La ciencia, la gran fuente de conocimiento

EN ESPAÑA, Pere Estupinyà ha logrado un considerable éxito en televisión con sus intervenciones sobre ciencia. Bajo el concepto de un “ladrón de cerebros”, como conductor y director de contenidos dirige programas y series de divulgación y conocimiento que pretenden presentar mentes brillantes que expongan su sabiduría científica.

Aunque en rigor estricto no se considera a sí mismo un científico, Estupinyà no es por completo ajeno a la materia, pues estudió química y bioquímica y abandonó un doctorado en genética cuando se dio cuenta de que lo suyo era la divulgación del conocimiento científico. Además, ha trabajado en los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos, en la Organización de Estados Americanos y en el Banco Interamericano de Desarrollo.

En días pasados presentó en México Comer cerezas con los ojos cerrados, su tercer libro sobre divulgación de la ciencia. Bajo el sello de editorial Debate, esta obra es una gira científica por los últimos avances de la neurociencia, la genética, la cosmología, la medicina, la psicología y otras investigaciones que ofrecen recomendaciones para procurar un bienestar tanto físico como espiritual, además de que pretende que el lector abra la mente a la ciencia con la finalidad de que desarrolle un pensamiento más crítico con el cual elabore hipótesis, valore el cambio de opinión como algo positivo o tome decisiones más fundamentadas.

“Es un libro de divulgación científica multitemático que se plantea una idea principal: dónde estamos y hacia dónde vamos”, explica el autor español, originario de Tortosa, en diálogo con Newsweek en Español. “La ciencia avanza de una manera tan rápida que hay un momento donde te tienes que parar y decir: dónde estamos y a dónde vamos, qué hay ahora de exoplanetas, de genética… Hay varias áreas, la neurociencia es mi preferida con el pensamiento científico, pero también está la ciencia en general, que va desde la genética al cambio climático, la psicología, la física de partículas. Algo que define mi obra es que no es Wikipedia, sino historias de personas, de científicos, de pacientes, personas de la calle a las cuales les ha pasado algo y ese algo se puede interpretar con la ciencia”.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.

—¿Cualquier persona, Pere, de ciencia o no, puede entender tu obra?

—Eso es algo que tengo muy claro. Habrá algunos escritos que sean más difíciles que otros, pero creo que la ciencia está diluida dentro de las historias, y al estar diluida los conceptos quedan más claros. Creo que es para todos los públicos con la idea de que algunos requerirán un poquito más de esfuerzo que otros, pero es un aprendizaje; a la gente lo que le gusta, cuando lee este tipo de libros, es tener la sensación de aprender. Y es un libro que te deja con la sensación de que has aprendido y que sabes más cosas y te planteas las preguntas que antes no te hacías.

—¿De qué manera el conocimiento científico ayuda a la humanidad a vivir mejor y a tomar decisiones correctas?

—Respecto a vivir mejor, lo más fácil es decir que con las aplicaciones tecnológicas y la medicina. Empero, hay una frase en el libro donde digo: “El alzhéimer no lo curaremos con más hospitales, lo curaremos con más ciencia”. Si analizamos el sentido de la frase creo que es muy profundo, es decir, la gente vamos envejeciendo cada vez más, la ciencia está haciendo que podamos envejecer cada vez más, pero algo que de momento no encontramos es una solución al alzhéimer. Los médicos no pueden curarlo; están dando ejercicios y asesoramiento, pero ahora mismo la única opción de curarlo es que la ciencia descubra cómo hacerlo. Sin la ciencia no se curará. Lo mismo sucede con las energías alternativas, cómo vamos a liberarnos del petróleo si no tenemos suficiente poder en las energías renovables; hace falta más desarrollo científico para que estas renovables sean más eficientes y puedan sustituir el petróleo. Estos son grandes retos de la humanidad, por eso la parte más pragmática y técnica de la ciencia redunda en nuestro bienestar, y la tecnología, en los artículos electrónicos que tenemos, en la alimentación.

“Y luego, en cuanto a tomar mejores decisiones, ya no es solo la ciencia, sino el conocimiento. El conocimiento es poder, y la ciencia es parte del conocimiento. Yo no soy tan drástico de pensar que la ciencia es como una religión, sino que forma parte del conocimiento. Eso sí, es la gran fuente de conocimiento de muchos tipos: artístico, literario, filosófico, y actualmente sigue generando más conocimiento nuevo. Entonces, cuanto más conocimiento tengas, mejores decisiones puedes tomar”.

Foto: Antonio Cruz/NW Noticias.

Comer cerezas con los ojos cerrados, aparte de ser el título del libro, es un gran reto intelectual, explica Estupinyà:

“¿Qué haces si un agricultor pone frente a ti un cesto con cerezas y te anima a que las pruebes? Las miras atentamente, identificas las más maduras y lustrosas, y las tomas para ponerlas en tu boca. Posiblemente dirás que están buenísimas emitiendo una valoración global sobre todo el cesto, aunque hubiera un diez por ciento de picadas y un 30 por ciento de verdes. Pero si fueras un comerciante tratando de negociar el precio por kilo de cerezas que le vas a pagar al agricultor, quizá seleccionarías otras para intentar hacerle ver que la calidad no es tan alta y merecen un precio más bajo del que pide. Esta misma selección de cerezas ocurre cuando, tras un experimento, el investigador selecciona solo los datos que confirman su hipótesis, ignorando los que la contradicen. Y lo mismo hacen los economistas, los políticos y tú mismo a diario”.

—¿Un pensamiento crítico es, entonces, rectificar un pensamiento erróneo?

—La tendencia más satisfactoria es a encontrar datos que te dejen tranquilo con tus ideas —concluye—. Todos tenemos unas ideas sobre las cosas y lo más fácil intelectualmente es seleccionar las cerezas, los datos, que corresponden con nuestras ideas. Lo difícil es coger las cerezas con los ojos cerrados, o sea, analizar los datos de manera objetiva, darte cuenta de que ciertos datos no corresponden exactamente con lo que piensas, y hacer ese gran esfuerzo que es cambiar de idea. Cuando ya tienes una idea preestablecida solo buscas las informaciones que contradicen a aquello con lo que estás en contra. Hay mil cerezas que te comprueban una información, pero tú te fijas solo en aquella que no lo hace. Lo difícil intelectualmente es decir: vale, tengo pensamiento crítico, soy escéptico, puedo estar equivocado, tengo que dudar, voy a coger las cerezas con los ojos cerrados. Y al final aceptar que estamos equivocados. El gran aprendizaje es ese, que rectificar es de sabios.

Foto: Especial.