Por qué Corea del Norte odia a Estados Unidos

La brutalidad de la Guerra de Corea ha sido pasada por alto en gran medida en la historia de Estados Unidos, pero el conflicto ha dado forma desde hace mucho tiempo a la atribulada relación política de Washington con Corea, o a la falta de ella. Mientras que el presidente estadounidense Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong Un amenazan con dar inicio a una nueva batalla en la región, las cicatrices del pasado parecen resonar con mayor potencia en la Península de Corea que en Occidente.

Durante los tres años que duró la guerra, la cual ambas partes se acusan de haberla provocado, Estados Unidos lanzó 635,000 toneladas de explosivos sobre Corea del Norte, incluidas 32,557 toneladas de napalm, un líquido incendiario capaz de devastar áreas boscosas y provocar graves quemaduras en la piel humana. (En contraste, Estados Unidos usó 503,000 toneladas de bombas en todo el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, de acuerdo con un estudio realizado en 2009 por la publicación Asia-Pacific Journal). En una entrevista realizada en 1984, el general de la Fuerza Aérea Curtis LeMay, director del Comando Aéreo Estratégico durante la Guerra de Corea, afirmó que las bombas estadounidenses “mataron a 20 por ciento de la población” y “se lanzaron a todo lo que se moviera en Corea del Norte”. Estos actos, en gran medida han sido pasados por alto en la memoria colectiva de Estados Unidos, y han contribuido profundamente al desprecio de Pyongyang hacia Estados Unidos, especialmente a su constante presencia militar en la Península de Corea.

“La mayoría de los estadounidenses ignoran completamente que destruimos más ciudades en Corea del Norte que en Japón o en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial… Todos los norcoreanos lo saben, pues se les inculca constantemente en sus mentes. Nosotros nunca escuchamos acerca de ello”, declaró a Newsweek el lunes el historiador y escritor Bruce Cumings a través del correo electrónico.

Cumings describió su controvertida revisión del recuento estadounidense del conflicto en su libro galardonado de 1980 titulado “The Origins of the Korean War” (Los orígenes de la guerra de Corea), seguido en 1991 por un segundo volumen que también recibió un premio literario internacional. Este autor acusa a Estados Unidos del bombardeo indiscriminado de ciudades de Corea del Norte, que produjo un número importante de muertes de civiles durante todo el esfuerzo de Washington para limpiar la península de Corea de las fuerzas comunistas patrocinadas por sus enemigos de la Guerra Fría: la Unión Soviética y China. Estas atrocidades, que han quedado en el olvido y cuya magnitud ha sido debatida por los expertos, fueron hechos formativos para la sociedad norcoreana, donde prácticamente cada aspecto de la vida está influido en cierta medida por la ideología gubernamental, y fueron subestimados en la mayoría de los libros de historia de Estados Unidos.

“En general, los estadounidenses, y ello incluye a la mayoría de nuestros líderes, no comprenden o saben mucho acerca de la guerra de Corea, mientras que los norcoreanos están completamente enfocados en todo lo que ha ocurrido desde que Estados Unidos ocupó Corea del Sur en 1945”, declaró Cumings a Newsweek. “Esto establece una situación muy peligrosa, en la que los dos países son como dos barcos que navegan en la noche sin comprender al otro bando y, por ello, sin conocer realmente al enemigo ni saber lo que busca”.

Los orígenes de la guerra también han sido ocultados en Occidente. Corea fue dividida en 1945 después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial del Imperio Japonés, que ocupó la Península. El territorio fue dividido entre la Unión Soviética en el norte y Estados Unidos en el sur. Las dos superpotencias victoriosas en la Segunda Guerra Mundial lucharon alguna vez hombro con hombro, pero pronto se convirtieron en rivales basados en ideologías opuestas. Los recuentos tradicionales de Estados Unidos sobre el conflicto comienzan diciendo que el ejército de Corea del Norte atacó a la población surcoreana en junio de 1950 bajo el mando de Kim Il Sung, el abuelo del actual líder de ese país Kim Jong Un, y sus aliados soviéticos. Sin embargo, es importante señalar que esta ofensiva fue precedida por la dura represión contra los izquierdistas, ejercida por el gobierno de derecha apoyado por Estados Unidos y encabezado por el presidente de Corea del Sur Syngman Rhee en la década de 1940.

En los primeros meses, los soldados de Corea del Norte ocuparon 90 por ciento de la península, obligando a los soldados apoyados por Estados Unidos y Naciones Unidas, que contaban con un entrenamiento muy deficiente, a retirarse hacia un pequeño bastión en la región sureste, conocido como Perímetro de Pusan. La intervención directa de Estados Unidos, en especial un ataque anfibio realizado en septiembre contra la ciudad portuaria de Incheon, ocupada por Corea del Norte, cambió la dirección del conflicto y finalmente empujó al ejército de Kim Il Sung más allá de la frontera previamente establecida entre las naciones y más cerca de la frontera de Corea del Norte con China. Las rápidas pérdidas provocaron una intervención china en octubre de 1950, la cual empujó a las fuerzas estadounidenses y surcoreanas de vuelta hasta situarlas muy cerca de la frontera internacional existente.

Tras dos años más de lucha, en los que hubo pocos cambios en el territorio, las partes en conflicto establecieron finalmente un armisticio en julio de 1953, cerca del paralelo 38, así como una zona desmilitarizada rodeando esa zona por ambos lados. Tras la muerte de más de 36,000 soldados estadounidenses, cientos de miles de chinos y millones de coreanos, principalmente del Norte, las potencias mundiales declararon un alto al fuego. Sin embargo, no se logró ningún “acuerdo final de paz” entre Corea del Norte y Corea del Sur, lo que significa que ambas naciones siguen estando oficialmente en guerra.

Aunque el conflicto pocas veces ha recibido la misma atención que los dos conflictos principales de Estados Unidos, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Vietnam, los cuales ocurrieron antes y después de ella, respectivamente, las condiciones fueron particularmente brutales para los combatientes. Un clima extremo y la falta de suministros asolaban a los soldados leales a ambas facciones, lo mismo que las acusaciones de haber cometido crímenes de guerra. Pocos días después de iniciada la guerra, Rhee ejecutó a una gran cantidad de personas sospechosas de tener relación con el izquierdismo y el socialismo. Por otra parte, Kim Il Sung ordenó purgas de académicos y otras personas con educación. Además de los ataques aéreos estadounidenses contra centros urbanos poblados, el ejército también participó supuestamente en el ataque directo contra civiles, como la masacre de No Gun Ri, en la que murieron al menos 100 y posiblemente cientos de refugiados. Aunque ninguno de los participantes en la guerra ha sido particularmente comunicativo al admitir sus posibles crímenes, Pyongyang ha utilizado la falta de disposición de Estados Unidos a admitir su terrible pasado como combustible para su propia retórica.

Después de la guerra, la caracterización de Estados Unidos por parte de Corea del Norte como un malvado imperialista a punto de invadir ese país fue corroborada aún más en la visión de Pyongyang por las intervenciones estadounidenses contra potencias comunistas en Vietnam Grenada, y posteriormente contra líderes del Medio Oriente en Irak y Libia. La respuesta de Corea del Norte consistió en desarrollar un elemento nuclear de disuasión, un programa iniciado en algún momento de la década de 1980 bajo el régimen de Kim Il Sung y seguido sistemáticamente por sus herederos, enfrentando una condena prácticamente unilateral en el extranjero, la cual se extiende hasta China, que es el aliado tradicional de Pyongyang.

Beijing, que envió oleadas de soldados contra las fuerzas estadounidenses durante la guerra de Corea, desde entonces ha adoptado muchos aspectos del capitalismo y del libre mercado, que resultan familiares para los estadounidenses. Lo mismo ha ocurrido con Vietnam, el antiguo enemigo de Estados Unidos. Yendo un poco más atrás, los estados sucesores de la Alemania nazi y del Japón imperial se han convertido en aliados acérrimos y democráticos de Estados Unidos. Por otra parte, Corea del Norte, a pesar de haber adoptado importantes reformas, continúa bajo la dinastía recluida y autoritaria de Kim, y una combinación de prejuicios de los medios occidentales y el propio control de Corea del Norte sobre su información han provocado importantes malentendidos y representaciones incorrectas del país en Estados Unidos, de acuerdo con Jenny Town, subdirectora de 38 North, un grupo de supervisión de Corea del Norte.

“Corea del Norte sigue siendo este estado aislado sobre el cual las personas no saben mucho, sigue siendo el enemigo [en la mente de las personas]”, declaró Town, cuyo padre peleó con el ejército estadounidense en la guerra de Corea. “Les resulta muy poco familiar”.

Las frecuentes caracterizaciones de Kim Jong Un, al igual que su padre y su abuelo antes que él, como un déspota irracional o incluso como un líder caricaturesco y estrafalario, han persistido “porque es más fácil”, de acuerdo con Town, que comprender la realidad matizada de un conflicto en el que las cosas pocas veces fueron blancas o negras. Desde el fin de la guerra de Corea hace más de medio siglo, el pésimo registro de derechos humanos y la expansión militar de Corea del Norte han recibido una amplia cobertura de los medios de comunicación, mientras que los esfuerzos de Kim Jong Un de estabilizar la economía generalmente han sido escasamente informados.

Con Trump y Kim, dos jefes de Estado que han sido presentados como bufonescos e incompetentes en los medios de comunicación de todo el mundo, a pesar de su muy serio acceso a arsenales de armas nucleares, y como personajes que avanzan hacia un posible enfrentamiento, podrían aprender algo de los relatos de cada uno acerca de la última gran guerra entre ambas naciones. Pero en este momento, ello podría ser una tarea difícil para Kim.

Hasta el miércoles, la página oficial dedicada a la guerra de Corea en el sitio web de la Oficina del Historiador del Departamento de Estado, seguía inactiva, con tan solo un breve mensaje, según el cual, la página estaba “en proceso de revisión para garantizar que satisfaga nuestros estándares de precisión y claridad”.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek