El pasado domingo 5 de junio fuimos testigos de una verdadera felpa, una que la ciudadanía le propinó al Partido Revolucionario Institucional. Dadas las expectativas que poseía su presidente, Manlio Fabio Beltrones, el resultado de la jornada comicial es un absoluto fracaso para el PRI; pensar que podría haberles ido peor sería un falso consuelo, pues la sociedad los molió a votos, y como los votos no se califican, sino que se cuentan, la paliza es histórica.
Considero que la sociedad manifestó en las urnas su tremendo hartazgo ante la voraz corrupción de los gobernantes, así como ante la impunidad reinante que les permite enriquecerse ilícitamente sin ninguna consecuencia. Y nótese que hablo de la clase política en general, pues aunque el Partido Acción Nacional fue el mayor beneficiado en esta contienda, me parece que el verdadero triunfo se lo llevó la alternancia, pues fue la constante en la mayoría de las entidades federativas.
Me parece que el PAN corrió con la gran fortuna de ser el principal partido de oposición en buena parte de las entidades en donde se renovó la gubernatura, pues captó el voto de castigo que se cruzó en contra de los malos gobiernos. En opinión de su columnista, la sociedad no votó a favor de Acción Nacional, sino en contra de la corrupción, el abuso, el descaro, la ineficiencia, la pésima administración, la impunidad, la ausencia de resultados y de todo lo demás que hoy representan los malos gobiernos, priistas fundamentalmente.
Igual opino que el PAN lo sabe, pues ni ellos esperaban ganar lo que ganaron. Si ya realizaron un análisis sensato de lo sucedido, se darán cuenta de que el fervor blanquiazul no se incrementó en el país, sino que les cayó de rebote el desprestigio tricolor. Eso sí, tienen de nuevo en sus manos una gran oportunidad, la opción de demostrar que aprendieron la lección y que pueden gobernar de mejor manera que antaño y que los priistas. De no hacerlo, terminarán como Borge y los Duartes —por citar algunos— en unos cuantos años; la pelota está pues en su cancha.
Leí de algunos periodistas que la derrota no debía asignársele al presidente Peña Nieto, sino a los gobernadores derrotados, puesto que los pillos habían sido ellos y no el primer mandatario del país. Sin duda que el gran desprestigio y la ineficiencia de los gobernadores caídos resultó un factor esencial en la toma de decisiones de la ciudadanía, por supuesto que votaron en contra de todo eso que representan los que ya pronto se irán, pero sí discrepo de la visión de separar las culpas, pues el daño es generalizado para todo el PRI, y la cabeza del partido se llama Enrique Peña Nieto.
El presidente Peña es tan culpable como los impresentables gobernadores de su partido, pero no porque les haya auxiliado a robar con tal descaro y a burlarse de la ciudadanía, sino por haberlos tolerado durante años. Si bien fueron ellos quienes convirtieron a sus estados en agujeros políticos, fue el presidente Peña Nieto quien decidió no hacer nada para evitarlo o remediarlo. Dice la sabiduría popular que “tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata”; y por eso ahora les toca repartirse los daños.
El PRI quedó muy mal parado hacia 2018, tiene todo en contra para intentar conservar el gobierno federal. Aún así, creo que si el presidente Peña se decidiera a dar un fuerte golpe de timón, aún podría rescatar un tanto de esa percepción negativa ciudadana que ahora lo rechazó.
¿Por qué no pensar en que el gobierno federal se adelante a Corral, Yunes, Joaquín y compañía, por citar algunos, y les arrebate el ejercicio de la justicia en contra de lo peor que tiene el PRI, de tal forma que al llegar los nuevos gobernadores, los asuntos ya estén concluidos o en proceso? Creo que se recuperaría un tanto del bono democrático perdido, a la par de otras acciones de impacto.
Cierto que lo ya hecho, hecho está, pero sí puede el presidente decidir entre trabajar para modificar en algo esa percepción ciudadana negativa de aquí a 2018, o bien, ignorar el llamado de la ciudadanía y dejarse llevar por la marea hasta el final de su sexenio.
Pronto sabremos de qué tamaño serán la reacción y las decisiones de nuestro presidente.
Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una alternativa de análisis, pero extraer el valor agregado le corresponde a usted.