El domingo por la mañana, Trump instó a realizar una investigación por parte del Congreso.
Trump no mencionó ninguna prueba de su acusación.
Amigos, tenemos un gran problema en nuestras manos.
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La primera posibilidad es que Trump esté más chiflado de lo que sospechábamos, es decir, que sea un verdadero paranoico delirante. El desplante de Trump fue desencadenado por un comentario realizado el viernes en Breitbart News, la publicación de la “alt-right”, donde se informaba sobre una afirmación realizada el jueves por la noche por Mark Levin, el presentador de radio de derecha, donde se insinuaba que Obama y su gobierno utilizaron tácticas de “estado policíaco” en otoño pasado para monitorear los contactos del equipo de Trump con agentes rusos.
Si esto fue lo que desencadenó la rabieta de Trump, tenemos a un presidente dispuesto a poner el prestigio y el poder de su cargo por detrás de afirmaciones sin bases que surgen de conocidos proveedores de mentiras del ala derecha.
Lo anterior significa que Trump no debería estar cerca de los códigos nucleares que podrían desintegrar al planeta, ni cerca de cualquier otra cosa que pudiera determinar el destino de Estados Unidos o del mundo.
2. La segunda posibilidad es que el gobierno de Obama realmente hubiera intervenido sus teléfonos.Pero si así fuera, antes de que la intervención pudiera haber ocurrido, es muy probable que Trump hubiera cometido un crimen muy grave, que incluye la traición.
Ningún presidente puede ordenar una intervención telefónica por su propia voluntad. Para que los agentes federales lograran intervenir los teléfonos de Trump, el Departamento de Justicia hubiera tenido que convencer primero a un juez federal de que había recopilado suficientes pruebas de causa probable para creer que Trump había cometido un crimen grave o que era un agente de una potencia extranjera, dependiendo de si se trataba de una intervención telefónica relacionada con la justicia penal o de inteligencia extranjera.
En cualquier caso, tenemos a alguien en la Casa Blanca que no debería estar tomando decisiones que pudieran poner en riesgo a Estados Unidos o al mundo.
3. La tercera explicación posible del desplante de Trump es que trataba de desviar la atención del público del embrollo y las distintas investigaciones sobre Jeff Sessions y demás personas relacionadas con Trump, de las que se sabe que estuvieron en contacto con agentes rusos durante la elección, cuando agentes rusos interfirieron en esta última a favor de Trump.
Quizás esté tratando de armar un argumento según el cual toda esta historia sobre Rusia es un complot tramado por el gobierno de Obama, junto con los organismos de inteligencia y la prensa establecida, para desbancar a Trump. De esta forma, puede vacunarse contra pruebas más perjudiciales que puedan surgir en el futuro.
Pero si todo esto es un gran espectáculo para desviar la atención y perjudicar la credibilidad de los organismos de inteligencia y de la prensa, Trump está dispuesto a hacer cualquier cosa para mantenerse en el puesto, aún si ello significa dividir aún más a Estados Unidos, dañar la confianza en nuestras instituciones gubernamentales y destruir el tejido de nuestra democracia.
Así están las cosas. Tenemos un presidente que, o es un peligroso paranoico que realiza juicios con base en chiflados del ala derecha, o muy probablemente ha cometido traición, o bien, está dispuesto a sacrificar la confianza del público en nuestras instituciones básicas para impulsar sus objetivos egoístas.
Cualquiera de estas posibles razones es tan terrorífica como las demás.
Para los demócratas, ser los únicos que pueden sonar la alarma los arriesga a convertir todo el asunto en la nueva norma del partidismo. Para Obama mismo, el hecho de responder no haría más que darle credibilidad al tema.
Por ello, los líderes republicanos tienen la responsabilidad de ponerse de pie y llamar a este asunto por su nombre: un peligroso acto de demagogia.
Los ex presidentes republicanos George H.W. Bush y George W. Bush, senadores y miembros del Congreso del Partido Republicano actuales y anteriores deben tener el valor y la decencia para detener este ultraje.
Estamos en una grave crisis de gobierno y sus voces son extremadamente importantes.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek