Aun cuando personalmente Enrique Peña Nieto —a través de entrevistas, columnas y por redes sociales— insistía en los “beneficios” del encuentro con el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, la opinión pública no compró sus argumentos.
En cada una de sus intervenciones, el mandatario aseguró que su prioridad es “proteger a los mexicanos, abogar por sus derechos, defender su vida y su dignidad donde quiera que estén”.
Insistió que en su reunión con el magnate le hizo saber la enorme aportación que México hace a la economía de Estados Unidos; que los mexicanos “nos sentimos muy agraviados y dolidos por sus pronunciamientos”, y —lo más importante— que fue claro al señalarle que México “no pagará por ningún muro”.
Sin embargo, esa firmeza no se observó en la conferencia de prensa conjunta. Por eso en la ciudadanía quedó la imagen de un mandatario débil, sometido, falto de valor y que calificó la presencia del empresario en la residencia oficial como una “burla” y una “ofensa” para México.
Sin embargo, lo que más dolió a la administración del mexiquense fueron las burlas y los cuestionamientos en el ámbito internacional. Los medios estadounidenses y de otros países coincidieron: Peña Nieto y su administración fueron “utilizados” por Trump en su estrategia de campaña.
Así, por más que lo negaron, desde Los Pinos tuvieron que aceptarlo: se cometió un “error histórico” y debía haber consecuencias.
VIDEGARAY, EN EL OJO DEL HURACÁN
Después de la tempestad… no vino la calma. Por el contrario, el recuento de los daños permitió identificar con nombre y apellido al responsable de traer a territorio mexicano a ese “huracán”: Luis Videgaray Caso.
Fue el poderoso secretario de Hacienda, considerado dentro del propio gobierno como una especie de “virrey”, “vicepresidente” o “jefe de gabinete”, quien habló al oído de Peña Nieto y lo convenció de los “beneficios” de invitar a México a Donald Trump.
Le advirtió que no acercarse a quien en noviembre puede convertirse en el mandatario de la nación más poderosa del mundo podría provocar una “catástrofe financiera” y le susurró que la reunión le permitiría convencer al empresario de matizar su postura antiinmigrante y antimexicana.
La estrategia fue diseñada y operada a espaldas de la secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, quien se enteró mientras se encontraba en Milwaukee.
Tampoco sabía nada el titular de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien trató de persuadir al primer mandatario bajo el argumento de que era preferible cancelar y pagar los costos del desaire, a exponerse a un candidato caracterizado por su incongruencia y por ser un manipulador.
El gobierno de Barack Obama tampoco conocía los planes. Hasta El final, la embajadora Roberta Jacobson recibió una notificación del Servicio Secreto que le pedía información de seguridad ante una “próxima visita” de una persona de “alto perfil”. Fue el martes 6 de septiembre cuando la diplomática tuvo la confirmación de que Trump llegaría a México al día siguiente.
Ciego y sordo a las opiniones contrarias, Peña Nieto siguió con el plan. Las consecuencias son sabidas por todos: no solo le llovieron críticas y reclamos airados de la oposición y hasta de sus propios correligionarios priistas, sino que recibió la indignación social. La desaprobación a su gestión, ya de por sí preocupante, se aceleró.
Muy a su pesar, en una reunión privada en Los Pinos, la noche del martes 6 de septiembre, aceptó la dimisión de su consejero y amigo, de quien era visto como el hombre más poderoso y el “cerebro” de su administración.
Así se produjo el adiós de quien fue reconocido como el ministro de Finanzas del año por la revista “Euromoney” en 2014, y ministro de Finanzas del año, Global y en las Américas por la revista “The Banker”. De esta forma, se esfumaron los sueños de quien se veía como una de las cartas más fuertes en la sucesión presidencial de 2018.
COMPAÑEROS DE TEMPESTADES
Luis Videgaray estudió economía en el Instituto Tecnológico de México (ITAM) al mismo tiempo que cursaba derecho en la Universidad Autónoma de México (UNAM).
Como estudiante conoció a Carlos Sales, su primer jefe, quien lo llevó a trabajar en la oficina de Pedro Aspe, el secretario de Hacienda del gobierno de Carlos Salinas de Gortari.
Becado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), viajó a estudiar un doctorado en economía con especialidad en finanzas públicas en el Massachusetts Institute of Technology (MIT).
A su regreso al país, en 1998, se incorporó a Protego, una consultoría de servicios financieros fundada por Pedro Aspe, quien estaba alejado de los cargos públicos después del “error de diciembre” que provocó la crisis económico-financiera de 1995.
Aspe invitó a Videgaray a ocupar un puesto directivo para encargarse de las negociaciones de las deudas públicas de diversos gobiernos locales. En 2003, Arturo Montiel, gobernador del Estado de México, solicitó los servicios de la consultoría.
Fue entonces cuando Videgaray conoció al coordinador del PRI en el Congreso mexiquense, Enrique Peña Nieto, con quien diseñó la estrategia para convencer a la oposición de modificar la ley de deuda y así proceder a su reestructura.
A partir de entonces iniciaron una amistad. Peña Nieto ganó la gubernatura en 2005 y Videgaray se convirtió en su secretario de Finanzas. Luego en su coordinador de campaña para la presidencia, coordinador del equipo de transición, ideólogo del Pacto por México, promotor de las reformas estructurales… y en el causante de dinamitar la poca credibilidad que le quedaba a este gobierno y a su presidente.
Desde el miércoles 7 de septiembre fue sustituido por José Antonio Meade, el apagafuegos transexenal.
¿LA RECONSTRUCCIÓN TRAS LA TEMPESTAD?
José Antonio Meade es el político en activo que más secretarías ha ocupado. Ha sobrevivido a la alternancia y es transexenal.
En el gobierno del panista Felipe Calderón Hinojosa fungió como secretario de Energía y luego como titular de Hacienda. Ya con Peña Nieto fue canciller de diciembre de 2012 a agosto de 2015, luego secretario de Desarrollo Social y, ahora, nuevamente responsable de las finanzas públicas del país.
Asumió esta responsabilidad en la víspera de la presentación del Paquete Económico 2017 que no preparó pero que tuvo que hacer propio para defenderlo ante la Cámara de Diputados.
Los mercados así como la iniciativa privada vieron bien su nombramiento y le dieron la bienvenida.
Caso contrario al de Luis Enrique Miranda, nuevo responsable de la Sedesol, cuyo principal mérito es ser uno de los operadores políticos más cercanos a Peña Nieto desde que este fue gobernador del Estado de México.
Abogado por la Universidad Isidro Fabela, inició su actividad política en la administración del gobernador Arturo Montiel Rojas, donde ocupó los cargos de director jurídico, subsecretario de Asuntos Jurídicos y, finalmente, secretario de Administración y Finanzas.
En el ínter, en 2006, fue postulado por el PRI y el PVEM como su candidato a la presidencia municipal de Toluca, pero fue derrotado por el panista Juan Rodolfo Sánchez Gómez.
En la administración de Peña Nieto como mandatario mexiquense fue nombrado subsecretario de Gobierno y se convirtió en secretario de Gobierno tras la renuncia de Humberto Benítez Treviño.
Cuando el mexiquense ganó las elecciones federales de 2012, fue nombrado vicecoordinador político del equipo de transición y el 4 de diciembre del mismo año asumió el cargo de subsecretario de Gobierno en Gobernación, cargo que ocupó hasta el miércoles 7 de septiembre.
A él se le atribuye el fortalecimiento de la CNTE cuando la disidencia magisterial parecía derrotada. Miranda Nava encabezó las negociaciones, y con tal de que los maestros frenaran sus protestas, les ofreció pagarles los salarios que se les descontaron por faltar a clases. Incluso, se dice que prometió que la reforma educativa no se aplicaría en Chiapas durante la administración de Manuel Velasco.
De esta forma, el recuento de los daños que provocó el “huracán Trump” dejó al presidente Peña Nieto como el principal damnificado. Huérfano de su amigo y consejero; confrontado con su propio partido que no está dispuesto a avalar sus iniciativas ante el costo político que representan (entiéndase matrimonios igualitarios y despenalización de la marihuana); con una popularidad en caída libre, y víctima del canibalismo por el juego de la sucesión.
Todo ello precipitado por una mala decisión de quien era su hombre de mayor confianza y que, a la postre, se convertiría en su verdugo.