Llegar al Carnegie Hall no es un chiste

El viaje desde Burlington, Vermont, hasta el Upper West Side
de Manhattan tarda alrededor de seis horas, algo que Rowan Bauman Swain, de 16
años, conoce demasiado bien. Rowan, su hermana menor y su madre, Heather, han
hecho ese viaje redondo los fines de semana de septiembre a mayo durante los
últimos cinco años. Salen de Vermont la tarde del viernes, tan pronto como
terminan las clases en la escuela privada donde Heather es maestra, y pasan la
noche con familiares o amigos en Nueva York para estar descansadas la mañana
del sábado. A las 19:00 horas del sábado —menos de 24 horas después de su
arribo— toman el camino de vuelta a Burlington y llegan a casa a la una de la
madrugada del domingo.

“Todos los años, mi familia revalúa nuestro compromiso”, dice
Rowan, pero ella y su madre creen que continuarán hasta que se gradúe de la
preparatoria. La “División Preuniversitaria de Juilliard no tiene paralelo”, asegura
Heather.

Parte del conservatorio de arte con renombre mundial, la
Preuniversitaria no es para aficionados ocasionales; el programa solo admite a
estudiantes que tienen el talento para una carrera musical, como Rowan, una
chelista. Los graduados incluyen a la superestrella clásica Yo-Yo Ma; Alan
Gilbert, director musical de la Filarmónica de Nueva York; y Emanuel Ax,
pianista ganador del Grammy.


SWAIN ha viajado a Manhattan desde Vermont, para un solo día
de clases, durante cinco años. FOTO:
CARLIN MA

Cada año, alrededor de 500 músicos de los grados segundo al duodécimo
se suscriben en el programa. Menos de cien son aceptados, y la dedicación
subsiguiente que se requiere es agotadora. La Preuniversitaria no ofrece
instrucción académica de tiempo completo; los estudiantes asisten aparte a su
educación normal. Las lecciones privadas del programa en ejecución, clases de
teoría musical y cursos que cubren cierta variedad de optativas son de las 9:00
a las 18:00 horas los sábados, con recitales ocasionales que duran hasta las 22:30.
El precio de la instrucción: 11,400 dólares por 36 semanas.

Y eso es solo la colegiatura. Cuarenta de los 300 estudiantes
viajan semanalmente desde tan lejos como la Costa Oeste. Adicionalmente, 30 por
ciento son internacionales. “Tenemos familias que se han separado por este
propósito —dice Yoheved Kaplinsky, directora de la Preuniversitaria—. Tenemos
personas que llevan la carga de dos residencias y muchos viajes de ida y
vuelta”.

Eylul Esme Bolucek, una joven de 17 años de Turquía, se
matriculó hace cuatro años. Para hacerlo, ella y su madre —quien renunció a su
carrera como médica— se mudaron a Nueva York desde Ankara, donde se quedó su
padre, trabajando para apoyar el deseo de su hija de ser una pianista
profesional. “Nuestra familia es muy cercana, por eso esto es muy duro —dice Eylul.
Pero yo sabía que quería tocar música desde que era niña”.


EL CAMPUS de la Ciudad de Nueva York. FOTO: ROBERT ALEXANDER/GETTY

El prestigio de la escuela ha hecho que los padres hagan
grandes sacrificios. Después de que se descubrió que los estudiantes eran
abandonados a vivir solos en Manhattan o peor —“hallamos niños que literalmente
no tenían techo”, dice Kaplinsky—, los estudiantes internacionales ahora deben
alojares con tutores legales.

Los profesores de la Preuniversitaria también provienen de
todo el mundo, y los intentos de la administración de Trump de promulgar una
prohibición de viajes contra ciudadanos de países musulmanes ha convertido el
programa en un símbolo involuntario del gran valor del intercambio cultural.
“El cambio en la atmósfera en Estados Unidos ha provocado un miedo tremendo y
ansiedad entre nuestros estudiantes y sus familias. La ira que siento es
inmensa”, señala Kaplinsky.

La directora de la Preuniversitaria trató de organizar a la
prensa para subrayar los sacrificios y éxitos de la División Preuniversitaria
entre los estudiantes musulmanes, pero quienes aceptaron participar rápidamente
dieron marcha atrás por miedo a convertirse en el blanco de un dardo. “No puedo
discutir contra eso”, dice Kaplinsky, pero la escuela “hará todo en nuestro
poder” para mantener el programa disponible a los estudiantes. “Protegeremos a
estos niños con nuestras vidas”.

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cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek