HACE TRES AÑOS Jeff Bezos anunció que, a la larga, los drones entregarían las órdenes de Amazon. Este año compró el servicio de inteligencia artificial de Amazon (Alexa), el cual tiene la suficiente capacidad de reconocimiento de habla para permitirte decir: “Alexa, de verdad necesito una máquina para hacer conos de gofre”, y de inmediato te conecta en línea con tu carrito de compras Amazon, aunque nadie en el mundo necesita una máquina para hacer conos de gofre.
Estas dos tecnologías —drones y la nube de inteligencia artificial— hoy nos resultan emocionales, aunque son obras en proceso que avanzan a trompicones. Sin embargo, en los próximos años Amazon o alguna otra compañía terminará por reunirlas y así, finalmente, evolucionarán en una tecnología que pueda volverse tan significativa para la humanidad como los perros adiestrados.
En este momento, los drones han sido más publicitados que una colección de modas de Kanye West. A fines de agosto, la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés) implementó reglas para que las empresas sepan cómo operar sus drones dentro de la ley. La postura proinnovación de la FAA desató una oleada de entusiasmo por los drones, incluyendo predicciones de que 600 000 drones comerciales estarían operando en Estados Unidos en menos de un año, creando 100 000 empleos y, seguramente, inspirando millones de presentaciones PowerPoint proponiendo negocios con drones.
Es más, ya estamos viendo drones que graban videos de bienes raíces, tirando de banderines publicitarios sobre el populacho, y escaneando cultivos para agricultores. En el último año, las ventas de drones se han duplicado, y la inversión enstartupsque fabrican estos aparatos se elevó a 1000 millones de dólares.
Con todo, los drones siguen siendo una tecnología marginal. Son herramientas para especialistas o juguetes para niños grandes que quieren sobrevolar la playa haciendo vídeos de mujeres en bikini. La mayoría rara vez encontramos un dron y tenemos una idea práctica de qué hacer con uno. “Todavía hay un montón de retos qué superar como industria para demostrar el valor de los drones, incluso fuera del ambiente normativo”, dijo Gretchen West, consultora de drones en Silicon Valley, en entrevista conLos Angeles Times.
Y es que la gran limitación de los drones es muy evidente: son bastante tontos.
Claro está, los más caros están plagados de chips de cómputo, GPS ysoftwarepara evitar colisiones. Pero una persona tiene que volarlo, ya sea visualmente o mirando el video que transmite la cámara del dron a la pantalla delsmartphone.De hecho, las nuevas reglas de FAA establecen que el dron debe permanecer dentro de la línea visual del operador, porque la agencia considera que los drones con piloto automático no han sido probados y son imprevisibles. Esa limitación significa que, probablemente, ningún dron repartidor podrá llevarte un cartucho de tinta para impresora —o una dosis de cannabis de emergencia— al otro lado de la ciudad.
Pero una vez que los drones estén cargados con tecnologías sofisticadas de inteligencia artificial y para reconocimiento de voz, los humanos no tendrán que guiarlos. Mejor todavía, semejante dron operaría casi como tu perro cuando va a recoger el periódico (para los lectores milenarios, un periódico son noticias que se imprimían en papel de verdad, y que un niño en bicicleta lanzaba al jardín de la entrada en cada casa del barrio en los suburbios; y sí, era una locura).
Piensa un instante en la manera como el perro realiza esta tarea. Primero, lo entrenas mostrándole lo que quieres que haga; esto no requiere de codificación. Después, le dices: “Max,ve por el periódico”. El perro ya sabe cómo es el periódico y puede buscarlo, bien en el porche o en un arbusto. El perro recoge el periódico, sabe cuál es tu aspecto y cuál es la distribución de la casa, así que te busca y suelta el periódico a tus pies. Es una secuencia compleja de eventos, y actualmente ningún dron es capaz de hacer algo parecido.
Pero ponle inteligencia artificial a un dron casero, e imagina cómo afectaría la manera como hacemos las cosas. Digamos que lo llamasMax. Podrías decirle: “Max,ve a buscar la medicina de papi a la farmacia” (si la farmacia sabe lo que le conviene, mañana pondrá una ventana de servicio para drones). Y sabría a dónde ir y cómo regresar a casa. O un dron con inteligencia artificial podría operar como perro guardián. Al oír un ruido afuera, le dirás: “Max,ve a ver qué sucede”. Saldría volando a recorrer el perímetro y sabría que la persona que mira por tu ventana es un desconocido y no tu suegra. Incluso podría llamar al número de emergencias. Si a esas vamos,Maxel dron podría vigilar tu casa cuando sales, como un centinela volador. Algunasstartupsya están trabajando en tecnologías como esa; aun en la modalidadstealth,por ello prometí que no hablaría mucho del asunto.
Aunque las ideas de drones personales con inteligencia canina tienen entusiasmados a los empresarios de tecnología, la verdadera acción estará en los drones comerciales con inteligencia artificial, los cuales podrían afectar casi todas las industrias. Si los drones van a repartir los paquetes de Amazon, las pizzas de Domino’s, o el correo rural del servicio postal de Canadá —y existen planes para eso—, tendrán que ser capaces de navegar espacios, evitar a las personas y reconocer cosas mucho mejor que los perros. Los trabajadores de emergencias podrían enviar una flota de drones de inteligencia artificial a una zona de inundación para buscar, de manera autónoma, a las personas que necesitan ayuda. Estos drones podrían recorrer rápidamente un sitio de construcción, llevando a los obreros las refacciones y herramientas que hayan pedido con la voz. Un futurista incluso imagina drones diminutos que trabajen conjuntamente para polinizar un huerto, haciendo el trabajo de las abejas. Las posibilidades parecen ilimitadas.
Ya está emergiendo la tecnología para crear los drones con inteligencia artificial. Estos aparatos se vuelven cada vez más inteligentes. El mayor fabricante de drones, la empresa china DJI, lanzó hace poco su Phantom 4, el cual puede reconocer algunos objetos y aprender a seguir por su cuenta a un humano que camina (¡como un perro!). Otra compañía, AirMap, está recogiendo datos de todo el espacio aéreo del planeta, para que cualquier dron pueda referenciar esos datos y saber a dónde puede ir o no, por razones como privacidad, seguridad o protección. Y ya que la inteligencia artificial —como Alexis o el Watson de IBM— residirá en la nube, los drones con conectividad inalámbrica de alta velocidad podrán volverse inteligentes “al vuelo” utilizando unsoftwareque aprende continuamente de todos los otros drones que usan el mismo servicio. En otras palabras, cuando los drones empiecen a aprender, aprenderán bien rápido; como un perro que instantáneamente podría saber lo que todos los otros perros ya saben.
La única interrogante es: ¿quién será el primero que haga funcionar esto en el mercado masivo? ¿Amazon? ¿Google? ¿O tal vez una compañía de China o India, donde hay menos restricciones oficiales para los drones? Japón lleva la delantera en el desarrollo de robots con inteligencia artificial empáticos que pueden establecer vínculos y colaborar en el cuidado de su población cada vez más añosa. Solo ponles hélices y ya tienes un dron acompañante.
Más vale que los perros se cuiden porque esto del “mejor amigo del hombre” empieza a parecer tan anticuado como el niño del periódico.
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Publicado en cooperación conNewsweek/ Published in cooperation withNewsweek