El poder paralelo de los grupos criminales en AL

IOAN GRILLO llegó a vivir a México en el año 2000, un día antes de la toma de posesión de Vicente Fox como presidente. Cuando salió de su natal Reino Unido lo hizo con la intención de ejercer el periodismo en América Latina atraído por la concepción romántica de la Guerra Fría y las guerrillas de izquierda. Empero, con lo que se encontró fue con un México y otros países en un punto histórico de cambio, pues ya habían concluido la mayoría de las dictaduras y se vivían importantes cambios del autoritarismo a la democracia. Además de una relevante presencia del narcotráfico y las drogas.

“En Inglaterra había mucho consumo de droga”, explica Grillo en entrevista con Newsweek en Español. “Yo fui adolescente en los años 80 y 90 y crecí en un ambiente con jóvenes que no solamente usaban hachís, sino también heroína, cocaína, éxtasis, y supe de unos cuatro que murieron de sobredosis cuando yo tenía entre 16 y 20 años. Por eso cuando llegué a México me llamó mucha la atención la cuestión de las drogas y su conexión con los países consumidores como los de Europa y Estados Unidos”.

Por ese motivo sus primeros trabajos como periodista en esta parte del mundo fueron reportajes relacionados con los cárteles del narcotráfico de México; recorrió zonas conflictivas como Tamaulipas, Texas, Nuevo Laredo, Sinaloa, Durango, Chihuahua, Guerrero y Michoacán para conocer de cerca la violencia de los gatilleros y pandilleros del crimen organizado y examinar cómo el narcotráfico amenazaba fuertemente la endeble democracia mexicana.

El conocimiento acumulado en su primera década en México lo publicó en el libro El narco, una obra de gran trascendencia que vio la luz en 2011 y que fue traducido a cinco idiomas, incluido el japonés. Ahora, Ioan Grillo presenta Caudillos del crimen, el cual pretende examinar la delincuencia organizada no solo de México, sino de América Latina. Publicado por el sello editorial Grijalbo, Caudillos… hace un recorrido por diversos campos de batalla de la región y se adentra en los dominios de cuatro de las organizaciones criminales más poderosas: el Comando Rojo, en Brasil; el Shower Posse, en Jamaica; la Mara Salvatrucha, en Centroamérica; y los Caballeros Templarios, en México.

FOTO: ANTONIO CRUZ/NW NOTICIAS

“Este segundo libro sigue la misma línea: entender los conflictos, qué significa todo esto, por qué hay tanta violencia. Si lo vemos en conjunto, en América Latina durante diez años hubo más de un millón de homicidios, algo extraordinario. Y de las 50 ciudades más violentas del mundo en términos de homicidios, 43 se encuentran en la región. ¿Por qué? En muchas partes del mundo está bajando la violencia, pero aquí está aumentando. Esa es parte de la investigación”.

Las cuatro organizaciones aludidas se erigen como desconcertantes redes posmodernas que mezclan pandillas, mafias, escuadrones de la muerte, cultos religiosos y guerrillas urbanas que tienen empapada de sangre a América Latina en plenos albores del siglo XXI.

Explica Grillo: “Todos esos grupos tienen historias y raíces que varían mucho. Los del Shower Posse en Jamaica empiezan como gatilleros políticos en los años 70. La Mara Salvatrucha comienza como una pandilla callejera en Los Ángeles en los años 80. El Comando Rojo arranca cuando se juntan presos políticos y delincuentes comunes bajo la dictadura militar de Brasil en los años 70. Los Templarios empiezan como traficantes en los años 80. Tienen raíces diferentes, pero si vemos la realidad, son muy parecidos. Si entras en la favela de Brasil, controlada por el Comando Rojo, la primera cosa que ves es el control del territorio. Igualmente pasa con los Templarios en los pueblos de Michoacán, su territorio es muy definido, lo controlan con halcones, aunque en Brasil son más abiertos, están a la vista con radios y armas”.

Otra característica que los identifica son sus comandos de la muerte: “En México les decimos sicarios, en Brasil les dicen soldados, en Jamaica son los shottas, y todos hacen la misma función, son matones entrenados, reclutados bajo estructuras de la muerte. Y todos tienen sus negocios que incluyen, más que el narcotráfico y la producción de droga, una gran diversidad de delitos, como en Michoacán, en donde los Templarios controlan más de cien minas de hierro y empresas de aguacate, limón, carnicerías, negocios de extorsión con nexos políticos”.

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—¿Por qué elegiste, Ioan, particularmente estos cuatro grupos como materia de investigación?

—Hay muchos grupos, pero estos son emblemáticos. El Comando Rojo representa las favelas, que son los barrios más emblemáticos de Latinoamérica; yo entré en una favela, en una fiesta, y están los miembros del Comando bailando con sus armas y vendiendo drogas en las mesas. En el caso de Jamaica lo veo mucho por la cuestión política, el líder del Shower Posse, [Christopher] Dudus Coke, se autonombra “presidente”, y tiene un poder político muy fuerte, gatilleros que controlan los barrios y entregan los votos a los políticos. El primer ministro de Jamaica salió de la misma zona del capo y le pidió los votos; y cuando Estados Unidos exigió la extradición de este capo, el primer ministro buscó excusas, logró una crisis política, hasta que finalmente se consiguió la extradición.

“Por su parte, en la Mara Salvatrucha es muy emblemática la cuestión de la juventud, al entrar muchos son muy jóvenes, niños, y son matones. Visité cárceles en Honduras donde están recluidos y hay matones vigilando que no vayan a ser atacados por otras pandillas, por la MS-13, desde fuera. Y los Templarios son emblemáticos en la cuestión de la fe, Nazario Moreno se pone como un santo, pero es una farsa; mas es importante la cuestión de las creencias y cómo actúan como una guerrilla, hasta tomar la economía de Michoacán”.

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—¿Qué condiciones permiten la influencia de estos grupos?

—Las condiciones que los empujan parten del narcotráfico. Este gran negocio, según la ONU, genera 320 000 millones de dólares cada año en el mundo, y ese gran dinero lo alimenta todo. También, en el cambio de los gobiernos autoritarios a las democracias en América Latina, en la mayoría de las casos hubo fallas al construir los sistemas de justicia, pues hay gran impunidad, en muchas partes no funcionan las policías, ni los juicios, ni las cárceles. Estos sicarios matan una o dos o 50 o 100 personas y siguen impunes. Empero, en estos espacios los grupos imponen el orden. En Brasil, cuando en la favela violan a una mujer, en lugar de ir a la policía van con el Comando, este reúne al acusado y a la acusadora, escucha y se pronuncia: si lo golpearán, lo matarán o lo exiliarán. Todo es parte de un poder paralelo. No un gobierno, sino un poder paralelo.

—¿Cómo logrará el Estado liberarse de estos caudillos del crimen?

—Las soluciones las veo en tres áreas. Uno es la reforma de la política de las drogas, estamos en el momento histórico de aceptar que existen; esa política reducirá drásticamente la ganancia de los cárteles. Segundo, construir un sistema de justicia funcional; en México, por ejemplo, construir nuevas fuerzas policiacas donde participen empresarios, académicos, personas que nunca han sido policías. Y lo último es tomar muy en serio la prevención del crimen entre los jóvenes, creando una sociedad más justa y con más recursos y voluntad de parte del Estado para apoyar programas sociales que cambien la perspectiva juvenil.