Trump y su apuesta por la energía vieja

PROTEGER los empleos del carbón, en este momento, tiene tanto sentido como proteger los empleos de las mecanógrafas en la década de 1980, cuando despegaron las computadoras personales.

La tecnología solar destruirá el carbón y el petróleo como fuentes energéticas, aunque el presidente Donald Trump patalee y se niegue a jugar con el resto del mundo. La energía solar va por el derrotero tipo ley de Moore que abarató tanto el poder de cómputo. Cierto que la tecnología solar no mejorará con la misma celeridad, pero sigue una trayectoria previsible, sostenible e impresionante hacia la asequibilidad y la mejoría. Más o menos para 2030 —digamos, unos 13 años—, la energía solar podrá producir electricidad a la mitad del costo que el carbón, y a un costo inferior que cualquier fuente de carbono.

En ese sentido, podríamos decir que el Acuerdo de París sobre el cambio climático casi no tiene sentido, pues trata de algo que la tecnología y la economía resolverán de todos modos. Así que la gran interrogante es: ¿Cuál parte del planeta emergerá como el Silicon Valley de la energía avanzada, y cuáles compañías serán la versión Intel y Microsoft de esa industria? Si la decisión de Trump de abandonar el Acuerdo de París sirve de algo, es que asegurará que esas superpotencias regionales y sus compañías no se encuentren en Estados Unidos. Y los estadounidenses terminarán siendo estupendos para extraer un carbón que nadie querrá.

El proceso para fabricar paneles solares comparte ciertos aspectos con la fabricación de microprocesadores. En 1965, Gordon Moore, de Intel, predijo que la cantidad de transistores que podrían compactarse en un chip de un mismo tamaño se duplicaría cada 18 meses. En esencia, lo que dijo es que los fabricantes atiborrarían una capacidad cada vez mayor en espacios cada vez más reducidos, al extremo de que hoy la cantidad de poder de cómputo que la NASA requirió para llevar a Neil Armstrong a la luna cabe en tu Apple Watch. Una dinámica similar permite que los paneles solares sean mejores y más baratos: los tecnólogos pueden reducir cada vez más el espesor de las celdas solares y utilizan menos silicona por watt, reduciendo costos de fabricación al tiempo que aumentan la eficacia de cada celda.

Diversas organizaciones de ingeniería han trazado tendencias en tecnología solar desde 1980, y la curva de mejora, igual que la ley de Moore, no ha caído. El Departamento de Energía de Estados Unidos —al menos antes de que Trump instaurara su régimen anticiencia climática— demostró que el precio por watt de los módulos solares cayó de 22 dólares en 1980 a menos de 3 dólares en la actualidad. Cuando una compañía de servicios públicos construye una enorme granja de paneles solares en el desierto –como la Granja Solar Topaz de California, con sus 9 millones de módulos fotovoltaicos—, el costo se desploma a poco menos de un dólar por watt. Y a fines de 2016, el costo de generar electricidad con energía solar en ambientes ideales resultó, por primera vez, más barato que producir electricidad quemando carbón, según informó el Foro Económico Mundial.

“Ahora el costo de la electricidad va aunado al costo, siempre decreciente, de la tecnología”, señala el científico y autor Ramez Naam. “Esto es profundamente deflacionario. Y es profundamente disruptivo para otras tecnologías y negocios que generan electricidad”.

Por supuesto, la energía solar también es limpia. Gritarás de gusto al leer esto si crees que la combustión de carbono contribuye al cambio climático. Y si no crees en el cambio climático, me importa un rábano. De cualquier manera, te interesará comprar la energía más barata. Y muy pronto, insistir en la energía generada con carbono resultará tan estúpido como comprar tu música en CD.

Además, la energía solar no se agota, a menos hasta que el sol se extinga, dentro de unos 5,000 millones de años. Y para entonces nuestra especie vivirá en el planeta Bezos del Sistema Solar Musk. Unos cinco días de luz solar proporcionan tanta energía como la que contienen todas las reservas comprobadas de petróleo, carbón y gas natural combinadas. Lo único que hace falta es capturar una pizca y podremos energizar el mundo.

La energía solar plantea la interrogante de confiablidad. Por ejemplo, ¿qué pasa cuando oscurece? Allí entra en juego la tecnología de las baterías. Las baterías extragrandes también han caído en una curva constante de reducción de precios. Esta es una razón importante de que los autos eléctricos se hayan vuelto tan viables que casi todos los fabricantes han empezado a desarrollarlos. En enero, Tesla (de Elon Musk) instaló baterías industriales en California para mantener su electricidad cuando la empresa tuvo problemas con una fuga en una instalación de almacenamiento de gas natural. El estado se sorprendió al enterarse del costo y la capacidad de las baterías. “Tenía expectativas relativamente limitadas sobre la industria de las baterías antes de 2020”, dijo Michael Picker, presidente de la Comisión de Servicios Públicos de California, en entrevista con The New York Times. “Pensé que no se aceleraría gran cosa y que no empezaría a penetrar en la red eléctrica o en el mundo del transporte en algún tiempo. Pero, una vez más, es claro que la tecnología se mueve más rápido de lo que podemos regular”.

Súmalo todo, y la tecnología junto con la economía pura —nada de política ni tratados- muy pronto harán que el carbono sea reemplazable. El sol brillará, los paneles lo convertirán en electricidad, y la energía excedente se almacenará en baterías para las noches y el clima nublado. Hay días en que California ya deriva 80 por ciento de su electricidad de la energía limpia. La electricidad generada con energía solar llenará las baterías de más autos eléctricos, reduciendo la demanda de gasolina. Los barones del carbono, como los hermanos Koch, enfrentarán una extinción bastante parecida a la que vieron los magnates ferrocarrileros bigotudos en la era del jet. Y todo esto ocurrirá, con tanta seguridad, como que el vello vuelve a crecerte después de la rasurada más al ras.

Así pues, ¿cuál es el impacto de que Trump se salga de ese asunto de París? Lo más probable es que el Silicon Valley de la energía avanzada quede en algún lugar donde la gente hable mandarín. La presidencia de Trump está apostando a la energía vieja. En enero, la Administración Nacional de Energía de China anunció que invertirá 360,000 millones de dólares en tecnologías de energía avanzada hasta 2020. Y los tres fabricantes de energía solar más importantes están radicados en China. Si la energía avanzada es donde van a parar el dinero y los empleos, Estados Unidos tiene mucho trabajo por delante; pero el gobierno ha dicho que no debe tomarse la molestia.

Sí, son tiempos profundamente difíciles para los pueblos y las regiones que siempre han dependido del carbón. Pero, a menos de que seas Kim Jong Un o un miembro empelucado de la tribu hilu de Papúa, Nueva Guinea, no hay manera de hacer que el progreso desaparezca, sobre todo cuando el resto del mundo sigue adelante sin ti. Lo mejor que puede ocurrir en un territorio carbonero es que el gobierno invierta en crear empleos en energías avanzadas para esas regiones, como hizo en la década de 1960, cuando construyó la instalación de la NASA para fabricar cohetes en Huntsville, Alabama, transformando la ciudad para siempre.

Después de que Trump declaró que Estados Unidos abandonaría el Acuerdo de París, Tyler White, presidente de la Asociación del Carbón en Kentucky, comentó: “Este es un paso que cumple algunas de las promesas que hizo”. Tal vez, pero la realidad económica significa que la promesa de Trump al territorio carbonero es como decirle a un niño que Santa Claus seguirá llegando eternamente.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek