AUNQUE NO ES su primer libro publicado, sí es su primera novela. Formas de evasión, del periodista y escritor colombiano Felipe Restrepo Pombo, es una obra protagonizada por el escurridizo e inestable mental Víctor Umaña, hijo de un teniente de la Colombia negra de Pablo Escobar, y por un extraño narrador anónimo obsesionado con la historia y destino de este enigmático individuo.
El narrador, cuyo revolucionario padre fue torturado y vejado por la policía colombiana, guarda en su memoria el apellido Umaña, pues una persona con tal apelativo fue la única que trató con cierta piedad al autor de sus días durante el tiempo que duró su encarcelamiento. Empero, lo que este desconocido narrador no sabe es que Víctor Umaña siempre ha respondido a un resorte que mueve su vida: evadirse, desaparecer sin dejar rastro.
“La evasión es algo central que pasa con el protagonista: no huye ni se escapa, sino que se evade”, reflexiona Restrepo Pombo en charla con Newsweek en Español a propósito de su novela Formas de evasión, publicada por la casa editorial Seix Barral. Y añade: “Evadirse es querer dejar atrás una situación, querer desaparecer para olvidar, y lo que hace Víctor Umaña sistemáticamente es eso, evadirse de situaciones que para él eran inmanejables y empezar de nuevo cada vez”.
Restrepo Pombo se describe a sí mismo, sobre todo, como periodista y editor, y se excluye de la lista de esos escritores que logran escribir sobre lugares en los que jamás han estado. Nacido hace 38 años en Bogotá, estudió la carrera de letras y comenzó su carrera reporteril en Cambio, bajo la dirección de Gabriel García Márquez. Además de la novela mencionada, es autor de tres libros: la biografía Francis Bacon: retrato de una pesadilla y los perfiles Nunca es fácil ser una celebridad y Dieciséis retratos excéntricos.
“La ficción permite hacer otras cosas si bien tiene otras complicaciones diferentes a las del periodismo. Permite llenar vacíos que la historia necesita, mezclar otras épocas, en fin, yo utilicé las armas de la ficción, pero siempre muy anclado a la realidad. Me interesa mucho ese cruce permanente entre literatura y periodismo, y aunque muchos dicen que son dos oficios paralelos, yo creo que son perpendiculares porque se cruzan todo el tiempo”.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.
—¿Por esa razón, Felipe, a veces tu obra parece más una historia real que una novela?
—Eso me interesaba, que ocurriera una historia con personajes ficcionales, pero que tuviera como trasfondo la actualidad. Por eso aparecen personajes y situaciones históricas reales. Tardé mucho en escribirla, no solo por la complejidad de hacer un texto de ficción, sino por la larga investigación de archivo. Por ejemplo, un tema que está muy presente es la violencia pública, por eso investigué el caso del paramilitarismo en Colombia, la guerra con los cárteles de la droga, la cuestión política en México, pues la novela ocurre en diferentes épocas y lugares, y para recrear cada uno de estos trasfondos donde ocurre la historia de Víctor Umaña investigué muchísimo. Ahí salió mi naturaleza periodística, y es que todo tenía que estar sustentado, no soy de esos escritores que pueden escribir sobre lugares en los que no han estado o no conocen, mi imaginación no es tan desbordada.
—¿Qué impulsa a Umaña, a los personajes de esta época, a evadirse sin dejar rastro?
—Esta historia nació de un impulso que todos tenemos: me aburro de mí mismo, me aburro de mi vida y me aburro de la rutina. Es naturaleza humana estar insatisfecho con nuestra vida: si tenemos algo muy estable, una rutina, fantaseamos con una vida llena de aventuras; si tenemos una vida llena de aventuras y que cambia todo el tiempo, ansiamos volver a una tranquilidad y una rutina. La novela parte de esa idea, qué pasa si alguien se dedica de tiempo completo a evadirse, a desaparecer y a tener vidas diferentes.

Foto: Antonio Cruz/ NW Noticias.
—¿Es posible que un individuo logre evadirse por lo menos de sí mismo?
—Investigué casos literarios ficcionales, e incluso reales, de gente que ha decidido desaparecer sin dejar rastro si un día dice: no quiero tener más esta vida, lo dejo todo, desaparezco sin dejar rastro, me voy a otro lugar y empiezo una vida nueva. Por ejemplo, Arthur Rimbaud, el gran poeta francés del siglo XIX, muy joven dijo: no quiero más esto, me voy a África y empiezo una vida nueva como traficante de esclavos. Como él, muchas personas han querido desaparecer, han querido ser otras. Y lo que motivó a Umaña es esto, más que un desprecio por las cosas y las personas él quiere ser otros, no le basta con ser una sola persona, y constantemente busca serlo. Lo paradójico es que cada vez que desaparece y empieza una vida nueva, cada vez que vuelve a ser otro, se encuentra con el peso de su pasado y con las historias que lo persiguen. Me gusta esa paradoja que tiene el personaje de no poder escapar de sí mismo. Por más que tratemos de ser otro, por más que huyamos, que tomemos la decisión de evadirnos, nunca vamos a poder escapar de algo esencial que es nosotros mismos.
—No obstante, la evasión no solo es emocional, sino también es física…
—Sí. Hay unas que son claramente motivadas por razones terribles como las que ocurren con las migraciones de pueblos enteros por la violencia. En la novela no solo está la evasión de Umaña, también está la evasión de toda esta gente que ha tenido que moverse por la violencia, pueblos arrasados por el paramilitarismo en Colombia, por el narcotráfico en México, que se ven obligados a dejar su vida porque otros no quieren que vivan esa vida, lo que me parece una evasión bastante trágica. Yo quería explorar la que tiene que ver con la psique de Umaña, que está claramente fracturada y que se relaciona también con traumas de su infancia, de su juventud y de este contacto permanente con la violencia pública, pues me interesa cómo esta permea en la intimidad de las personas.

Foto: Antonio Cruz/ NW Noticias.
—¿Cuál es la mayor enseñanza que te dejó la escritura de esta tu primera novela?
—Primero, que escribir una novela es muy difícil y traumático. Y segundo, que se requiere mucho rigor. Muchas veces las personas, cuando deciden escribir una novela, creen que simplemente es sentarse frente a una hoja y empezar a escribir, imaginar, y se vale, pero es un trabajo de rigor, de constancia, de trabajar los textos con minuciosidad. Yo revisaba y revisaba, la novela tuvo miles de versiones, yo examinaba cada frase, cada coma, cada detalle, es un trabajo extenuante y complejo, creo que requiere la máxima seriedad. Esa fue quizá la enseñanza más dura, más compleja: un texto literario se puede trabajar por años y años y aun así nunca va a ser perfecto, siempre va a tener fallas y siempre va a tener cosas que se pueden mejorar. Pero creo que hay que tratar de sacar el mejor texto posible y con el mayor rigor posible.

Foto: Especial.