La maldición de Caracas

En todo el mundo, los países con grandes
reservas de petróleo suelen ser pobres, corruptos e ineficientes y depender
casi exclusivamente del petróleo en lugar de invertir en otras industrias.
Cuando los precios son altos, el dinero abunda, pero cuando disminuyen, la
economía generalmente cae en el desastre.

Una debacle de esta naturaleza ocurre
actualmente en Venezuela, que posee las mayores reservas comprobadas de
petróleo de todo el mundo. Durante los últimos años de la década de 2000, la
industria nacional del petróleo y el gas ayudó a financiar los ambiciosos
programas sociales del presidente Hugo Chávez, desde la construcción de enormes
proyectos de vivienda hasta el empleo de miles de médicos cubanos. Pero poco
después de la muerte de Chávez, en 2013, los precios del petróleo comenzaron a
caer, y eso, aunado a la corrupción generalizada y al deficiente manejo
económico, ha producido la peor crisis económica en toda la historia de ese
país. Actualmente, Venezuela padece una hiperinflación que podría alcanzar 1660
por ciento este año, de acuerdo con cálculos del Fondo Monetario internacional.

Todas las noches, las personas hacen fila
enfrente de las panaderías, farmacias y supermercados, esperando poder comprar
lo que necesitan por la mañana, antes de que no quede nada. A mediados de abril
pasado, los manifestantes llenaron las calles de Caracas y otras importantes
ciudades para protestar contra el gobierno; la policía utilizó gas lacrimógeno
y los enfrentamientos dejaron más de una docena de muertos y muchas personas
lesionadas.

Ahora, el gobierno, que culpa de muchos
de sus problemas a una “guerra económica” emprendida por potencias extranjeras
e intereses comerciales locales, tiene una nueva panacea: la minería. En agosto
del año pasado, el presidente Nicolás Maduro inauguró el Arco Minero, un área
del Amazonas que suma 12 por ciento de todas las tierras propiedad del gobierno
de Venezuela, para realizar operaciones de minería a gran escala. El área está
repleta de oro, cobre, coltán y diamantes, entre otros recursos naturales, y
los expertos afirman que tiene un valor de alrededor de 10,000 millones de
dólares. Maduro afirma que ha habido un creciente interés por parte de compañías
de Canadá, Europa y África.

Sin embargo, los críticos señalan que
Venezuela está cometiendo el mismo error con la minería que cometió con el
petróleo: depender de los recursos naturales en lugar de construir una economía
equilibrada. La única manera en que el país podría recuperar su estabilidad,
afirman, es que el presidente diversifique la economía, reduzca la corrupción y
reserve fondos para emergencias económicas.

Otro problema para el ansia de Venezuela
por la minería: el medioambiente. Alrededor de 70 por ciento del agua dulce del
país se localiza en el sur del Arco Minero, y los críticos temen que un aumento
en las excavaciones mineras contamine el agua y haga que sea imposible de
beber, especialmente para los muchos pueblos indígenas de la región. En
palabras de Alicia Moncada, indígena venezolana que enseña historia en la
Universidad Central de Caracas, “Lo que está en riesgo es básicamente toda la
Amazonia venezolana”.

Publicado en cooperación con Newsweek /
Published in cooperation with Newsweek