Los mensajes contradictorios del presidente Donald Trump sobre la inmigración han puesto a sus partidarios y opositores de sus políticas en una especie de montaña rusa esta semana, e intensifican la sensación de incertidumbre que se siente en comunidades de inmigrantes, con muchos temiendo que podrían ser levantados en una nueva oleada de deportaciones.
Previamente esta semana, el presidente parecía sugerir que estaba abierto a un compromiso con la reforma inmigratoria, que The New York Times proclamó en un titular como “un cambio drástico”. Según el Times y otros canales, el presidente dijo en una reunión con presentadores de noticias por televisión en la Casa Blanca la tarde del martes: “Es el momento adecuado para un proyecto de ley inmigratoria siempre y cuando haya un compromiso de ambas partes”. Como lo dijo pocas horas antes de su primer discurso ante una sesión conjunta del Congreso, muchos lo interpretaron como una señal de que Trump busca impulsar una nueva iniciativa inmigratoria, una mucho más conciliadora que las duras acciones legales que él y su equipo han seguido durante su primer mes en el cargo. La Cámara Hispánica de Comercio de EE .UU. incluso publicó un comunicado de prensa promocionando la noticia: “Trump propondrá un proyecto exhaustivo de ley inmigratoria”.
Excepto que no lo hizo. En su discurso bien recibido en lo general en el Capitolio la noche del martes, el presidente reiteró un enfoque de crimen y castigo, enfocándose en los riesgos que los inmigrantes indocumentados presentan a la sociedad, en vez de lo que sus defensores dicen que son sus muchas contribuciones. “Pronto empezaremos la construcción de un gran muro a lo largo de nuestra frontera sur”, prometió Trump. “Mientras hablamos, estamos retirando a pandilleros, narcotraficantes y criminales que amenazan a nuestras comunidades y asedian a nuestros ciudadanos”. Los comentarios tranquilizaron de inmediato a quienes tienen una línea dura con respecto a la inmigración. “Oímos los mismos rumores que todos los demás”, dice Ira Mehlman, director mediático de la Federación por la Reforma Inmigratoria Estadounidense, la cual defiende restricciones severas a la inmigración. “Obtuvimos la transcripción del discurso y la leímos y dijimos: ‘No hay nada allí’.”
“Su discurso fue tan cercano a la perfección como cualquiera que yo haya oído en esta cámara”, repite el representante Steve King, un partidario de leyes inmigratorias duras. “Las notas que él tocó sobre la inmigración fueron las notas correctas. Él enfatizó, pienso que con claridad significativa, la necesidad de restaurar el respeto al imperio de la ley”, dice el republicano de Iowa a Newsweek. Y CNN reportó el miércoles que un alto funcionario de la administración dijo a la televisora que los comentarios del presidente eran una “jugada distractora” intencional destinada a generar una cobertura noticiosa positiva.
La Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC, por sus siglas en inglés) lamentó que el discurso del presidente ante el Congreso “conservara la misma retórica inflexible antiinmigrante que marcó su campaña”. Fue una desilusión para la LULAC y otros defensores de la reforma inmigratoria, después de lo que parecía ser una serie de señales de que la Casa Blanca se preparaba para girar en torno de la inmigración después de varios reveses legales y la protesta por un aumento en las deportaciones. El Departamento de Seguridad Nacional ha delineado objetivos mucho más enérgicos y amplios para la deportación que la administración de Obama, y ha aparecido en los titulares gracias a una serie de redadas inmigratorias por todo el país que han atrapado no solo a criminales violentos —en lo que se enfocó Obama— sino en personas que han cometido solo ofensas de bajo nivel.
Un área en particular en que el presidente ha insinuado un cambio de mentalidad es en los inmigrantes indocumentados conocidos como dreamers, quienes fueron traídos ilegalmente a Estados Unidos cuando niños. Con el presidente Obama, a esos inmigrantes indocumentados se les concedió una condición legal temporal a través de un programa conocido como Acción Diferida para Arribos de Niños (DACA, por sus siglas en inglés). Durante la campaña de 2016, Trump prometió terminar con la DACA en su primer día en el cargo, pero a más de un mes después de que asumió la presidencia, eso todavía no ha sucedido. Y durante su primera conferencia de prensa solo en la Casa Blanca, el 16 de febrero Trump prometió “tratar la DACA con el corazón”. Es “un tema muy, muy difícil para mí”, añadió él. “Tenemos algunos niños absolutamente increíbles —yo diría en su mayoría— que fueron traídos aquí de esa manera. Es un tema muy, muy duro”.
Durante una conferencia de prensa el lunes en el Capitolio, Terry McAuliffe, gobernador de Virginia, dijo a los reporteros que él recibió garantías de parte de John Kelly, secretario de seguridad nacional, de que la administración no buscaba desmantelar la DACA o enfocarse en los dreamers para su deportación. “Lo que me indicó el General Kelly fue absolutamente no”, dijo McAuliffe cuando se le preguntó si Kelly planeaba ir tras el programa. El gobernador demócrata, quien es presidente de la Asociación Nacional de Gobernadores, se reunió con Kelly por casi una hora el domingo durante una visita a Washington y expresó su confianza en “que es una política que no perseguirán”.
Pero Trump no abordó la DACA en su discurso la noche del martes, y los defensores de los inmigrantes dijeron que no recibieron más directrices de los planes de la Casa Blanca para el programa. “Pienso que los comentarios del presidente fueron alentadores”, dice Arturo Vargas, director ejecutivo del Fondo Educativo NALEO, una organización nacional que promueve la participación latina en la sociedad civil. Pero “necesitamos ver acción”. Al preguntarle si había recibido indicios de que la acción está pendiente, Vargas respondió: “No aún”.
“Todavía esperamos algo específico”, dice el senador demócrata Dick Durbin, quien junto con el senador republicano Lindsey Graham ha introducido una legislación para asegurarles a los receptores de la DACA otros tres años de condición legal en el país. “El general Kelly ha sido positivo. Las declaraciones del presidente son positivas. Todo se inclina en la dirección correcta, pero la incertidumbre está matando a estos muchachos y sus familias”. De hecho, el miércoles, el día después del discurso del presidente ante el Congreso, un periódico de Misisipi, elClarion-Ledger, reportó que agentes de la Autoridad de Inmigración y Aduanas habían detenido a una receptora de la DACA de 22 años de edad después de que ella habló en una conferencia de prensa enfocada en deportaciones recientes.
Muchos de los partidarios conservadores de Trump dicen que él necesita cumplir con su promesa de campaña de acabar con el programa DACA y deportar a los dreamers, así como a otros inmigrantes indocumentados. King dice que la Casa Blanca no puede restaurar el imperio de la ley en inmigración “y simultáneamente conceder amnistía a personas que están ilegalmente en EE UU”. Al preguntarle si continuar la DACA equivale a amnistía, King respondió: “Sí”.
Pero no todos los que apoyan una aplicación estricta hacen de la DACA una prueba de fuego. “Hemos oído consistentemente que el presidente ha dicho que este grupo específico de inmigrantes ilegales, él quiere hacer algo por ellos, aunque nunca ha sido específico sobre lo que es eso”, dice Mehlman. Pero “la gran imagen”, dice él, es que con sus decretos presidenciales y aumento en las deportaciones, Trump “está aplicando leyes que no se habían aplicado en mucho tiempo”.
“Nos parece que él pretende resarcir incontables promesas rotas al público estadounidense antes de abordar a este grupo”, dice Mehlman. Mientras tanto, los dreamers siguen em el limbo.
Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek