El muro de Trump se enfrenta a los estadounidenses

Donald Trump ha dicho que muy pronto habrá una decisión sobre el proyecto ganador para la construcción del muro en la frontera de Estados Unidos con México. El presidente estadounidense ha requerido que la valla fronteriza mida entre 5 y 9 metros de alto, que sea imposible de escalar, que tenga un “color estéticamente agradable” y, quizá en lo que ha insistido en reiteradas ocasiones, que abarque los 3152 kilómetros que comparten ambos países.

Las demandas que ha hecho Trump para que se lleve a cabo una de sus principales promesas de campaña ha encontrado distintos impedimentos desde que se ordenara su construcción con la orden ejecutiva firmada el pasado 25 de enero. Los obstáculos se han centrado en la financiación del proyecto, cuyo costo ha oscilado en distintos presupuestos de los 8 mil millones hasta los 50 mil millones de dólares; y a la imposibilidad de llevarlo a cabo en algunas zonas.

Sin embargo, también existen otros factores que se oponen a esta construcción. Es el caso de la oposición surgida en Estados Unidos por parte de ciudadanos que temen que la construcción del muro afecte la calidad de su vida, les arrebate sus tierras o acabe con lugares milenarios.

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En Texas, por ejemplo, la idea de un muro es impopular. El gobernador republicano de este estado, Greg Abbott, ha manifestado su oposición a la construcción en el Parque Nacional Big Bend, que abarca 189 kilómetros de frontera. El parque está conformado por tres divisiones naturales: el río, el desierto, y las montañas. Quienes se oponen a que la valla fronteriza se levante en esta zona argumentan que la división afectaría negativamente al turismo y los esfuerzos de conservación en el parque y áreas aledañas.

Activistas piensan que se pueden agregar medidas de seguridad en la frontera sin necesidad de construir un muro, lo cual permitiría que las mejoras de conservación sigan en pie, como la migración de los osos negros de México a Texas. “Un gran muro en Big Bend básicamente destruiría la calidad de la vida salvaje que Big Bend ha protegido”, dijo LoBello, integrante de la Coalición Greater Big Bend, organización sin fines de lucro que promueve la creación de un parque binacional o zona protegida, al diario The Dallas Morning News, que en diciembre pasado planteó el impacto del proyecto de Trump.

El Falcon Lake, un embalse artificial localizado en las aguas del Río Grande, al sureste de Laredo, en Texas, y en Nuevo Laredo, en México, también se vería afectado por esta barda. Los pobladores del condado texano de Zapata consideran que la construcción de esta división sería un obstáculo ya que les obstaculizaría la vista. “No estoy seguro de que pudieras poner una pared cerca de un lago. Sería un obstáculo para nosotros. La gente piensa que Trump está loco con este muro”, dijo un empresario al diario My Statesman.

También en el estado de la estrella solitaria, se ha presentado otra situación que ha amargado a los estadounidenses. El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS por sus siglas en inglés) ha enviado un aviso legal a residentes de Los Ebanos en el que plantea su interés por parte de sus tierras para poder llevar a cabo la construcción.

El gobierno estadounidense ha ofrecido a los propietarios 2900 dólares por cada 1.2 acres de sus propiedades y les ha planteado que en caso de que no acepten la propuesta la tierra les podría ser confiscada, mediante una figura legal que prevé una compensación monetaria.

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“No queremos este muro, la ciudad está bastante unida en eso… Pero tampoco queremos ser demandados por el gobierno de los Estados Unidos”, comentó Yvette Salinas al Texas Observer a raíz de que su madre recibiera el aviso legal una semana antes de Trump llegara a la Casa Blanca, en una situación que ya había dejado en el pasado con los intentos fallidos que se presentaron durante el gobierno de George Bush para hacerse de las tierras.

Fuera de Texas, en el estado fronterizo de Arizona, la tribu Tohono O’odham, integrada por 34 mil miembros que viven en el territorio asentado tanto en Estados Unidos, ha apelado al nexo ancestral que los conecta con su tierra para advertir que harán cuanto puedan para impedir que se levante una valla que separe a sus familias.

La tribu junto al gobierno mexicano han llevado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) un reclamo contra el muro fronterizo. La petición ante la CIDH llama a que se respeten distintos instrumentos internacionales, sobre todo el artículo 36 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

A la par de este recurso, un grupo de protección ambiental y un congresista de Arizona interpusieron este miércoles la primera demanda federal contra el muro fronterizo de Trump en la que se pide al DHS un reporte del impacto ambiental que tendría la construcción del muro y la expansión de sus operaciones de vigilancia en la frontera entre México y Estados Unidos.

“Lo que necesitamos es un análisis riguroso y algo de ciencia real para determinar qué tanto daño se ha hecho y cuánto más podría hacerse con las propuestas que ahora están sobre la mesa”, dijo a The Associated Press Randy Serraglio, del Centro de Diversidad Biológica.