Cincuenta años del Sgt. Pepper

El verano del amor comenzó el jueves 1 de junio de 1967, un día que ahora está más cercano a la Primera Guerra Mundial que a nuestra época. Mientras en Londres hacía un calor sofocante, dos LP llegaron a las tiendas de discos, uno de cada uno de los dos actos ahora calificados como los más grandes en la historia de la música pop británica.

El primero fue el álbum debut de David Bowie, que fue un rotundo fracaso: “No sabía”, dijo después Bowie, “si quería ser Max Miller o Elvis Presley”. (Miller era un comediante británico de vaudeville de la década de 1930, conocido como el Tío Atrevido.) Si hubieras preguntado por el disco de Bowie ese día de 1967, la dependienta de la tienda quizá se habría rascado la cabeza. Y habrías tenido que luchar para abrirte paso entre la muchedumbre que trataba de comprar el otro lanzamiento. Bowie, después lavado por su sentido de la teatralidad, había escogido un momento terrible para hacer una entrada.

Ese otro álbum era Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de The Beatles, el cual había generado expectativas febriles y estuvo a la altura de todas ellas. Por 50 años, ha sido más que un disco. Es el punto máximo del movimiento hippie y un hito en la historia de la música. Fue el primer disco de rock en recibir el álbum del año en los Grammy, un bastión que desde hacía mucho pertenecía a las fuerzas de la música ligera. Su ingeniero, Geoff Emerick —el sexto Beatle— también ganó un Grammy. Su productor, George Martin —el quinto— terminó siendo caballero, al igual que su fuerza impulsora, Paul McCartney. (No está claro qué tiene que hacer el baterista y otro miembro sobreviviente de la banda para convertirse en Sir Ringo.)

Sgt. Pepper merece superlativos. Es el álbum de estudio más vendido de la banda de mayores ventas de todas, con ventas calculadas en 32 millones. En Gran Bretaña es el álbum de estudio más vendido de todos (detrás de solo dos recopilaciones, Greatest Hits de Queen y Abba Gold) y ha sido disco de platino 17 veces, que es ocho veces más que los otros álbumes de estudio de los Beatles han obtenido entre todos. La última vez que volvió a entrar en la lista británica fue tan recientemente como el 7 de abril, en el No. 62. Es el último álbum que queda, y el de más ventas globales, de la era más grandiosa del pop, el momento de púrpura oscuro cuando Bob Dylan y Smokey Robinson, los Beach Boys y los Rolling Stones, Otis Redding y Aretha Franklin, Simon and Garfunkel y los Velvet Underground hacían discos que eran tanto inmediatos como indestructibles.

Así como mejores, Pepper también coleccionó primeros: el primero en ser llamado álbum conceptual, el primer LP grabado en ocho pistas, la primera portada en incluir las letras. Compite con The Velvet Underground & Nico, lanzado tres meses antes, por el título del álbum más influyente hecho por alguien. En 2012, la revista Rolling Stone, también nacida en 1967, lo declaró el ganador: “Sgt. Pepper… es el álbum de rock & roll más importante que se haya hecho, una aventura no superada en concepto, sonido, composición, arte de portada y tecnología de estudio del más grandioso grupo de rock & roll de todos los tiempos”.

George Harrison una vez le rindió tributo a una banda que él amaba diciendo: “Sin Shadows, no Beatles”. Cuando Sgt. Pepper estuvo completo, una de las primeras personas invitadas a los Estudios Abbey Road para oírlo fue Pete Townshend de The Who, quien pasó a escribir la primera ópera rock del mundo. Sin Pepper, no Tommy. Entre los visitantes durante la grabación estaban unos de los jóvenes aspirantes más serios quienes se hacían llamar Pink Floyd. Sin Pepper, no Dark Side of the Moon. Cuando Bowie finalmente dio la talla en 1972, lo hizo mediante meterse en un álter ego, como los Beatles lo hicieron en 1967. Sin Pepper, no Ziggy Stardust. Cuando Freddie Mercury era un estudiante de arte en Londres en 1968 y 1969, su amigo Chris Smith dijo que solían “escribir pedacitos de canciones que pegábamos juntos, como ‘A Day in the Life’.” Sin Pepper, no “Bohemian Rhapsody”.

El cincuenta aniversario se desarrollará como si el sargento fuera un monarca. Liverpool, donde crecieron todos los Beatles, está montando un festival de artes, Sgt. Pepper at 50, presentando 13 obras nuevas (una por cada canción) en varias formas artísticas, desde nombres tan grandes como el coreógrafo estadounidense Mark Morris y Jeremy Deller, ganador del Premio Turner. En los cines, habrá un largometraje documental, It Was Fifty Years Ago Today, el cual, al contrario de Eight Days a Week del año pasado, no es oficial, por lo que podría ser Hamlet sin los soliloquios. En el Royal Albert Hall de Londres y en gira, los Bootleg Beatles, la banda tributo de los Beatles más conocida del mundo, tocará Sgt. Pepper completo, apoyados por la Orquesta Filarmónica de Liverpool. Tal vez sean Bootlegs (copias), pero están acostumbrados a tocar en vivo las canciones de Pepper, algo que los verdaderos Beatles nunca hicieron.

El álbum reaparecerá el 26 de mayo en varias formas. La compañía de los Beatles, Apple Corps, las llama “un juego de paquetes Sgt. Pepper Anniversary Edition generosamente presentados”, dándoles todo el atractivo de un tiempo compartido en Tampa. Un paquete parece consistir por completo de estadísticas. Tiene un total de seis discos, reúne 33 tomas eliminadas, contiene un libro de 144 páginas y tiene un precio recomendado de £140 ($180 dólares). La versión más apetitosa tal vez sea la más sencilla: un Sgt. Pepper de un solo disco, que costará £10 en supermercados británicos (las tiendas de discos han desaparecido en gran medida). Es una mezcla nueva de Sam Okell, un ingeniero joven, y Giles Martin, hijo y sucesor de George como el par de manos contratadas en quien confían los Beatles sobrevivientes.

Emerick, todavía haciendo discos a sus 70 años, ya no es un miembro de la corte, lo cual le permite decir lo que piensa. “Todo esto de las reimpresiones”, dice él, desde su hogar en Laurel Canyon, Los Ángeles, “es solo la compañía disquera, y los Beatles, tratando de sacar dinero de ello. En lo que a mí concierne, simplemente no lo toques; es como la Capilla Sixtina. Bueno, ¿por qué lo harías? Solo puede ser por el dinero”.

UNA PEQUEÑA AYUDA DE NUESTROS AMIGOS: Escenas de la beatlemanía, incluidas Ringo con el ingeniero Geoff Emerick, quien ganó un Grammy por Sgt. Pepper. FOTOS: ALAMY; SHUTTERSTOCK

Para ser justos, quienes toman las decisiones por los Beatles —actualmente Paul McCartney, Ringo Starr y las viudas de sus compañeros de banda, Yoko Ono y Olivia Harrison— a menudo han tomado el camino menos lucrativo. Ha habido una sola recopilación, 1, que tuvo 30 millones de ventas, desde 1973. Se resistieron a las lisonjas de iTunes por una década. Y Sgt. Pepper partió de la idea altruista de que incluir un sencillo existente en un álbum sería injusto para los fans, porque pagarían dos veces por la misma canción, lo cual significaba dejar fuera “Strawberry Fields Forever” y “Penny Lane”, dos de los más grandes éxitos de la banda.

El nuevo Pepper tal vez esté menos motivado por el dinero que por algo más que Emerick menciona: el perfeccionismo de McCartney. “Paul era como el músico del músico”, dice él. “Mientras que John aceptaba el 95 por ciento y decía: ‘Así está bien’, Paul quería el 110 por ciento. Si había un error en alguna parte, él lo oía, y lo hacíamos de nuevo hasta que lo hacíamos bien”.

La primera mezcla estéreo de Pepper fue apresurada, hecha en “tal vez tres días”, dijo Emerick alguna vez, mientras que la mezcla monoaural tomó tres semanas. El argumento a favor de la nueva mezcla es que trata de corregir eso: arreglar toda una serie de diminutas infidelidades. “Es como la arqueología”, dice Giles Martin.

En Abbey Road hoy día, todo gira alrededor de los Beatles. En el paso de cebra, una familia de cuatro turistas posa para la foto inevitable, encabezados por una niña de unos 10 años. En el patio delantero, los Beatles están como una línea de recepción, recortes de tamaño real en sus uniformes de Pepper, un giro elegante a la sesión de portada del artista pop Peter Blake, en la cual todo rostro famoso era un recorte, excepto ellos cuatro.

Dentro, fotos en blanco y negro tapizan las paredes, mostrando a las estrellas que han brillado allí: Amy Whinehouse, Queen, Kate Bush, pero principalmente los Beatles. En la cafetería, están de nuevo en la pared, en sus trajes y corbatas, tomando el té en dos mesas de melamina juntadas: Ringo, George y Paul a lo largo, con John en un extremo y George Martin en el otro. La disposición insinúa: “Leonardo: La última Taza”.

En 1967, el lanzamiento a la prensa fue un buffet dado por el mánager de los Beatles, Brian Epstein, en su casa en Belgravia, la parte más grande de Londres, con nadie sospechando que Epstein estaría muerto a los tres meses. (Entre los invitados estaba una fotógrafa estadounidense, Linda Eastman, quien acababa de conocer a McCartney en un club nocturno llamado Bag o’ Nails, y quien luego se casaría con él.) Esta vez, los medios están invitados al Estudio Dos, Abbey Road, donde los Beatles hicieron casi toda su música. Los estudios de grabación tienden a ser búnkeres de lujo, pero este es grande y espacioso, un cubo blanco con rayas en color mostaza. Hay un centenar de sillas, y sigue siendo un lugar solo de pie.

Los talentos de los Beatles siempre incluyeron un don para las relaciones públicas, y es un toque de clase presentar el Pepper revisado en el salón donde se creó originalmente. Giles Martin —modesto, caballeroso, juvenil, pero seis años más grande de lo que su padre era en 1967— da una entrevista, preparando algunas curiosidades en su laptop, entre ellas “A Day in the Life” (toma ocho), cuando el final no era un apocalipsis orquestal sino un tarareo grupal. Y luego es la hora de hacer sonar Sgt. Pepper.

Todos en el salón lo conocen como a la parte posterior de su teléfono, pero sigue siendo un evento. Estalla en dos bocinas construidas como guardaespaldas y te sorprende de nuevo. Los coros, esas harmonías Beatle, son una alegría triste. La batería es grande y cuadrada (“tenía que ser mejor que en Revolver”, dice Emerick). Las líneas de bajo son más brillantes. Sgt. Pepper es casi funky, y formidablemente enérgico: la canción del título se termina en dos minutos, todo el disco en 38. Tomó cuatro meses hacerlo; nada de tiempo en comparación con los estándares de hoy, pero para Emerick se sintió como si “tuviéramos el lujo del tiempo”. La Capilla Sixtina está restaurada, no denigrada.

DENTRO DE TI SIN TI: The Beatles asisten al lanzamiento para la prensa de Sgt. Pepper en el hogar de su mánager, Brian Epstein. Nadie sospechaba que, tres meses después, Epstein estaría muerto. FOTOS: ALAMY; SHUTTERSTOCK

Hay más invención en cada pista aquí que en las obras recopiladas de Adele. Sgt. Pepper es el sonido de cuatro hombres, o seis, quienes se negaron a quedarse en su lugar (el mantra de la Gran Bretaña de mediados de siglo) o apegarse a su género la norma en la música estadounidense). La canción del título es roquera, lo bastante pesada para que Jimi Hendrix abriera su show con ella, pero también una pieza lírica para el corno francés. “When I’m Sixty-Four” es una tonadilla de vaudeville pero también un lamento por la jubilación cómoda que a los padres de Paul les fue negada cuando su madre, Mary, murió en 1956. “Being for the Benefit of Mr. Kite!” es vaudeville pero también dadaísmo; el armonio se vuelve loco porque George Martin dijo a Emerick que cortara la cinta y la reensamblara al azar. El todo es “un álbum de drogas”, como Sir Paul luego informó a un Sir George muy molesto, pero engloba arreglar un fusible, tomar el autobús en el segundo piso y sentarse en el sofá con una o dos hermanas. Para ser un experimento farmacéutico, tiene los pies fenomenalmente en la tierra, sin olvidar que los Beatles habían conocido el LSD a través de su dentista.

Se puede ver a Sgt. Pepper como “un revoltijo de basura”, como lo llamó Keith Richards en 2015; un momento espléndido no está garantizado a todos. O se lo puede disfrutar como pop con una paleta más rica: tanpura en “Lucy in the Sky With Diamonds”, clavecín en “Fixing a Hole” y finalmente, climáticamente, 41 instrumentos clásicos, coronando la belleza desolada de “A Day in the Life”. O se puede disfrutar como un comentario social y admirar su inclusión. El paternalista Pablo Fanque fue el primer propietario negro de circos en Gran Bretaña. “Within You Without You” de Harrison —“una canción más bien deprimente”, sintió George Martin— es una zambullida sincera en las ideas e instrumentos indios. “She’s Leaving Home” es un pequeño milagro de empatía, detallando la brecha generacional y salvándola.

Sgt. Pepper surgió en parte porque los Beatles habían decidido, valientemente, dejar de hacer giras. Al retirarse de una rutina, liberaron sus mentes; al no tener que preocuparse de recrear los sonidos en el escenario (lo cual ya había resultado imposible con Revolver), pudieron ser más atrevidos en el estudio. Y aun así lo primero que hicieron, al empezar de nuevo como una banda de estudio, fue hallar un álter ego como un puñado de artistas itinerantes. En realidad no es un álbum conceptual: como John Lennon lo señaló mordazmente, solo la canción del título y “With a Little Help From My Friends” se apegan al plan. Pero es un Macguffin magnífico.

Cuando Sgt. Pepper tenía 25 años, entrevisté a George Harrison: gentil, con bigote, todavía en sus cuarenta y tantos. El álbum, le dije, estaba de vuelta entre los 10 primeros. “Pues, eso es bueno”, dijo él. “Siempre hay lugar para algo como eso, algo histórico. No pienso especialmente que Sgt. Pepper fue el mejor disco de los Beatles. Personalmente, prefiero Rubber Soul y Revolver y Abbey Road. Pero me gustó la portada, y me gustaron un par de canciones”. ¿Qué tanto tuvo él que ver en ello? “No recuerdo, en serio. No recuerdo que hiciera mucho. Estuve allí, sin embargo, sentado en los Estudios Abbey Road la mayor parte de mi vida”. Entrevistar a Harrison fue tanto una emoción como una decepción, porque la mitad de sus respuestas terminaron en el mismo lugar: la importancia de la meditación (él no había cambiado de tonada y ahora ha demostrado que estaba adelantado a su tiempo). Pero él metió mucho en esa respuesta, combinando secamente el remordimiento, el resentimiento y la auto-iconoclasia.

La pregunta eterna es si Sgt. Pepper es el mejor álbum de los Beatles. Las encuestas de los críticos, que antaño decían sí, ahora dicen no; ellos concuerdan con Harrison, es Rubber Soul o Revolver. Pero es hora de hacer la pregunta. La supremacía de los Beatles, como la de Shakespeare, radica en la obra completa. Entre sus LP, Pepper no es el más emotivo (solo dos mueven a lágrimas) o el más consistente (por lo menos dos rellenos). Pero son los Beatles cuando eran más populares, más alegres, más liberados y más enfocados en un álbum. Aun cuando algunas de sus gemas son difíciles de ubicar, nunca es difícil recordar que una canción está en Sgt. Pepper. Tiene personalidad y encanto y, en una época cuando la televisión todavía era en gran medida en blanco y negro, colores brillantes. Tal vez no sea más influyente que The Velvet Underground & Nico, pero es mucho más divertido.

“Se trata de la música”, dice Giles Martin al público invitado en Abbey Road, “y cómo te hace sentir”. Sgt. Pepper puede hacerte sentir de tu edad. Pero también puede hacerte sentir el aislamiento de una adolescente (“Ella se va de casa después de vivir sola por tantos años”) y el dolor desconcertado de sus padres. Puede hacerte sentir la angustia de Lennon mientras se sentaba en su jaula de oro en Weybridge, todavía casado con Cynthia, pensando en Yoko. Puede hacerte sentir dos cosas a la vez: optimismo y hastío en “Getting Better”, soledad y solidaridad en “With a Little Help From My Friends”. Eso no es un revoltijo; es una obra maestra.

Algunos de los mejores elogios han provenido más allá de los muros del pop. El crítico teatral Kenneth Tynan llamó a Sgt. Pepper “un momento decisivo de la civilización occidental”. Joe Orton, el dramaturgo, amaba tanto “A Day in the Life” que fue tocada en su funeral, solo dos meses después de su lanzamiento. El novelista Kurt Vonnegut solía decir en sus discursos que la misión del artista era “hacer que la gente aprecie el estar vivo, por lo menos un poco”. Entonces esperaba a que le preguntaran qué artistas habían logrado eso. Y él respondía: “The Beatles lo hicieron”.

Las Ediciones de Aniversario de Sgt. Pepper saldrán a la venta el 26 de mayo.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek