El Che: la vigencia del mito

BUENOS AIRES/CIUDAD DE MÉXICO.— Hay una anécdota que le gusta contar a Paco Ignacio Taibo II, porque para él retrata como pocas la forma en la que prevalece la figura de Ernesto Guevara. 
“Una vez un adolescente me dijo que él había puesto en la puerta del baño de su casa un cartel del Che”, cuenta el escritor mexicano, autor de una de las biografías del guerrillero argentino. “Al decirle que era un tanto extraño que colgara un póster ahí, me respondió: ‘Sí, pero de esa manera cuando mi papá se afeita, se corta’”.

Ernesto Che Guevara fue asesinado hace 50 años, el 9 de octubre de 1967, en La Higuera, Bolivia. A partir de entonces se convirtió en personaje legendario, acaso en el icono indispensable no solo de la izquierda, sino de la rebeldía juvenil en el planeta.

“La decisión de ponerse una camiseta de él, contra una de Lionel Messi o de un cantante de rock implica, en principio, un grado de rebeldía. El Che no se ha vuelto business por más que se produzcan algunos fenómenos marginales, como tacitas, camisetas y fotografías con su rostro”, explica Taibo II.

Guevara, quien nació en Rosario, Argentina, en 1928, sobrevive como pocos personajes del siglo XX. La razón la explica el mismo escritor: “En él hay una coherencia tremenda entre lo que dice y hace. El atractivo es moral más que político. La revolución puede ser imposible hoy, pero sigue siendo absolutamente necesaria, concebida en términos de una transformación radical. No en términos simplificados de una forma de lucha armada, como el modelo cubano, nicaragüense o vietnamita, sino como un cambio profundo en la sociedad”.

Algo parecido cree el embajador mexicano Hermilio López, quien en 1997 fue el responsable de entregar los restos del Che al gobierno de Fidel Castro en el aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. El guerrillero se convirtió en un mito, primero por su imagen y luego por su pensamiento.

“Era un hombre que no sabía de finanzas y aprendió hasta volverse un ministro del Estado cubano. Hay un traspaso del hombre, del líder, del héroe, del guerrillero a la leyenda, porque los pueblos latinoamericanos han vivido un gran ayuno en la materia desde las independencias hasta la fecha, pues en general no tienen en el imaginario una persona que les ayude a romper las ataduras contra la dominación de los poderes económicos y contra Estados Unidos”.

Físicamente su figura es vendible. Es una industria. Pero esto no está peleado con sus ideales revolucionarios. El reflejo del guerrillero, del que lucha, del que entrega la vida, no debe confundirse con la imagen que en muchos países se utiliza para vender artículos. Son dos mundos diferentes.

“Su discurso antiimperialista sigue vigente. Quizá habrá dudas en el procedimiento. Quizá hay que tener enorme cautela para reconocer la lucha armada como efectiva en el escenario actual del mundo, pero el frente antiimperialista persiste absolutamente. La presencia estadounidense en América Latina, hegemónica y dominante, es vergonzosa”, dice Blanco, quien fue también embajador en Irlanda y El Salvador.

El Che está vigente en la conceptualización del joven del mundo, pero en particular del latinoamericano. Ese acto de rebeldía, de inconformidad, de oposición, de lucha, de pensamiento y de marxismo puede alimentarlos.


EL REFLEJO DEL GUERRILLERO, del que lucha, del que entrega
la vida, no debe confundirse con la imagen que en muchos países se utiliza para
vender artículos. FOTOS: ORLANDO SIERRA/AFP

EL ASCENDENTE JUVENIL

Clara Solís tiene 21 años y es militante de la agrupación Tendencia Universitaria 29 de Mayo de Córdoba, Argentina. Piensa que en su país, a partir de la crisis de 2001, hubo un quiebre muy grande porque la gente dejó de creer que las instituciones iban a darle salidas favorables a las situaciones en las que vivían.

“Hay una pequeña vanguardia de jóvenes que empieza a meterse en las enseñanzas que dejó el Che y que ve las cosas de una forma distinta. Un sector de la población dijo: basta. No solamente se plantea denunciar en las calles con movilizaciones de trabajadores y mujeres, sino que cree en las ideas que promovieron él y otros líderes del mundo”, dice.

A Clara, la figura de Ernesto Guevara le entró por la mirada desde muy chica:

“Dormía en un cuarto donde había un cuadro de él. Desde niña me llamó la atención. Ahora me gusta leer sus textos y discursos, pues quiero entender cómo le hablaba al pueblo cubano, en especial al referirse a la construcción del socialismo y del hombre nuevo a partir de la transformación, primero de los medios productivos, y después de lo cultural”.

Dice que su texto favorito es el discurso a los estudiantes de arquitectura en Cuba. Ahí les dice que están en medio de un proceso, y que tanto estudiantes como intelectuales deben de ponerse a trabajar en sintonía con la Revolución.

Taibo comenta que en la actualidad hay muchas formas de encontrarse con los ideales del guerrillero argentino.

“Desde un guevarismo que se basa de forma simple en una lectura de Guerra de guerrillas, a otro que estudia la experiencia del Che en sus debates sobre economía. Si asistes a un congreso del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que a lo más lo puedes calificar de un partido socialdemócrata de nuevo cuño, encontrarás 30 o 40 camisetas de él.

“Si vas por la sierra de Guerrero, hallarás un enigmático mensaje en las paredes en el que hay un esténcil con su imagen y, abajo, un crítico letrero que dice: ‘2×1’. Al ver esto, pregunté qué significaba. Me explicaron que era una respuesta de las autodefensas a los asesinatos que ha cometido la Policía Federal a sus integrantes. Por cada dos autodefensas asesinados, un policía, o por cada un autodefensa, dos policías”, cuenta.

LAS TRES ETAPAS

Pablo Luna, vicepresidente del club de futbol Ernesto Che Guevara, explica que la vigencia de su pensamiento político a 50 años de su asesinato radica en que a los ideales había que acompañarlos poniendo el cuerpo.

“En la actualidad lo que hace que la sociedad no crea en la política no es tanto la corrupción, sino que los políticos no están arraigados a las ideas que proponen. Ellos no viven como nosotros. No avalan sus discursos con el cuerpo”, explica.

Para el embajador Hermilio López hay varios Che Guevara, que hoy pueden demostrar su vigencia.

El primero es el que se presenta antes de la Revolución, cuando sale de México, dice. A partir de que se van a Cuba aparece un segundo Ernesto Guevara, que todavía no tiene la estatura guerrillera que alcanzó después, con la toma de Santa Clara que terminó abriendo la puerta de La Habana. El tercero es el de La Habana hasta que decide irse de Cuba.

“Aquí está enmarcado el Congo, Europa del Este y América del Sur. El parte aguas de todo es su muerte en Bolivia. A partir de ese momento entra en el imaginario icónico de un guerrillero ejemplar, y de una causa que ya no es cubana, boliviana o argentina, sino que representa a los países oprimidos en contra del imperio”, dice el diplomático.


ERNESTO CHE GUEVARA fue asesinado hace 50 años, el 9 de
octubre de 1967, en La Higuera, Bolivia. FOTO: AFP

EL EQUIPO CHE

Cada fin de semana salta a las canchas de futbol de la liga local de la ciudad Jesús María, en Córdoba, Argentina, el club Ernesto Che Guevara. Creado por su presidenta, Mónica Nielsen, y su vicepresidente, Pablo Luna, hace diez años, el equipo tiene el propósito de transmitir los valores del guerrillero.

Con 200 jugadores en las siete categorías de la liga, incluyendo la femenina, el club no paga salarios, ni hace transferencias. Tampoco impide a sus jugadores irse a otros equipos cuando así lo desean.

Sus directivos entienden el deporte como un derecho ciudadano, igual que la educación y la salud, por lo tanto, carecen de patrocinadores.

“Pensamos que estos son buenos en la medida que no se meten con las necesidades del equipo, una vez que lo hacen, el deporte se ve de otra manera”, dice Pablo Luna.

Para recaudar fondos viven de las colaboraciones que le llegan. Tiene 50 socios. Los domingos cobran la entrada como en cualquier cancha del futbol argentino. Hay un bufete, donde se pueden comprar refrescos y comidas. Se hacen festivales musicales y se vende la camiseta a Europa, México y otros países latinoamericanos.

“La camiseta principal que hemos tenido estos años es entre roja y bordó. En la parte de adelante tiene la imagen del Che Guevara con el escudo del equipo. En uno de los brazos, su firma, y en la espalda, la frase: ‘Hasta la victoria siempre’, junto al número de los jugadores. Los colores van cambiando. También usamos una roja y negra. Esta ya no tiene la cara del Che. Las camisetas las hacemos con serigrafía. Nos quedan bastante lindas. Son artesanales y nos cuestan 200 pesos argentinos en promedio”.

El equipo no tiene una cancha propia ni instalaciones para entrenar. Suele alquilarles a otros clubes como Juventud Agraria, San Martín o Colón, con quien de a poco ha formado una rivalidad.

La ciudad Jesús María se encuentra a 850 kilómetros de Buenos Aires. Hasta 2010 había un poco más de 37,000 habitantes, según la Dirección General de Estadística y Censo de Argentina. Es el centro financiero y agrícola más importante del norte de ese estado. En sus inmediaciones existen estancias que combinan la labor del campo con el ecoturismo.

La idea de crear este equipo de futbol surgió porque la liga local tiene pocos clubes. Muchos chicos de la ciudad se le acercaron a Mónica Nielsen para saber si se podía formar uno nuevo. Ella dijo que sí, pero que se llamaría Ernesto Che Guevara, porque siempre ha querido transmitir sus valores.

“Al principio tuvimos algunos problemas con el uso del nombre, pues tanto la Federación Internacional de Futbol Asociados (FIFA), como la Asociación del Futbol Argentino (AFA) están en contra de que se politice el deporte, pero al final nos lo permitieron porque estamos lejos de Buenos Aires. Además, la liga ha crecido bastante y es muy comercial. Si bien nos apoyaron con los trámites que teníamos que hacer y en nuestra mirada de ver el futbol, donde existe un proyecto integrador, en el que aquellas personas que quieren jugar tengan la posibilidad, el desarrollo de esta nos ha dejado de lado”, dice.

La recepción de la gente hace diez años fue de sorpresa y simpatía. Entendían que eran algo pasajero. No pensaban que iban a durar tanto tiempo, pues Jesús María está dominada por una sociedad conservadora.

La ciudad tiene una base de la Gendarmería Nacional, además.

“La gendarmería boliviana es la que acuarteló al Che en sus últimos momentos de su vida, y la Argentina no lo tiene muy bien visto porque acá también hubo guerrillas. Sin embargo, hemos tenido jugadores en el club que son gendarmes, por lo que dentro de una sociedad conservadora pudimos crear un nicho importante”, dice Luna.

A los directivos del equipo no les genera problemas que entre sus jugadores haya gendarmes y policías tampoco.

“Entendemos que las puertas del club deben estar abiertas para todos y todas. La carrera de policía y gendarmería se puede empezar a partir de los 18 años con el secundario (secundaria-preparatoria) terminado. Hay muchos chicos que lo ven como una salida laboral.

“Solemos darles un mensaje a nuestros jugadores porque nosotros siempre hemos tenido que tratar con policías en los partidos, y como hay algunos que además son integrantes del equipo, buscamos explicarles que sería bueno no tener una mirada tan represiva contra la gente. Sabemos que son instituciones que no van a desaparecer y que su discurso se debe reformar institucionalmente”, cuenta.

Luna explica que se compite con los clubes desde otro tipo de discusiones respecto del futbol. “Si solamente nos regimos por los campeonatos no podríamos dar la batalla cultural de plantear el deporte como un derecho. Hemos sacado varios equipos campeones, pero no es nuestra prioridad”.


PACO IGNACIO TAIBO II: “El Che no se ha vuelto business por
más que se produzcan tacitas y camisetas con su rostro”. FOTO: ANTONIO CRUZ/NW
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LAS NUEVAS BATALLAS

Esa misma batalla cultural de la que habla Luna se expresa de otra forma en la labor de la Tendencia Universitaria 29 de Mayo en la que milita Clara Solís.

El nombre de esta agrupación nacional en Argentina hace referencia al Cordobazo, que sucedió el 29 y 30 de mayo de 1969, cuando distintos sindicatos salieron a las calles para protestar contra la dictadura militar encabezada por Juan Carlos Onganía y fueron fuertemente reprimidos.

A pesar de los años que han pasado, Solís dice que se identifican completamente con lo sucedido en aquella época, y su programa actual de actividades lucha por el presupuesto para que no se les quiten los recursos económicos a las universidades públicas, por ejemplo.

“En Rosario acompañamos a los docentes en sus movilizaciones en torno a este tema”, cuenta. “Además, nos encontramos en medio de la disputa por el conocimiento. Entendemos que la Universidad no debe generar conocimientos neutros, sino direccionados. Hoy, por ejemplo, en Argentina existen numerosas multinacionales que tienen convenios con universidades públicas y creemos que eso no puede ser”.

Con ello en mente, en Córdoba se confrontaron con Monsanto, que quería hacer un convenio con la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Córdoba. Lograron que no se aprobara y atajaron el ingreso a la universidad pública de esta empresa.

UN CUERPO, UNA BIOGRAFÍA

El embajador Hermilio López fue enviado como representante mexicano a Bolivia en 1995. Llegó a la nación del Altiplano en medio de un acuerdo económico que habían hecho Fidel Castro y Gonzalo Sánchez de Lozada, presidente de esa nación, para buscar los restos del Che y de los guerrilleros que lo acompañaron en sus últimos días.

El arreglo, recuerda el diplomático, consistía en que el presidente boliviano le permitiría al gobierno de La Habana realizar dicha búsqueda a cambio de una fuerte cantidad de dinero, que tendría que ser gastado en bienes inmuebles dentro de Cuba.

Poco antes, un periodista estadounidense (John Lee Anderson) había entrevistado a un militar boliviano que estuvo en el lugar donde mataron a Ernesto Guevara, y posteriormente en el sitio que había sido enterrado, que según se decía era cerca del viejo aeropuerto de Vallegrande.

Rápidamente se formó un grupo de búsqueda, integrado por el Equipo Argentino de Antropólogos Forenses (EAAF) y una delegación cubana que dormía en casa de la embajadora de ese país para mantener secretismo total.

Entre las primeras actividades que realizó el diplomático mexicano al llegar a Bolivia fue sumergirse en el tema. Lo hizo porque, afirma, pertenece a la generación de 1967 y era importante estar en ese momento.

“Me acerqué a la embajadora de Cuba y le dije: ‘Para mí es un gran gusto conocerla. He sido embajador en varios países de Centroamérica y Europa, pero nunca había estado tan cerca de un representante cubano. Me interesa estar cerca de usted y mantener una buena relación con su representación’”.

Ella, recuerda Hermilio López, le respondió agradecida.

“Te invito a que participes de las excavaciones y la búsqueda de los restos del Che”, le dijo.

López agradeció el gesto, pero era complicado trasladarse a Santa Cruz y luego Vallegrande con las responsabilidades que tenía, y fundamentalmente porque eran días en 1995 muy especiales para la búsqueda.

Paco Ignacio Taibo II es otra de las personas que se interesó en esa época por la figura del enigmático combatiente.

“Es el personaje de mi generación”, dice. “Su muerte prematura fue como un balde de agua fría. Su presencia, memoria y mito nos tocó a todos de una manera profunda. De tal manera que cuando vas envejeciendo necesitas hacer un ajuste de cuentas con tus mitos”.

Bajo ese marco, reconstruir la vida del guerrillero le resultó una tarea compleja. “Para mí no fue una situación fácil porque es como si a un niño católico le pides que haga una biografía crítica de San Francisco de Asís. Como no era sencillo comencé por aproximaciones sucesivas. Primero conté la historia del Che y la batalla de Santa Clara, luego escribí lo de África. Hasta que de repente estando en Nueva York mi agente me dijo: ‘Paco, déjate de rondarlo y éntrale’. Fui a caminar por Central Park, me tomé un refresco de cola, como el que tomaba el Che, regresé a la oficina y le dije que iba a hacer la biografía.

Después de eso pasó tres años y medio recopilando documentos con la consigna de que lo que encontraba lo publicaba: “El Che no se merece una versión edulcorada, no me la merezco yo y no se la merecen los lectores. Apelé a todas las fuentes: las hagiográficas y las que estaban en contra de él como persona y guerrillero”, cuenta el fundador del proyecto Para Leer en Libertad.

El diplomático Hermilio López no tuvo la oportunidad de ir a Vallegrande hasta 1996. Conoció a los antropólogos argentinos y a la delegación cubana. Habló con ellos durante las cuatro o seis semanas que pudieron excavar, porque trabajaban en una zona en la que llueve mucho. De la información que obtuvo percibió que, en época de secas del siguiente año, se podrían encontrar algunos restos.

Una vez que los hallaron en julio de 1997, fueron trasladados al hospital de Vallegrande. Las monjas que estaban en el lugar lavaron el cuerpo del Che. Los antropólogos tuvieron muchas complicaciones para identificar sus restos. En la zona también había partes de una chamarra, una bota y una carrillera. Para lograr su identificación se tuvo que localizar a un dentista que lo había tratado en México, antes de que se fuera a Cuba, y que les hizo varias radiografías a sus mandíbulas, explica el embajador mexicano.

“Yo hice las gestiones para localizar a ese dentista. Debe haber sido la Embajada Cubana la que trabajó ese tema aquí en México. No recuerdo el nombre del médico, pero semanas después lo encontraron y eso ayudó a la identificación total. Los restos ya estaban en el Hospital Japonés de Santa Cruz de la Sierra”.

El acuerdo entre Castro y Sánchez de Lozada contemplaba que un avión cubano fuera por los cuerpos una vez que se diera a conocer la noticia de que habían sido encontrados. A pesar de esto, cuando la aeronave estaba por llegar a Santa Cruz de la Sierra, el ministro del Interior boliviano, Carlos Sánchez Berzaín, preguntó si los cubanos tenían visa para ingresar en el país.

Como la respuesta fue que no, dijo: “¡Mándelos al diablo! ¡Échelos fuera!”, recuerda el diplomático que escuchó. Entonces hubo una negociación en la que se decidió que el avión aterrizara lo más lejos posible del edificio del aeropuerto, para que no fuera visto por la prensa internacional, y que el comandante Ramiro Valdés, primer secretario del Partido Comunista en ese entonces, no se bajara de la nave.

Paralelamente, las autoridades del Hospital Japonés pusieron una mesa enfrente de su puerta principal, donde colocaron las bolsas negras de plástico etiquetadas con los apellidos de los guerrilleros. La idea que tenía el gobierno boliviano era que la prensa en el lugar fotografiara los huesos mientras se los introducía en unas urnas que había enviado con antelación el gobierno cubano.

“Una vez que se hizo esto nos trasladamos al aeropuerto. El único testigo internacional de esto soy yo. Esperamos un largo rato a que nos abrieran una reja grande y nos dirigimos al avión. En la escalinata ya nos esperaba Ramiro Valdés. Al llegar al pie de la aeronave los bolivianos abrieron la camioneta y dejaron las urnas a la vista. Los cubanos no podían bajar por ellas, ya que se lo habían prohibido. Decidí subir a hablar con Valdés. Me presenté y le dije: ‘¿Puede un mexicano entregarle los restos del Che?’ Él respondió: ‘Sí, por supuesto’. Bajé las escaleras. Tomé la urna, subí nuevamente y se la entregué.

“Ramiro me dijo que lo acompañara al interior del avión. Le habían quitado todos los asientos. En su lugar había una especie de taburetes con cinturones de seguridad. Vi que las otras urnas ya estaban colocadas. Realmente no me preocupé por esas porque su entrega fue fácil de resolver. Vi cómo colocaban la del Che. Nos despedimos y me dijo que me esperaba en Santa Clara, para el entierro”.