Hace poco, los terrícolas dimos un paso gigante
en la búsqueda de vida en otras partes de nuestro sistema solar. En los últimos
meses de su misión de 20 años, la sonda Cassini hizo su revelación más notable
hasta el momento: el océano de Encélado, una luna de Saturno, está liberando
hidrógeno, una fuente de energía que utilizan algunos microorganismos. En otras
palabras, el océano es habitable. Jonathan Lunine, astrofísico de la
Universidad de Cornell, dice: “Encélado es el lugar donde hay que buscar vida”.
El océano —hecho de agua líquida y parecido
a un híbrido del océano Atlántico, un lago mineral desértico y el líquido que
se encuentra cerca de los respiraderos hidrotermales— cubre toda la superficie
de la luna. Sin embargo, una gruesa capa de hielo envuelve al cuerpo de agua,
por lo que es muy frío y sombrío. Pero algo ocurre dentro del océano que es lo
bastante poderoso para atravesar todos esos kilómetros de hielo. En el polo sur
de Encélado, una columna —semejante a un géiser— expulsa vapor de agua, hielo,
sal y una mezcla de gases, a cientos de kilómetros hacia el espacio, con una
fuerza de casi 1,300 kilómetros por hora.
Y entre los contenidos de la columna,
sobresale un gas: el hidrógeno. Si bien este elemento abunda en el universo,
casi siempre está ligado a otros, como el oxígeno. Rara vez se le encuentra
solo. No obstante, la presencia de hidrógeno puro en forma de gas no es la
razón de que los científicos crean que Encélado es habitable, sino su gran
cantidad. Cuando Cassini pasó volando junto a la columna, en 2015, detectó
hidrógeno puro en cantidades que no podían explicarse fácilmente.
El hidrógeno es el elemento más ligero, y
escapa con facilidad de la atracción gravitacional de cualquier planeta o luna
que lo emita. “El hidrógeno molecular no permanece cerca mucho tiempo”, dice
Lunine. Debido a que este gas casi ingrávido se aleja flotando con gran
facilidad, conservar grandes cantidades requiere de una producción casi
continua. De modo que el hidrógeno de Encélado no es una reliquia de un proceso
geológico antiguo, sino que hay algo allí que está produciendo hidrógeno puro
ahora mismo. “Eso es lo más emocionante”, señala Lunine.
El equipo de investigadores de la misión
Cassini evaluó todas las posibilidades para explicar lo que podría estar
generando cantidades tan grandes de hidrógeno gaseoso, y solo una superó sus
cálculos: las ventilas hidrotermales. Lunine y sus coautores del estudio
publicado en Science, donde dan a conocer el análisis, creen que el agua del
océano está reaccionando con las rocas de ventilas hidrotermales en el fondo
marino, produciendo hidrógeno de manera activa.
Encontrar hidrógeno recién creado en
Encélado es muy significativo, porque ese elemento puede sustentar la vida. La
Tierra tiene pruebas abundantes de ello. En lugares donde no hay la luz solar
ni oxígeno, la vida microbiana subsiste con hidrógeno. Esos organismos, que
evolucionaron hace miles de millones de años, se cuentan entre las formas de
vida más antiguas de la Tierra y se conocen como arqueas metanógenas o
simplemente, metanógenos, debido a que producen gas metano (una combinación de
hidrógeno y carbono). No todos los metanógenos dependen del hidrógeno, pero
algunos sí. En particular, los metanógenos que viven en las profundidades de
las rocas y se alimentan de hidrógeno. Eso mismo hacen los que viven en las
ventilas hidrotermales del fondo del mar.
Los científicos que buscan vida en los
confines del universo se han aferrado a los organismos que producen metano como
los otros residentes más factibles de nuestro sistema solar. Los planetas y las
lunas que se encuentran más lejos del sol que la Tierra no reciben luz solar
intensa, así que microorganismos como las arqueas metanógenas, que prosperan
sin sol, son la forma de vida interplanetaria más verosímil. “Son mis
organismos favoritos”, dice Chris McKay, científico de NASA, “y son los
predilectos de la astrobiología”.
Encélado ha asombrado a los exploradores
del espacio desde que Cassini llegó a Saturno en 1997. “Nos ha sorprendido
tantas veces que ya no debiera sorprendernos”, comenta Chris Glein, investigador
en ciencia e ingeniería espacial del Instituto de Investigación Southwest.
Primero, fue el descubrimiento de lo que, inicialmente, se pensó era un pequeño
cuerpo de agua bajo la superficie de uno de los polos. Pese a estar cubierta de
hielo, el agua resultó ser líquida. Y el océano no estaba confinado a la región
polar, sino que abarcaba toda la luna.
La presencia de agua planteó
interrogantes sobre la posibilidad de vida en Encélado. La siguiente pista que
instigó nuevas especulaciones surgió en 2005, cuando Cassini hizo su máxima
aproximación a la luna. Al volar a través de la columna, un instrumento de la
nave, conocido como espectrómetro de iones y masa neutral (“Imagina que olfatea
gases”, dice Glein, miembro del equipo Cassini y otro autor del estudio),
registró hidrógeno entre los gases detectados. Mas la fuente del gas era un
misterio. Un candidato era el océano, mas no fue el único. Glein explica que la
fuerza de la colisión entre Cassini y la columna (que libera gases a una fuerza
de 1,300 kilómetros por hora) también pudo haber generado el hidrógeno.
A fines de 2015, cuando Cassini —en su
circuito por Saturno, sus anillos y varias de sus lunas— regresó a Encélado por
última vez, los astrónomos que dirigían la misión se aseguraron de obtener los
datos necesarios para determina, exactamente, de dónde provenía el hidrógeno.
Incluso después que Cassini detectara cantidades abundantes del elemento, aún
fueron posibles varias explicaciones. “Júpiter y Saturno tienen hidrógeno, pero
no ventilas hidrotermales”, dice Glein, y el nacimiento del sistema solar pudo
haber dejado hidrógeno dentro de la luna. Además, las ventilas hidrotermales
son calientes, lo que significa que habría alguna fuente de energía bajo el
océano, en el manto rocoso de Encélado. Y nuevamente, hubo motivos para dudar
que la luna tuviera ventilas hidrotermales, pues una fuente de calor lo
bastante grande para generar un proceso explosivo semejante parecía improbable
en una luna que tiene un diámetro de apenas 504 kilómetros.
Luego de meses de descartar opciones, los
investigadores se quedaron con la única conclusión lógica: el océano está
produciendo hidrógeno. El agua que reacciona con los minerales de las ventilas
hidrotermales está generando el elemento; es un ecosistema que también
encontramos en la Tierra. “Tiene todos los requisitos para la vida”, afirma
McKay, quien no participó en el nuevo estudio.
Cabe señalar que habitable no es lo mismo
que habitado. Cassini no fue diseñado para detectar vida y llegará a su final
ardiente en la órbita de Saturno el 15 de septiembre de 2017. Lunine y Glein
están desarrollando propuestas para misiones futuras, como Enceladus Life
Finder, que iría en busca de vida. La investigación demoraría al menos 20 años
—10 años de ida a Saturno y 10 años de regreso a la Tierra—, y aunque la NASA
autorizara la misión, lo más pronto que podría iniciar sería a principios de la
década de 2020. Pero Lunine asegura que vale la pena esperar. “Debemos volver a
Encélado, porque existe la posibilidad de descubrir una biota auténticamente
alienígena”, asegura, un tipo de vida completamente nuevo. Así, el primer
alienígena que conozcamos podría ser un organismo dependiente de hidrógeno que
ha evolucionado a lo largo de miles de millones de años, en una luna envuelta
en hielo que sigue una órbita alrededor de Saturno.
Sin embargo, además de la misión de
regreso, los científicos tienen que encontrar un medio seguro para transportar
organismos de Encélado y estudiarlos en la Tierra. Las tecnologías actuales
pueden acercarlos, pero, según McKay, “no hemos resuelto el problema del último
kilómetro”. Ese último kilómetro incluye el descenso en la Tierra, y los
científicos aún no han creado un contenedor que permanezca intacto durante el
impacto más violento imaginable. Un contenedor roto podría liberar un microbio
alienígena potencialmente peligroso. “Si traemos bichos vivos de Encélado a los
que les guste vivir en el mar y ocurre un accidente, eso sería inaceptable”,
agrega. El riesgo de contaminación debe eliminarse por completo. Tres naves
espaciales han regresado a la Tierra con materiales, pero esas muestras no
estaban vivas. Y, señala McKay, una de esas naves se estrelló.
Mientras la NASA contempla su siguiente
viaje al espacio, los científicos están estudiando a los metanógenos terrícolas
en busca de pistas que revelen cómo podría funcionar la vida alienígena
similar. McKay es parte de un equipo que estudia el lago Untersee, en la
Antártida, el cual es “igualito” a Encélado. Su siguiente misión está
programada para diciembre de 2017. Los astrónomos también pretenden estudiar a
Titán, la más grande de las 52 lunas de Saturno, y a Europa, una luna de
Júpiter, ambos satélites con la característica de tener agua bajo una capa de
hielo.
Como quiera que los astrónomos investiguen
la interrogante de si Encélado no es solo habitable, sino si está habitada, la
investigación debe continuar, insiste Carolyn Porco, científica planetaria que
dirige al equipo de imágenes Cassini. Porco, experta en Encélado, tiene la
esperanza de que se organice una misión para regresar a esa luna lo antes
posible. “Los siguientes pasos en Encélado podrían ser los pasos más
significativos jamás dados en la historia de la exploración planetaria”,
asegura.
—
Publicado en
cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek