La corriente internacional es alimentada tanto en México como en Estados Unidos. La mayor parte del escaso caudal corresponde a nuestro país. Debido a la poca planeación y a la manera en que se realizaron los asentamientos desde la década de 1940, el cauce del río se volvió zona de poblamiento y por varias décadas miles de tijuanenses vivieron en el lugar, en muchas ocasiones en condiciones insalubres.
Su carácter internacional radica en que es un río sucesivo y desemboca en la parte sur del condado de San Diego. Por ello, el tema de todo lo que este río arrastra en los años en que llueve, ha generado protestas de residentes de San Isidro e Imperial Beach en numerosas ocasiones. Cuando menos desde la década de 1960 existen quejas formales, algunas de ellas registradas en las minutas de la Comisión Internacional de Límites y Aguas, otras en la presa de San Diego.
Residuos de todo tipo han provocado diálogos y confrontaciones entre autoridades en numerosas ocasiones. Instituciones de Estados Unidos como la Environmental Protection Agency (EPA) o la Universidad Estatal de San Diego, por mencionar algunas, han negociado acciones del lado mexicano para reducir en lo posible que el material arrastrado disminuya en lo posible.
La canalización del río Tijuana, iniciada en la década de 1970, modificó el espacio de tal forma que la cantidad de basura se incrementó, pues el canal colecta contaminantes de todo tipo. Fue una modificación toral en el uso del espacio para nuestra ciudad y una nueva condición para los residentes del sur de San Diego. Los materiales que traslada llegan a sus playas, acompañado de olores. Por ello la playa de Imperial en numerosas ocasiones es cerrada a los bañistas.
Por otra parte, el agua del río Tijuana, así como de otras corrientes que descienden de Otay, alimentan el estuario de la zona, que se ha convertido en un símbolo de la región. Para la ciudad y agencias federales, es un área que se debe cuidar. Por ello la tensión es permanente desde hace varias décadas.
Sin embargo, en semanas recientes, a las precipitaciones que se registraron en la zona, se sumó la ruptura de un colector de aguas residuales en Tijuana. Con ello, de acuerdo a fuentes estadounidenses, 143 millones de metros cúbicos de aguas residuales se mezclaron con la corriente provocada por las lluvias y terminaron en las costas del sur de San Diego. Este hecho, generó todo tipo de manifestaciones en contra de nuestro país. Por otra parte, la información no fluyó en los medios locales; fue la prensa del sur de California la que generó la información.
En México el tema no resulta en lo inmediato de una afectación significativa. Pero no puede dejarse de lado, dado que es un elemento de negociación. Por otra parte, muestra que el problema de la corriente no termina en la línea fronteriza: es internacional y si en este momento los afectados son en el sur de California, en otras zonas puede resultar lo contrario.