“No es malo despegar los pies de la tierra”

El 21 de agosto de 2015, Carlos Santamaría, un estudiante de ingeniería física potosino, emprendió una de las aventuras que más sorprenderían al mundo: cruzar el continente americano, desde Alaska hasta Argentina, en bicicleta.

Su propósito lo culminó 117 días y cinco horas después, un tiempo que incluyó más de 22,000 kilómetros de recorrido a lo largo de 14 países y, debido a que era el más bajo registrado para esa ruta, la obtención del Récord Mundial Guinness 2015.

La tragicomedia experimentada a lo largo de esos casi cuatro meses, que incluyó lances como encontrarse con un oso grizzli en el camino, el intento de robo de su bicicleta y atravesar montañas nevadas, Carlos la ha plasmado en el libro La ruta que cambió mi vida, recientemente publicado por la casa editorial Diana.

En encuentro con Newsweek en Español, el joven potosino cuenta que, contrario a lo que pudiera pensarse, el ciclismo es un deporte que comenzó a practicar apenas pocos años antes de emprender la conquista de América en bicicleta. “Antes ya era deportista de alto rendimiento. Empecé en el taekwondo cuando tenía siete años, y a los 13, uno de los mejores profesores del mundo visitó mi ciudad, San Luis Potosí, porque pretendía formar un equipo élite de taekwondo; de 500 personas que se presentaron seleccionó solo a 30, entre esas yo quedé, y de esos varios fueron campeones olímpicos, como María Espinosa y Guillermo Pérez”.

En su travesía, utilizó una bicicleta Felt V85 y debió cambiar la cadena siete veces durante el viaje. El récord anterior perteneció al ciclista inglés Scott Napier, quien recorrió la misma ruta en 125 días en el año 2009. Aparte de practicar deporte, hoy, a sus 25 años, Santamaría se halla en el proceso de elaboración de su tesis para titularse como ingeniero físico.

“Este no es un libro para compartir mensajes. Es una autobiografía que cuenta el proceso de cómo llegué a un récord. Contiene sucesos, flashbacks, relatos sobre los países que atravesé, anécdotas, cosas que viví. Y no solo cosas visuales, también sensaciones internas, porque también hubo un viaje interno en mí, por ejemplo, mis papás se separaron en medio del viaje, y la chica con la que estaba quedando, también en medio de mi viaje se consiguió un novio. Muchas personas piensan que la onda es muy física, muy deportiva, pero no, hay cosas que no se esperan”.


FOTO: JUAN CARLOS REYNOSO/NW NOTICIAS

—Carlos, ¿cuál fue la dificultad mayor que enfrentaste en esta ruta?

—Hubo muchas cosas físicas y psicológicas. De las físicas, el frío de Alaska. Yo no conseguí patrocinios, busqué por donde sea, y aunque ahorré, no pude comprar ropa especial de ciclismo para pedalear en el frío porque es carísima. El primer día empezó a caer nieve, yo nunca la había visto, y dije: ¡guau, nieve! Pero después esa nieve me estaba matando. Tuvimos que improvisar, me puse mi jersey, dos pants normales, dos pares de calcetines, bolsas sobre ellos para que no entrara la humedad, una playera térmica, dos sudaderas, una bufanda y dos pares de guantes, pero después con todo eso me superrocé. Quizás uno piensa que cuando se hacen estas cosas se va con todo el equipo, y eso se pretende, pero yo no iba con patrocinios.

—¿Y en Centroamérica no te asaltaron?

—Nunca me pasó nada así hasta llegar a Argentina. El principio del viaje, de Alaska a Panamá, lo hice con un vehículo de apoyo en el que iban mi hermana y mi cuñado, pero después de Panamá ya no tuve ese apoyo porque cuesta mucho cruzar un coche y yo no tenía dinero, así que continué solo. Un día entré en una tienda en Argentina y muy rápido compré las cosas, pero cuando salí, un chavo de unos 15 años ya iba cargando mi bicicleta a un coche que estaba esperándolo. Cuando me vio, no sé si por mi estatura, la soltó. Le sonreí y me miró a los ojos, luego se subió al coche como si no hubiera pasado nada.

—¿Cuál es la importancia de que una personalidad como tú o de cualquier otra disciplina plasme su experiencia en un libro?

—Luego del viaje siempre tuve las ganas de contar esta historia. En este libro no trato de compartir mensajes, sino sensaciones, porque así es la forma en la que me gusta vivir, a través de sensaciones. Antes del viaje no pensé que fuera a motivar a la gente, nunca lo hice con esa intención, ni siquiera soy una persona muy social, pero cuando lo acabé comencé a recibir muchos mensajes: ‘Oye, Carlos, me inspiraste mucho, a mis hijos ya les conté de ti’. Y yo me decía: ‘¡Cómo si estaba pedaleando en el desierto!’ Pero bueno, si a través de esto puedo inspirar a la gente, voy a compartir mis historias alocadas, desde que un tipo grande me acosó en un hostal, hasta historias que motivan a la gente.


FOTO: JUAN CARLOS REYNOSO/NW NOTICIAS

—Cuando se habla de motivación irremediablemente surge esta controvertida idea de querer es poder. ¿Tú así lo consideras, es así de fácil?

—Eso lo he escuchado de mucha gente que tiene el poder de mover a las masas. Si a mí me hubieran dicho: ‘Carlos, quieres romper un récord, pero apenas a los 19 años tocaste una bicicleta, piénsalo’. Sí, se escucha imposible, pero no es malo despegar los pies de la tierra. Obvio, hay un trabajo previo y muy exigente. Mi vida en el ciclismo empezó a los 19 años, pero yo desde los siete soy un deportista. El resto fue planear y trabajar para hacerlo. Pueden tenerse ideas muy grandes, pero hay que trabajarlas.

—Eso es necesario aclararlo: si bien empezaste a pedalear ya grande, tenías una estela de trabajo físico de muchos años sin el cual seguramente no hubieras podido lograr tu objetivo…

—Sí, eso que quede muy claro. Yo a los siete años empecé en el taekwondo y a los 13 me seleccionaron. Quizá no viví las mismas cosas de otros chavos, yo no iba a las ondas de mis amigos a los 15 años, las borracheras, la novia, yo no viví eso. Fue un trabajo muy rudo, mis papás me educaron de esa forma, no sé si bien o mal, pero bueno, gracias a eso pude lograr el sueño de un récord.

—¿Cuál es tu objetivo frente a los lectores, qué pretendes con la publicación de tu libro?

—Les quiero dejar algo que muy pocas veces se ve. Los mexicanos estamos acostumbrados a escuchar noticias muy oscuras, feas, y a veces es bueno toparnos con un mexicano que hizo esto, algo alocado. De repente me encuentro con deportistas que hicieron cosas padres o mexicanos que aportan cosas a la ciencia, está padre leer eso, por eso quiero dejar esa sensación de que México es chingón, que se pueden hacer cosas aquí y que aquí hay gente pesada que sabe mover cosas y podemos hacer de este un lugar mejor.