“Él no quería solo estar sentado detrás de puertas de vidrio en las oficinas centrales del FBI”, dice Michael Steinbach, quien se retiró en febrero como el subdirector ejecutivo del FBI encargado de la seguridad nacional. “Él quería salir”. Y no solo está acumulando millas de viajero frecuente; él habla con sus agentes y les pide le compartan sus ideas y preocupaciones.
En sus oficinas de campo, Comey suele contar a los agentes la anécdota, a menudo citada, sobre cómo durante una visita a una instalación de la NASA, el presidente John F. Kennedy le preguntó a un custodio: “¿Cuál es su trabajo aquí?”, y el custodio respondió: “Estoy ayudando a llevar un hombre a la luna”. David Johnson, quien se retiró en diciembre como el subdirector ejecutivo adjunto de la División Criminal, Cibernética, Respuesta y Servicios (CCRSB, por sus siglas en inglés), considera que Comey acude a esa historia, quizás apócrifa, para subrayar su creencia ferviente en que todos los que trabajan para el buró tienen una sola misión: proteger a los estadounidenses de los chicos malos. “Él trata de obtener conformidad de toda la organización con respecto a lo que esta debería hacer y cómo la gente puede contribuir”, afirma Johnson.
Quienes han trabajado con Comey señalan que su liderazgo es más amable y gentil, algo a lo que no estaba acostumbrada la mayoría de los agentes veteranos del FBI. “No se trata de un chivo en cristalería”, apunta Frank Montoya Jr., exejecutivo de contrainteligencia nacional del buró federal de investigaciones. Por ejemplo, rutinariamente, el director escribe correos electrónicos a su equipo laboral explicando las decisiones que toma, y solicita retroalimentación, incluso puntos de vista opuestos, a los ejecutivos de la agencia. “Es muy cerebral”, opina Larry Barton, un instructor de toda la vida de la Academia del FBI. “Es muy intelectual, muy respetuoso y conocedor de la ley… Es un estudiante de historia”. Y por ello, él busca que su equipo laboral tenga esa perspectiva, esos rudimentos. Comey exige que todos los agentes nuevos visiten el monumento a Martin Luther King Jr. en D.C., y guarda bajo el vidrio de su escritorio una copia de la solicitud de J. Edgar Hoover, el legendario director del FBI, de intervenir el teléfono de King. “Ellos salieron, poniendo micrófonos e interviniendo el teléfono de King sin limitaciones, sin restricciones, sin supervisión”, ha dicho Comey. “La guardo allí… como un recordatorio de los peligros de volverse irrestricto”.

Hillary Clinton entra escupiendo su bebida.
En julio pasado, James Comey hizo la inusual acción de celebrar una conferencia de prensa para anunciar que el FBI no recomendaría al Departamento de Justicia de EE. UU. fincarle cargos a Hillary por haber usado un servidor correo electrónico privado cuando era secretaria de estado. Pero en vez de exonerar por completo a la candidata presidencial demócrata, él la reprendió y dijo que sus agentes habían hallado cadenas de correos electrónicos “ultra secretos” y “clasificados” en los servidores de ella. Luego, el 28 de octubre, 11 días antes de la elección, Comey escribió al Congreso diciendo que el FBI había hallado nuevos correos electrónicos relacionados con el caso. Clinton ha dicho que esta carta tuvo un “efecto determinante” en la elección, y los críticos vituperaron a Comey como un egocéntrico santurrón con motivos políticos.
Algunos cercanos a Comey piensan que esa es una lectura equivocada sobre su persona. En entrevistas con Newsweek, casi una docena de amigos y excolegas de Comey —incluidos algunos que lo conocen desde hace décadas y gente que tuvo puestos altos en la agencia— lo presentan como un hombre de fe e integridad. Ellos también consideran es el más capaz para obtener la verdad sobre los lazos del presidente Donald Trump con el presidente ruso Vladimir Putin.
El 20 de marzo, Comey dijo al Comité Selecto Permanente sobre Inteligencia de la Cámara de Representantes que, desde julio, el FBI ha “investigado las acciones del gobierno ruso para interferir en la elección presidencial de 2016, y ello incluye investigar la naturaleza de cualesquiera vínculos entre individuos asociados con la campaña de Trump y el gobierno ruso, y si hubo alguna coordinación entre la campaña y las acciones de Rusia”. El Departamento de Seguridad Nacional y la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI, por sus siglas en inglés) hicieron pública una declaración en octubre sobre la intromisión rusa, y la ODNI publicó un informe desclasificado sobre el tema en enero, y esta fue la primera confirmación de que el FBI estaba en el caso. “Si la campaña de Trump o alguien asociado con ella ayudó o fue cómplice de los rusos”, dijo Adam Schiff, miembro superior del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, en la audiencia, “no solo sería un crimen grave. También representaría una de las traiciones más pasmosas a la democracia en la historia”.
El hombre que muchos consideran acabó con la aspiración de Clinton a la Casa Blanca sería quien ahora podría derribar a Trump. Sus amigos ven esto como un giro cruel para alguien que, dicen ellos, no quiere jugar en esa arena. “Él no está interesado en la política”, sostiene Johnson, exfuncionario de la CCRSB. “Él no es así como persona. No es su postura. Él trata absolutamente de ser tan apolítico como sea posible”. Montoya, el ex ejecutivo de contrainteligencia nacional. David Kelley, amigo de toda la vida de Comey y quien fuera su fiscal general adjunto en el Distrito Sur de Nueva York, está de acuerdo: “Pienso que las historias que corren por allí con respecto a que él es político en absoluto son, francamente, tontas”.
Pero no hay manera de escapar de cuán extraordinariamente político es su trabajo en estos días. Después de todo, Comey podría determinar una vez más el destino de la presidencia estadounidense. Con la amenaza tan profunda (una potencia extranjera trabajando para minar la democracia estadounidense, posiblemente con la ayuda del equipo de un candidato presidencial de EE. UU.) y los conflictos de interés tan problemáticos (el fiscal general Jeff Sessions y Devin Nunes, presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes —ambos republicanos—, han sido obligados a descalificarse a sí mismos en las investigaciones sobre Rusia), los partidarios de Comey creen que él puede ser el salvador del país. “Alguien que está enfocado en el bien del país, y alguien que tiene un sentido de los valores, como él, pienso que es extremadamente importante”, dice Steinbach, el exsubdirector ejecutivo, quien supervisó la investigación de los correos electrónicos de Clinton y la investigación sobre Rusia.
“Él es una de esas voces de cordura contra la marejada de sinsentidos que corre por allí, y no podemos darnos el lujo de perderlo”, dice Montoya. “No pienso que haya un mejor hombre en el gobierno al momento que Jim Comey”.
Comey creció en una familia irlandesa católica en los suburbios de Nueva Jersey. Su padre era un ejecutivo de bienes raíces, y su madre hacía trabajo de voluntariado. Su abuelo fue oficial de policía y presidió un departamento, y Comey tiene una foto colgando en su oficina de “Abuelito Comey” escoltando a un sospechoso. Él conoció a su futura esposa mientras estaba en el Colegio de William y Mary en Virginia, donde se graduó tanto en religión como en química. Él luego se graduó de la Escuela de Leyes de la Universidad de Chicago y fue a trabajar primero en la Ciudad de Nueva York y luego, a principios de la década de 1990, en Richmond, Virginia. En 2002, se convirtió en fiscal general del Distrito Sur de Nueva York. Menos de dos años después, el presidente George W. Bush lo nombró su fiscal federal adjunto, solo debajo de John Ashcroft.
Poco después, Comey tuvo su momento de más alto perfil. Fungía como fiscal federal interino mientras Ashcroft estuvo en el hospital por una cirugía. Comey se opuso a reautorizar el programa de espionaje doméstico de la administración de Bush, y supo que asesores de Bush planeaban visitar a Ashcroft en el hospital para hacerlo firmar el decreto. Comey corrió para adelantárseles. Al día siguiente, él y otros funcionarios federales amenazaron con renunciar, y convencieron a Bush de hacerle cambios al programa.
Tal vez la dura experiencia del hospital hizo que Comey deseara un descanso del gobierno federal. A partir de 2005, tuvo puestos en Lockheed Martin, el gigante de seguridad y aeroespacial, y Bridgewater Associates, el fondo de cobertura. Luego, en 2013, el presidente Barack Obama lo nombró director del FBI; tal vez una medida sorprendente, dado que Comey había sido un funcionario de la administración de Bush y había donado a los oponentes presidenciales republicanos de Obama. Obama tenía una razón sencilla para dejar de lado las diferencias políticas: “Él es una rareza en Washington”, dijo el presidente en la ceremonia de nombramiento. “No le importa la política; solo le importa que se haga el trabajo”.
También es así como muchas de las personas cercanas a Comey lo describen, ya sea refiriéndose a su época como abogado en la práctica privada, como profesor adjunto en la Escuela de Leyes de la Universidad de Richmond o como fiscal federal. “Uno podría simplemente decir que él siempre trataba de hacer lo correcto”, dice Gilbert “Bud” Schill Jr., quien en la década de 1990 trabajó con Comey en el despacho de abogados McGuireWoods. Incluso quienes han criticado públicamente a Comey hablan bien de él. Larry Thompson, quien precedió a Comey como fiscal general adjunto y lo cuestionó enThe Washington Post por sus revelaciones de la investigación a Clinton y su carta al Congreso, ahora dice: “Obviamente no estuve de acuerdo con su decisión, pero en verdad pienso que es importante no permitir que esa única cosa defina mi opinión y visión de Jim”.

Foto: JONATHAN ERNST/REUTERS
Comey es un defensor franco de la transparencia. (Atestigüe esos correos electrónicos regulares que explican las decisiones a sus bases.) Como parte de su compromiso con buscar retroalimentación y mantener informados a sus agentes y el pueblo estadounidense, Comey el verano pasado propuso escribir un artículo de opinión sobre la intromisión de Rusia en la elección estadounidense en marcha. (Esto fue por lo menos semanas antes de que la administración de Obama primero dijera públicamente que Putin tenía los dedos —y sus hackers— metidos donde no debía.) “Si sentimos que hubo intentos de influir en la elección, sentimos que sería importante que el público estadounidense supiera eso”, dice Steinbach, quien se involucró en las conversaciones sobre el artículo de opinión. “Esa fue una conversación que tuvimos, y un procedimiento para que el director transmitiera ese mensaje era hacer un artículo de opinión”. Comey planteó la idea en una reunión en el Salón de Estrategias de la Casa Blanca con John Kerry, secretario de estado; Loretta Lynch, fiscal general; Jeh Johnson, secretario de seguridad nacional, y Susan Rice, asesora de seguridad nacional, según dos fuentes con conocimiento del asunto y quienes pidieron el anonimato ya que no estaban autorizados a hablar con la prensa sobre el tema. Su propuesta fue desestimada a favor de lo que el grupo creyó que debería ser un enfoque más coordinado, dice una de las fuentes.
Durante su testimonio de marzo ante el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Comey se negó a especular sobre cuánto podría demorar la investigación sobre Rusia. Steinbach y Montoya, quienes han supervisado casos de contrainteligencia, calculan que podría demorar años, y expertos en seguridad nacional señalan que un caso de contrainteligencia no siempre lleva a cargos penales. Pero si el FBI descubre que allegados de Trump conspiraron con Rusia, el descubrimiento sería el golpe más significativo a un presidente en funciones desde Watergate.
Los partidarios de Comey dicen que él todavía tiene confianza en que sus decisiones han sido las correctas, incluso aquellas tan controvertidas que le han granjeado enemigos y una revisión de la Oficina del Inspector General del Departamento de Justicia. Kelley, un amigo de toda la vida quien está en contacto regular con Comey, dice: “Él es alguien que hace lo que piensa que es lo correcto y no es alguien que vaya a ceder eso basado en las críticas que podría recibir”. Comey dijo algo similar en el estrado durante un evento reciente de la industria de inteligencia: “Sé que cuando tomo una decisión difícil, va a seguirse una tormenta, pero honestamente, no me importa”.
Si el inspector general halla que Comey manejó mal la investigación de Clinton, Trump podría tener una excusa para removerlo antes de que haya concluido la investigación del FBI sobre Rusia. Pero Steinbach dice que a Comey no le preocupa su seguridad laboral: “Él está muy cómodo. Él está sólido con su familia. Tiene un buen entendimiento de las creencias. Él va a hacer lo que cree que es correcto para el país, para el FBI”.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek