Todo comenzó con la ayuda de una maestra de la Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM), Mónica Raya. “Ella es diseñadora escénica y
escenógrafa y ahorita esta dirigiendo una obra. Cuando la encontré fue cuando
me di cuenta que quería hacer vestuario”, recuerda.
Andrea habló con Newsweek en Español sobre la travesía que ha
sido sobresalir en el mundo del vestuario “En realidad me encanta hacer
vestuario porque es una lucha constante. A mi me parece algo muy importante y
hay que ponerle atención. Tienes que pensar en la manera en que construyes los
cuerpos que están sobre el escenario y cómo se relaciona con la puesta en
escena y lo que los espectadores reciben”, cuenta emocionada.

FOTO: Antonio Cruz
Cada cuatro años se llevan a cabo los premios World Stage
Design que, según nos cuenta Andrea, son como las Olimpiadas del diseño
escénico. Este año la sede fue Tai Pei, en Taiwán, y asistieron diseñadores,
profesionales y emergentes de todo el mundo. Andrea Pacheco puso a
consideración de los organizadores del concurso su vestuario y para su sorpresa
fue llamada a la competencia en Asia.
La joven de 28 años de edad buscó por todos los medios posibles
para no perder la oportunidad de ser reconocida por su trabajo pero no recibió
ningún tipo de apoyo, ni del gobierno, ni de la universidad. “Pasé meses de
estrés horrible, era mucho dinero para llegar tan lejos, pero valía la pena esforzarme.
Busqué en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), en el Instituto
Nacional de Bellas Artes (INBA) y en la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM), pero nadie me apoyó. Al final mi mamá y amigos me ayudaron como
pudieron”, nos cuenta y por un momento el estrés regresa a sus ojos.

FOTO: Antonio Cruz
Cuenta Andrea que ya estando en Asia conoció a muchos otros
mexicanos que estaban participando en el concurso. Algo curioso para ella fue
que a los concursantes profesionales sí los apoyó el gobierno y a los
emergentes no.
La joven mexicana ganó medalla de bronce en su categoría y
asegura que el esfuerzo valió completamente la pena, pues tuvo la oportunidad
de conocer a personas que también hacen vestuario en otros lugares del mundo y
también en México. “Aprendí muchísimo al platicar con otros diseñadores, de ver
como trabajan. Fue increíble darme cuenta de que hay otras personas pensando lo
mismo que yo en otros lugares del mundo”, dice la joven diseñadora.

FOTO: Antonio Cruz
El vestuario con el que Andrea participó es uno que realizó
como estudiante en la UNAM para una puesta en escena llamada El Pájaro Azul.
“El chiste de la obra es que hay dos niños muy pobres y están en una
alucinación por hambre. Tienen un sueño/pesadilla y sueñan con el pan, la
leche, los dulces y en el viaje hacen una travesía en la que logran sanar su
percepción del mundo. Me concentré en crear ese mundo de fantasía a través del
vestuario, una alternativa de ensoñación partiendo de la precariedad en la que
vivían. Toda la ropa que utilicé es vieja y manchada. Al principio los pinté
con café y té, pero después de dos funciones se despintaban, entonces los pinté
con anilinas. El que me llevé a Taiwán lo pinté con café y té y olía
muchísimo”, explica mientras en un libro nos muestra las fotografías del vestuario.
Ahora Andrea Pacheco tiene la beca de Jóvenes Creadores y se
encuentra trabajando en un proyecto con uno de sus compañeros. “Se trata de
drag queens y kings; una serie de gente que esta trabajando con la idea del
genero y el desmontar mitos sobre este tema. Yo estoy guiando su proceso de
transformación y vestuario”, cuenta emocionada.

FOTO: Antonio Cruz
Andrea no solo quiere
hacer vestuario, quiere encontrar la manera de hacer una puesta en escena que
comience con el vestuario y que de ahí partan tanto el director como los
dramaturgos. “Me di cuenta en este viaje de la capacidad de los diseñadores
para trabajar con independencia, que no el director no sea el que te dice qué
hacer. Quiero poder levantar mis propios proyectos: tener el texto y hacer una
interpretación con la escenografía y el vestuario y después el director y los
dramaturgos se integran a eso. También quiero hacer una maestría, en México no
existe una de diseño escénico, así que tendría que lanzarme a otro país”,
concluye esperanzada.