el milagro mexicano, de algún modo desmonta los mitos de la Revolución. Estamos hablando de una autora que transformó el cuento, que tiene una gran pieza como La culpa es de los tlaxcaltecas. El teatro mexicano también lo renovó con estas piezas oníricas y realistas y, sobre todo, fue una autora disidente: en sus textos se cruza la visión de los vencidos y la de la gente que resiente el progreso. Entonces estamos frente a una autora sumamente importante, una autora que fue publicada por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares en su Antología de literatura fantástica, la única mexicana que está ahí. Su obra es un monumento.

—¿Cuál es tu aporte a la gran oferta literaria sobre Garro?
—Casi no hay opiniones de intelectuales, es una investigación muy bien documentada. Elena es como un rompecabezas que está esparcido por todos lados, es muy complicado hallar las piezas. Ella está en Princeton, en el Archivo General de la Nación, en la cancillería, en la hemeroteca, en las calles de España pidiendo limosna y, además, dejó muchas pistas en sus libros. Una labor complicada fue desmenuzar su obra literaria y ver qué era ficción y qué dato era real: si dejó un apunte de que estuvo en tal sitio, fui a ese sitio y busqué a la gente. Sobre Elena hay muchos prejuicios: que fue mentirosa, mitómana, que estaba loca, pero los testimonios de la gente nos dicen lo contrario. Entonces, la historia que mucha gente creía que era mentira y fantasiosa se convierte en la historia increíble de una escritora como ningún escritor mexicano la ha tenido: una vida muy salvaje y muy arriesgada.

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