En diciembre, la 21st Century Fox de Rupert Murdoch anunció
que adquiriría el 61 por ciento que aún no posee de Sky, la empresa de
televisión satelital británica, por casi 15 000 millones de dólares. Esta
consolidación de una de las mayores empresas de medios de comunicación de
Europa es parte de la tendencia de megafusiones en toda la industria (AT&T
recientemente acordó adquirir Time Warner), pero también es un giro
particularmente personal en la construcción de un imperio.
En la primavera de 2008, en su despacho de las oficinas
generales en Londres, James Murdoch, el segundo hijo de Rupert y actual
director ejecutivo de 21st Century Fox, me mencionó, no sin cierto sentido del
humor, sus tres esperanzas para la empresa controlada por su familia: 1) la
jubilación de su padre; 2) la destitución de Roger Ailes, jefe de Fox News y enemigo
desde hace mucho tiempo de James y sus hermanos, y 3) adquirir el control
completo de Sky (que en ese entonces se llamaba BSkyB).
Hasta ahora, el libro contable luce bastante bien para el
heredero de 44 años. Quizás su padre no se haya retirado, pero ha asumido una
función más bien secundaria con respecto a James y su hermano, Lachlan, el otro
alto ejecutivo de la empresa. El aborrecido Ailes fue expulsado el verano
pasado. Y ahora, después de que la oferta presentada por la empresa en 2010
para la adquisición de Sky fue bloqueada por el gobierno británico debido al
escándalo que se extendió por varios años y en el que los reporteros de Murdoch
intervinieron los teléfonos de varias personas, Sky se encuentra nuevamente a
su alcance, aunque por casi 3,000 millones de dólares más que en 2010. El
acuerdo no solo impulsa las posibilidades profesionales de James, que es el
magnate de los medios de comunicación más inevitable del mundo, sino que
también ejemplifica su propio estilo de construcción de imperios.
Ahora que el mundo de los medios de comunicación y sus
magnates se encuentran cada vez más por debajo de empresas anónimas de
telecomunicaciones y plataformas digitales con miles de millones de usuarios,
James, en un clásico estilo de magnate, trata de hacer que la empresa de su
familia, con un valor de 52,000 millones de dólares, sea característicamente
suya. Aunque es difícil encontrar alguna lógica inmediata en el acuerdo de Sky
(se trata de una empresa de televisión satelital en un mundo que excede cada
vez más los límites comunes, y de una empresa de distribución en un ámbito en
el que el contenido es el juego de valor), para James, es claramente la ballena
blanca del legado de Murdoch y una parte integral de lo que él considera su
destino como magnate.
El muy arriesgado lanzamiento de Sky por parte de Rupert en
1989 casi llevó a su empresa a la bancarrota. En la fusión forzada de esa
empresa con British Sky Broadcasting en 1990, los Murdoch perdieron el 61 por
ciento que, una generación después, tratan ahora de recuperar. Elisabeth, la
hermana de James, entró a trabajar para Sky en 1996 para convertirse en los
ojos y oídos de su padre; en 2000, cuando se le negó el control, dejó la
empresa tras una disputa con su padre que nunca ha sido resuelta del todo. En
2003, decidido a incorporar a James, que en ese entonces tenía 30 años, como
director ejecutivo de Sky, una empresa teóricamente independiente, su padre
tuvo que reclamar cada favor y presionar a cualquier posible aliado de la
comunidad financiera de Londres para lograr que James obtuviera el puesto.
Entonces, cuando su padre necesitó que James dirigiera sus diarios británicos,
James se resistió a ocupar un puesto que él consideraba menor y negoció con su
padre para que éste le permitiera adquirir el resto de Sky, de manera que James
pudiera dirigir ambas empresas. Para algunas personas, esa ambición es la razón
por la que James autorizó otorgar pagos a ciertas víctimas de la intervención
telefónica, de manera que sus acusaciones no interfirieran con el acuerdo de
Sky. Sin embargo, cuando este encubrimiento fue revelado, el acuerdo fue echado
abajo y James, temiendo ser acusado judicialmente, volvió a Estados Unidos,
aparentemente desacreditado y acabado.
Su ascenso de vuelta a la cima ha sido veloz y sorprendente,
astuto y despiadado.
Contra los deseos de su padre, James presionó para lograr el
desmembramiento de la empresa de su progenitor, separando los diarios de la
empresa de entretenimiento en 2013. Esto hizo que la atención de su padre se
desviara de la televisión, que es el terreno de James, y se dirigiera a los
diarios, que fueron el primer amor de su padre, y también liberó a la 21st
Century Fox de los obstáculos regulatorios contra los monopolios noticiosos en
el Reino Unido que habían impedido inicialmente la oferta de Sky. También se
dice que James ha estado detrás de la decisión de poner fin a la oferta que su
padre hizo en 2014 por Time Warner, un acuerdo impulsado por Chase Carey, su
rival ejecutivo en la empresa, que habría cimentado el puesto de este último y
en el que se habrían utilizado fondos que después estuvieron disponibles para
la adquisición de Sky. (21st Century Fox hizo una oferta de 85 dólares por cada
acción de Time Warner; ahora, AT&T ha acordado adquirir Time Warner por 108
dólares por acción).
Luego, en 2015, tras superar una enorme oposición de los
altos ejecutivos de la empresa, que habían tenido un gran cuidado en mantener a
James lejos de cualquier función directiva, James convenció a su padre de
elevarlo a él y a su hermano al cargo principal. Esto contribuyó a lograr uno
de los objetivos clave de su padre: hacer que Lachlan, su hijo mayor al que se
habían opuesto varios de los ejecutivos de Murdoch y que se había retirado de
los negocios familiares casi una década antes, volviera a la empresa. Pero
James se apropió del título de director ejecutivo e hizo saber, para disgusto
de su padre, que era el primero entre iguales, lo cual muy pocos dudaban.
También se dice que James desempeñó una función importante
en el romance de su padre con Jerry Hall y en el matrimonio de ambos la
primavera pasada, distrayendo aún más al hombre de 85 años de las labores
directivas cotidianas. Este verano, mientras su padre vacacionaba con su nueva
esposa, James maniobraba contra el problemático Ailes.
Ailes estuvo protegido durante mucho tiempo por Murdoch
padre, y sus afrentas contra los herederos forman parte de las leyendas de la
empresa. Fue él, junto con el director general de operaciones Peter Chernin,
quien ayudó a expulsar a Lachlan de la empresa en 2005. Mientras Fox News se
volvía cada vez más rentable, obteniendo ganancias de hasta 1.5,000 millones de
dólares en el último año de Ailes, Rupert estuvo cada vez menos dispuesto a
interferir o moderar las opiniones de derecha de la cadena, que se han vuelto
cada vez más embarazosas para los hijos de Murdoch. Cuando estos últimos fueron
nombrados para el más alto cargo, Ailes se mostró reacio públicamente, luego
presentó una demanda y logró colocarse justo por debajo de Rupert en el escalafón.
El apoyo implícito de Ailes hacia Donald Trump en la campaña presidencial y
abierto desdén que los hijos de Murdoch mostraban por el candidato hizo surgir
una creciente alianza entre James y Megyn Kelly, conductora estelar de Fox,
durante los desencuentros públicos de esta última con Trump. (Personas con
acceso a información confidencial de Fox dicen que ello también condujo a una
oferta de 25 millones de dólares para que ella permaneciera en la cadena: 5
millones más que los 20 millones que Fox le paga a Bill O’Reilly, el líder del
rating, y que es el salario más alto en la televisión noticiosa). Cuando Ailes
fue acusado en julio de acoso sexual por la conductora despedida Gretchen
Carlson, James, aprovechando que su padre estaba fuera del país, contrató a un
bufete de abogados externo para que realizara una veloz investigación, filtró
sus afirmaciones a reporteros contrarios a Ailes y obtuvo el apoyo de Kelly
como testigo estelar contra Ailes. Ailes fue despedido dos semanas después, en
lo que constituyó una impresionante muestra de la rabiosa determinación de
James.
El verdadero premio no consistió en librarse de Ailes, sino
en adquirir el control de Fox, lo que James vislumbra, en una versión
políticamente purificada, como la base de su organización internacional de
noticias trasmitida a través de la plataforma Sky.
No es casual que el acuerdo de Sky, sobre el cual la mayoría
de los observadores piensan que será aprobado por los reguladores británicos,
significa que todo un tercio de los activos de 21st Century Fox serán el
territorio de James Murdoch, una importante ventaja cuando tenga el
enfrentamiento definitivo con sus hermanos para hacerse del control de todo el
imperio.
El acuerdo de Sky es un momento al estilo de los antiguos
magnates: el marcador se empata, los premios perdidos se recuperan, se
adquieren tierras y poder.
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Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in
cooperation with Newsweek