La democracia en el valle de los ausentes

GUADALUPE, CHIH.— Hace un año, en el conteo intermedio del Inegi que le tocó coordinar, Mireya Amaro obtuvo el registro preciso de los efectos que dejaron en el municipio la violencia y la crisis económica. Siete de cada diez habitantes huyeron para salvaguardar sus vidas. Algunos de ellos retornaron fugazmente el domingo 5 de junio para ejercer el voto, animados por la idea de un cambio político que finalmente no sucedió. El PRI triunfó, aunque en el mapa estatal los 1187 sufragios que obtuvo por la gubernatura no tuvieron relevancia.

“Lo que cuenta no es quién gane o quién pierda, sino que la gente se animó a regresar, aunque sea por un día, para votar”, dice Amaro, quien esta vez fungió como secretaria general del Consejo Municipal Electoral. “Aunque parezca poco el movimiento, créame que es notable respecto a la elección pasada, cuando de plano no se veía a casi nadie en las casillas y menos en la calle. Esta vez el factor del miedo no pesa tanto, o al menos no se nota tanto como el ánimo de expresarse en las urnas”.

Guadalupe es un municipio ubicado al oriente de Ciudad Juárez, que colinda con los condados de Hudspeth, Jeff Davis y Presidio, Texas. En 2005 contaba con poco más de 9000 habitantes, que antes de 2010 comenzaron la estampida en medio de cientos de asesinatos y desapariciones forzadas que terminaron convirtiéndolo en la región más devastada, cuando Chihuahua encabezó la lista de entidades con mayor índice criminal.

Las causas oficiales de la desgracia señalan que aquí, más que en ninguna otra parte, se libró una batalla de proporciones épicas entre los “cárteles” de Juárez y Sinaloa por el control de una frontera de casi 250 kilómetros. Pero desde el asesinato en enero de 2010 de la primera activista de Chihuahua, Josefina Reyes Salazar, los pobladores han señalado que los homicidios y desapariciones fueron cometidos por militares, agentes federales o la célula criminal que ambas instituciones protegieron hasta 2014.

La densidad poblacional en un municipio con más de 6000 kilómetros cuadrados de superficie, aglutinó al 90 por ciento de sus habitantes en la cabecera y sus alrededores, pegados al río Bravo, y convirtió la agricultura en el principal motor de su economía. Las políticas de gobierno emprendidas desde la década de 1980, terminaron sin embargo sometiéndola a nuevos ritmos comerciales. Los años siguientes, el trasiego de droga hacia Estados Unidos sería más que evidente, pero el estallido de violencia obedeció a otras causas.

En su inmensidad, Guadalupe posee reservas de gas esquisto, petróleo y agua. Esa es, también, la región proyectada para la introducción de la nueva red de gasoductos que irán hasta Topolobampo, en las costas del Pacífico, y el punto nodal en Aldama, al sur de Chihuahua, desde donde saldrá el suministro del combustible a casi la tercera parte del territorio nacional. Para los años siguientes se avizoran carreteras y vías ferroviarias, que eventualmente quedarán conectadas al más reciente cruce internacional que poseen México y Estados Unidos, el Guadalupe-Tornillo, inaugurado en febrero por Enrique Peña Nieto.

“Nuestra desgracia, si hablamos en términos electorales, en términos de la democracia, es que estamos impedidos para salir de los Estados Unidos para ir, aunque sea un día, y votar. Así que nosotros desde acá vimos con cierta impotencia las elecciones y lo único que nos queda de satisfacción y de esperanza, es que vimos perder al PRI el gobierno de Chihuahua”, dice Martín Huéramo desde su exilio en Fabens, Texas.

Huéramo era regidor en 2009, el año en que dos de sus compañeras de Cabildo fueron asesinadas a tiros. En ambos casos, dice que estuvieron implicados militares.

“Los cabos que atamos es que, cuando desaparecieron a alguien, cuando asesinaron a alguien, siempre, siempre los militares llegaron antes y esculcaron la casa. […] En el valle no hubo enfrentamientos. Todos fueron asesinados a sangre fría”, ha dicho en el pasado Huéramo, quien abandonó Guadalupe, junto con su familia, en enero de 2011. Ese día recibió una llamada telefónica para decirle que lo matarían si no se iba en 24 horas. Dos de sus cuñados y un sobrino habían sido acribillados previamente por paramilitares.

La gente acude a votar al Valle de Guadalupe. Foto: Ricardo Muñoz.

El PAN, que retornará al poder estatal después de 24 años, logró mayor cantidad de votos de los que obtuvo en el pasado en este municipio. De los aproximadamente 2000 electores que acudieron a las urnas [ 41 por ciento del padrón total], se hizo de 759 sufragios, equivalentes al 31.6 por ciento.

El PRI refrendó la alcaldía. La razón puede obedecer a que la mayoría de los votantes forman parte de la burocracia local o dependen indirectamente de ella. El otro factor, es que nadie olvida la andanada de militares y federales enviados por Felipe Calderón.

Pero el problema en el valle no es sólo de carácter criminal ni de violencia. Con ello sobrevino una crisis brutal, que explica la permanencia de unos 1000 individuos atados de alguna forma al presupuesto municipal. Guadalupe es sólo uno de múltiples poblados expandidos por Chihuahua con esa combinación de desgracia.

“Gobernar bajo tales circunstancias supondrá una labor extremadamente difícil”, dice Víctor Quintana sobre el futuro administrativo que aguarda a Javier Corral. “Va a recibir un gobierno con un agujero de 5000 millones de pesos anuales. Un gobierno quebrado con 10 000 millones de pesos de deuda a proveedores. Esto requiere un gobierno sumamente honesto, austero y con una comunicación continua con la ciudadanía, una comunicación muy claridosa y esencial en la que se diga puntualmente lo que se hará para sobrellevar esa deuda enorme que se tiene”.

Quintana enfrenta su propio juicio para ser expulsado de Morena, el partido que dirigió en Chihuahua hasta su adhesión a la Alianza Ciudadana convocada por Corral al comienzo de la campaña. Él es, al mismo tiempo, el primero de los políticos de izquierda que señaló el sistema de terror confeccionado para despoblar los municipios de Guadalupe, Praxedis G. Guerrero y Ahumada en el contexto de la reforma energética. Tantos intereses tocados, que invariablemente alcanzan al gobernador César Duarte, dice, forzosamente generan reacciones desde el momento mismo de conocerse el resultado de la jornada electoral. Y eso dota de nuevos desafíos al ejercicio que tendrá el panista una vez que asuma el poder.

Corral decidió no hacer campaña en el valle. Es algo que ni siquiera se contempló, dice Enrique Torres, su jefe de prensa en Ciudad Juárez. Uno de los factores a considerar fue la seguridad.

Meses antes, en enero, se reunió sin embargo con Huéramo y el resto de pobladores de Guadalupe, refugiados en Texas. Todos ellos integran la asociación Mexicanos en Exilio, mediante la cual buscan asesoría y apoyo legal mientras se define su estatus migratorio. Lo buscaron en su calidad de senador, porque supieron que el PRI los afilió de manera arbitraria.

“Entre los afiliados por el PRI figuran 87 desplazados, 16 asesinados, 8 víctimas de desaparición forzada, 5 miembros de la familia Reyes Salazar y otro tanto acusados de narcotráfico”, dice Huéramo. “En total, de Guadalupe habemos 121 afiliados bajo ese método. Por eso buscamos a Javier, como senador, no como candidato. Y ya después medio nos entusiasmamos con su candidatura, porque fue el único que dijo que si llegaba a gobernar enjuiciaría a Duarte. Y si eso se da, entonces se tendría que llamar a cuentas también a Calderón, que es, en origen, el responsable de este ciclo de terror que se estableció en el valle y todo Chihuahua”.

La plaza central de Guadalupe tenía algo de vida el domingo del proceso electoral. Había unas cinco personas sentadas bajo la sombra de árboles inmensos. La presidencia municipal estaba cerrada, lo mismo que la comandancia de policía, cuyos dos últimos comandantes fueron asesinados en meses pasados. Hace un año, el alcalde mandó pintar con colores chillantes comercios y viviendas, para que César Duarte, el gobernador, viera algo de vida en las calles.

¿Tiene sentido ejercer el voto en una realidad tan estrujante?, pregunto a Víctor Luque, el único médico que decidió permanecer en el municipio durante los años más letales. “El voto siempre tiene sentido —responde. Vivimos en una democracia y ejercer nuestro derecho al voto se reduce a una palabra, cuando se sufre lo que hemos sufrido: cambio”.

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