El Dr. Carlos A. Pérez Ricart, profesor-investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), presentó su más reciente obra titulada: “La violencia vino del norte: Cómo el flujo de armas desde Estados Unidos alimenta la violencia en México” (Debate, 2025). La presentación se llevó a cabo en la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA), en el marco de las XVII Jornadas Académicas del Posgrado de Ciencias Sociales y Humanidades.
En su investigación, el académico analiza un punto de inflexión histórico: la firma de la Ley de Protección del Comercio Lícito de Armas por el expresidente George W. Bush en octubre de 2005. Según Pérez Ricart, esta legislación facilitó el comercio de armamento hacia territorio mexicano, convirtiéndose en la condición necesaria detrás de la escalada de violencia que ha marcado al país durante las últimas dos décadas.
“La violencia vino del norte es, en una frase, la búsqueda por reconstruir una relación causal; entender cómo un factor explica un resultado. ¿Cómo se transitó de un proceso desregulatorio en Estados Unidos entre 2004 y 2005 hacia la violencia actual? Lo único que hace este libro es construir ese argumento, no me interesaba más” explicó.
A partir de ello, el autor rastrea un flujo de armas impulsado por una política de permisividad que ha transformado la industria estadounidense: mientras que en el año 2000 se producían 3 millones de armas de fuego, para el 2015 la cifra se disparó a 15 millones.
A la par, el tráfico de armas crece sin ningún freno hacia México y ello permite expandir el catálogo de delitos de grupos del crimen organizado; cuando antes principalmente se practicaba narcomenudeo y la piratería, ahora se desarrolla la extorsión, el secuestro, etc. Un mayor tráfico de armas hacia México posibilitó la expansión de estos grupos.
“Un muchacho promedio de Texas que no puede comprar cigarros o cerveza, sí puede comprar un cuerno de chivo por 350 dólares. Puede repetir el proceso en Tucson, Calexico y a otras ciudades con diferentes armas, puede meterlas todas en la cajuela de su automóvil, llevarlos a México y venderlos al doble” ejemplificó.
A través de referencias, ejemplos y estadísticas, Pérez Ricart comprueba en 232 páginas -según sus propias palabras- que “La tormenta no se gestó en México, sino al otro lado de la frontera. Fue allá donde se desmanteló el sistema de control. Fue allá donde se vendieron las armas que aquí matan. Fue allá donde se protegió con leyes y cabildeos, a quienes lucran con el desastre”.