KEITH HARING creaba arte rápido. A principios de la década de 1980, subía en el metro de la ciudad de Nueva York y recorría las estaciones en busca de espacios donde colgar lienzos de papel negro que iban a reemplazar con publicidad. Bajaba, se acercaba al lugar cuidándose de la policía y llenaba el papel con personajes que parecían caricaturas. A veces lo arrestaban.
Un sábado por la noche, probablemente en 1984, Haring entró en un edificio de la calle 108, pasando por debajo de una pequeña cruz sobre la puerta frontal. El artista, esbelto y con espejuelos, llevaba consigo una lata de café llena con pintura negra y un pincel grueso, listo para cubrir las paredes del antiguo convento. Un amigo lo invitó a marcar el muro con autorización de Gary Mallon, director del centro juvenil albergado en el edificio. Pero los líderes religiosos, propietarios del lugar, no tenían idea de que Haring estaba allí.
Haring empezó al pie de la escalera y siguió hasta el tercer piso, agachándose y luego estirándose hasta casi tocar el techo en algunas partes. Pintó siluetas de personajes caminando, corriendo, saltando, abrazándose; sus extremidades contorsionadas y vibrando con líneas de eco curvadas que conferían a las paredes la sensación de movimiento constante. Aquella noche, docenas de adolescentes ingresaron en el centro juvenil de Grace House, administrado por la Organización Católica para Jóvenes y, poco a poco, se acercaron por los pasillos para verlo pintar.
“Creo que tardó 40 minutos. Fue muy rápido… y sin boceto. Parecía fluir de él”, recuerda Mallon. “Solo pintaba [las figuras] mientras se movía. Pasaban de su cabeza al pincel y a la pared”.
El mural espontáneo termina en el descanso del tercer piso con un personaje que parece lanzarse hacia una puerta, donde solo es visible la mitad inferior del cuerpo. Cuando el edificio se usaba como convento, esa puerta conducía al apartamento de la madre superiora, pero en aquellos años era el hogar de Mallon. “Ese eres tú, Gary”, le dijo Haring, explicando que era Mallon escapando a su apartamento después de un largo día de trabajo con los muchachos. De regreso en el vestíbulo, Haring añadió su arquetípico “bebé radiante” en una pared vacía: el perfil de un bebé a gatas rodeado de rayos solares.
Escasos seis años después, el artista de renombre internacional murió de complicaciones con el sida, a los 31 años. Para entonces había presentado su obra en más de 100 exhibiciones individuales y colectivas en todo el mundo; colaborado con artistas como Grace Jones, Yoko Ono y Bill T. Jones; y pintado murales en espacios destacados como hospitales, museos, y el Muro de Berlín.
Hoy, a más de tres décadas de que Haring pintara su mural para los jóvenes de Grace House, la Iglesia está expulsando a los residentes del edificio y “explorando opciones”, lo cual significa que una obra colosal de un icono del arte —extremadamente valiosa y de valor imponderable— podría ser destruida.

MURO DE LA FAMA: Una noche, Haring entró a hurtadillas en Grace House y pintó su mural de la escalera en menos de una hora. Foto: SHAMINDER DULAI
“CRACK IS WACK”
La historia de la creación del mural es también la historia de un adolescente portorriqueño del sur del Bronx. Benny Soto, quien se describe como un chico pobre que trabajaba como voluntario regular de Grace House, no tuvo la menor exposición al arte durante su infancia; lo que le condujo a ese mundo fue su afición a los clubes nocturnos durante la adolescencia. A principios de la década de 1980, descubrió el Paradise Garage y muy pronto se volvió asiduo de la discoteca SoHo, donde veía broches y camisetas decoradas con un misterioso bebé reluciente. Al fin, alguien sugirió que fuera a una exhibición de Haring en la galería Tony Shafrazi, donde el artista había convertido el sótano de un anexo de la esquina en una “disco break dance” con luces negras, pintura fluorescente, equipo DJ, y organizaba una fiesta cada noche. Fue allí y en Garage donde Soto trabó amistad con Haring quien, a la larga, contrató al adolescente como asistente de su estudio.
Soto no recuerda el momento exacto en que se le ocurrió que Haring debía hacer una pintura en Grace House. El artista sabía que Soto y sus amigos eran voluntarios y pasaban mucho tiempo en el lugar, y Soto recuerda que le preguntó varias veces si podría hacer algo para los chicos. Haring accedió, igual que Mallon, quien decidió que lo mejor era no pedir autorización a la Iglesia. Y así, una noche de invierno, Haring llegó con su lata de café. “Keith era un tipo muy gentil y generoso”, asegura Mallon, quien hoy es profesor en la Escuela Silberman de Trabajo Social en Hunter College. “No pidió nada a cambio”.
Soto recuerda la sensación de que el mural fue un obsequio para todos los jóvenes, en su mayoría pobres, quienes hallaban un espacio seguro en el centro juvenil. “Las figuras proyectan mucho movimiento y alegría cuando subes y bajas por la escalera. Capturó la sensación de Grace House de una manera ultrasimplista. Siempre había chicos que subían y bajaban corriendo por la escalera”.
Soto fue asistente de estudio de Haring durante 18 meses; administraba los suministros de arte, compraba el almuerzo, entregaba cuadros, estiraba lienzos. Pero también se hicieron amigos e ingresó en el círculo social de Haring, donde conoció a Andy Warhol y a las estrellas pop Boy George y Madonna quien, en 1984, interpretó “Like a Virgin” en la fiesta de cumpleaños de Haring vistiendo un atuendo que diseñó el artista, meses antes del lanzamiento del sencillo. Y Soto viajó por primera vez al extranjero cuando Haring tuvo que trabajar en Ámsterdam y París.
Trabajar con Haring fue una experiencia muy estimulante, hasta que Soto se vio “envuelto con las drogas y empezó a holgazanear. Entonces tuve que hacer una pausa y recapacitar… Keith me dio mucho apoyo”, incluso después de que Soto dejó de trabajar para él.
En parte, fue Soto quien inspiró una de las obras públicas más famosas de Haring en la ciudad de Nueva York: el mural “Crack Is Wack” (El crac es una porquería), pintado en 1986 en una pared de la cancha de balonmano abandonada en Harlem River Drive. “Hubo una razón muy personal por la que quise hacer este mural, en particular”, dijo Haring, según la biografía de John Gruen. “En 1984, contraté a un joven asistente de estudio. Era un chico portorriqueño; muy inteligente, la estrella de su escuela, y a punto de ir a la escuela de medicina. Hacía trabajo de voluntario en un centro comunitario católico, y simplemente era una persona buena y maravillosa. Pero poco a poco se volvió adicto al crack… me sentí muy consternado… Pero como también era muy inteligente, estaba desesperado por dejarlo. Al fin, entró en un programa y gracias a Dios se curó”.
Menos de un año después de que Soto dejara las drogas, a fines de la década de 1980, Haring fue diagnosticado con sida. Soto jamás olvidará una de sus últimas visitas antes de la muerte de Haring, en febrero de 1990. El artista estaba cambiándose la camisa en su estudio antes de salir, y Soto vio las lesiones en su espalda. Sabía qué eran, pero se resistía a creerlo, así que preguntó. “Bennnny, vamos”, recuerda que respondió Haring, imitando la impaciencia de su rostro y su voz. “Tengo sida”.
La última vez que Soto vio a Haring, este ya no era el hombre energético que revoloteaba en el estudio o subía casi bailando por la escalera mientras un mural escapaba por su pincel. “Fue devastador verlo… Me sentí tan impotente”, dice Soto quien, aquel día salió llorando del estudio. “Fue muy triste. Era tan joven y talentoso. Creo que habría hecho mucho más”.

Foto:NICK ELGAR/CORBIS/VCG/GETT
VIVIR CON EL MURAL
El mural de Grace House permaneció eminentemente intacto mientras el edificio de cinco pisos se utilizaba para diversos fines a lo largo de los últimos 30 años. La estructura ha sido propiedad de la Iglesia de la Asunción desde hace casi un siglo. Entre 1977 y 2008 o 2009, la Organización Católica para Jóvenes alquiló Grace House para retiros y otros programas para jóvenes; luego, el edificio fue sede de una mezcolanza de organizaciones y actividades, algunas de las cuales persistieron después de que la iglesia comenzó a alquilar las habitaciones como apartamentos, hacia 2013. Desde entonces, ha sido ocupado por un abigarrado grupo multigeneracional de artistas, estudiantes y profesores que comparten los baños y las cocinas.
Robert Savina, diseñador de producción en películas independientes de bajo presupuesto, descubrió Grace House mientras buscaba locaciones. “Sentí una conexión inmediata cuando vi el mural por primera vez”, dijo a Newsweek. Por casualidad, estaba buscando un lugar dónde vivir, y cuando supo que había una habitación disponible en el cuarto piso, “supe que esta sería mi casa”. Ha vivido más de dos años con el mural de Haring y “siempre me energiza. Es una obra de arte muy edificante. Siempre que paso a su lado descubro algo diferente”, como las manchas donde Haring debió iniciar una pincelada con una carga fresca de pintura, dejando que unas gotas corrieran por debajo de los trazos firmes.
Igual que sus vecinos, Savina recibió una carta en abril pidiéndole que se mudara, y en junio, llegó una notificación legal más formal solicitando que desocupara el recinto para el 31 de julio. La única explicación fue una breve mención sobre la “salud financiera” de la iglesia. Mientras los inquilinos se daban prisa y buscaban nuevas viviendas, todos temían por el mural. Les preocupaba que fuera destruido si la iglesia arrendaba o vendía el inmueble.
La iglesia aún no ha revelado sus intenciones. Joseph Zwilling, director de comunicaciones de la Arquidiócesis de Nueva York, dijo a Newsweek: “Aún no se ha decidido el futuro del edificio en cuestión y, por lo tanto, no se ha tomado decisión alguna sobre el propio mural”.
Se han mudado todos menos dos inquilinos —Savina y una joven del quinto piso, llamada Yana Sabeva—, pese a que sus abogados opinan que están protegidos por las leyes de estabilización de alquiler. Aaron Kratzat, un abogado en el Proyecto de Ley Goddard Riverside, dice que los inquilinos de Grace House debieran tener el derecho de permanecer indefinidamente, mas un juez negó a Savina y Sabeva una orden judicial impidiendo que la iglesia inicie el procedimiento de desalojo, y ahora están a la espera de la siguiente acción de la iglesia.
Entre tanto, el mural ha llamado la atención de Mark Levine, concejal de la Ciudad de Nueva York, quien quiere asegurarse de que no puedan arruinar la obra y opina que “la única manera contundente de protegerla es darle carácter de emblemático”. Por ello, ha abordado a la agencia Landmarks Preservation Commission de la ciudad para iniciar el proceso.
Savina ha decidido quedarse, en parte, por el mural. Cree que nadie podrá derribar el edificio mientras él y Sabeva vivan allí.
LOS AMIGOS QUE PERDIERON
Este verano, a más de 30 años de haber pasado sus días en Grace House, Soto regresó para ver lo que llama “el mural olvidado”. Después de que Savina le abrió la puerta, el dúo recorrió el interior. Al llegar al jardín de la azotea, se sentaron y hablaron durante más de una hora sobre la ciudad de Nueva York en la década de 1980; sobre las drogas y la bebida; acerca del sida y los amigos que perdieron; y sobre el mural.
“¿Podemos verlo otra vez?”, preguntó Soto, quien ahora es DJ y promotor de eventos de baile con música electrónica, así que bajaron por la sinuosa escalera. Por debajo de la manga derecha de la camiseta negra de Soto, asoma un tatuaje que Haring le hizo cuando Hanky Panky, el famoso artista del tatuaje, le enseñó a usar una máquina de tatuajes en Ámsterdam. Se ha desvanecido un poco, pero todavía puede apreciarse la conocida figura del “Batman” de Haring, extendiendo su capa con los brazos y con una X en el vientre.
Durante su prolongada despedida junto a la puerta principal, Soto dijo que tal vez Savina podría salvar el trabajo de Haring. “Eres afortunado de tener el mural, pero el mural también es afortunado de tenerte”.
Después de que se alejó el viejo amigo de Haring, Savina cerró la puerta de Grace House y fue a su habitación. Aunque está en el cuarto piso, puedes apostar a que subió por la escalera para dar otro vistazo.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek