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EN LOS ÚLTIMOS tres meses, investigadores de toda Europa han interceptado miles de píldoras Captagon, una droga popular con base de anfetamina entre el grupo miliciano Estado Islámico (EI). Apodada “la droga de los yihadistas”, Captagon mantiene a sus consumidores despiertos por largos periodos, atenúa el dolor y crea una sensación de euforia. Según un exmiliciano que habló con CNN en 2014, el EI “nos dio drogas, píldoras alucinógenas que te hacían ir a la batalla sin importarte si vivías o morías”. Dados los testimonios similares de otros combatientes, los expertos dicen que parece probable que las píldoras alucinógenas que el miliciano tomó eran Captagon.

El 10 de mayo pasado, investigadores holandeses dijeron que habían descubierto un laboratorio de drogas el mes anterior que producía en masa píldoras de Captagon, y estaban buscando a dos sospechosos asociados con el laboratorio. En marzo, la policía griega confiscó más de 600,000 píldoras de esta droga en una redada y arrestó a cuatro personas por supuestamente manufacturarla.

Las policías griega y holandesa no han dicho que el Captagon que ellas encontraron estuviera destinado a combatientes del Estado Islámico.

Captagon es uno de los nombres de marca de la droga fenetilina, una combinación de anfetamina y teofilina que relaja el músculo alrededor de los pulmones y es usado para tratar problemas respiratorios. Una compañía alemana sintetizó por primera vez la fenetilina en 1961, y cuando descubrió que la droga mejoraba el estado de alerta, los médicos empezaron a recetarla para tratar la narcolepsia y el trastorno de déficit de atención e hiperactividad. Aun cuando por lo general no tiene efectos secundarios, dice el Dr. Raj Persaud, miembro del Colegio Real de Psiquiatras domiciliado en Londres, el uso excesivo puede provocar depresión extrema, cansancio, insomnio, palpitaciones cardiacas y, en casos raros, ceguera e infartos al miocardio. En la década de 1980, cuando quedó en claro lo adictivo de la droga, Estados Unidos y la Organización Mundial de la Salud la listaron como una sustancia controlada, y ahora es ilegal comprarla y venderla en la mayoría del mundo.

No obstante, la fenetilina es popular en Oriente Medio, en particular en Arabia Saudita, donde se consume más Captagon que en cualquier otro país. Aun cuando la ley islámica prohíbe el consumo de alcohol y otras drogas, muchos consumidores allí ven el Captagon como una sustancia medicinal. En octubre de 2015, autoridades libanesas arrestaron a un príncipe saudita en el aeropuerto de Beirut después de que se hallaron dos toneladas de cocaína y píldoras de Captagon, las cuales se venden por aproximadamente 20 dólares por píldora en Arabia Saudita, en un avión privado.

Otrora manufacturado en Europa Oriental, Turquía y Líbano, según el Journal of International Affairs de la Universidad de Columbia, el Captagon ahora se hace predominantemente en Siria. El conflicto sirio ha permitido que florezcan actividades ilícitas, y muchos combatientes allí saben los beneficios de usar la droga.

El uso de drogas en la guerra tiene una larga historia. Los griegos antiguos, los vikingos, los soldados de la Guerra Civil de Estados Unidos y los nazis dependían de las drogas —vino, hongos, morfina y metanfetaminas, respectivamente— para hacer soportable el horror de la batalla. “El santo grial que los ejércitos de todo el mundo han buscado es una droga que le dé valor a la gente”, dice Persaud, y Captagon se acerca. “No te da un valor destilado, pero sí te da una tendencia a querer continuar y un juicio disminuido, por lo que no consideras si estás asustado o no”, agrega. “Sientes euforia. No sientes dolor. Podrías decir que es valor sin el juicio”. Para un combatiente en una guerra librada tan brutalmente, los beneficios de ello son claros.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek