La mejor compañera de Samantha es sutablet. Ahí puede pasar las horas sin sentirlo, haciendo lo que más le gusta: ver videos de YouTube.
Básicamente es lo que hace cualquier niña de su edad.
Menos común es que Samantha, —de 9 años de edad— lea un libro impreso, esa tecnología de épocas antiguas que antes revolucionó la transmisión de conocimiento.
Si lo hace, no serán más de tres veces a la semana y un ratito porque se aburre pronto. Con los videos es igual: para que no le aburran es mejor que no duren más de cinco minutos. Le encantan los tutoriales.
Ella, como el resto de sus compañeros y muchos jóvenes que no pasan de los veinte, no conciben la vida en la tierra sin la existencia de teléfonos inteligentes, tablets, Facebook, Twitter o YouTube. No entablan relaciones sin las redes de por medio.
Pero esto no siempre es malo. Ivan Castillo es un joven de Tijuana quien recién cumplió los 18 años y ya cuenta con un lugar honorario en la Asociación de Genetistas de Australasia.
Él descubrió una nueva manera de combatir bacterias sin generar resistencia, gracias a una investigación que realizó en Polonia.
Su descubrimiento no hubiera sido posible sin el uso constante de sutablet, porque los libros en los que basó su investigación los tenía reunidos en su solo lugar.
“Para mí es más fácil leer en latablet, porque tengo toda la información de todos los libros junta, puedo hacer anotaciones, si necesito hacer una búsqueda sólo pongo la palabra en el buscador y ya me aparecen y eso hace más rápido mi trabajo”.
Ivan no recuerda la vida antes del internet. Tampoco conoció los celulares de pantalla monocromática verde o azul.
Su relación con los dispositivos comenzó cuando ya eran “inteligentes” y la conexión a internet era un requisito indispensable en cada uno de ellos.
Podría decirse que las nuevas generaciones ya traen en los genes las habilidades para manejar los modernos dispositivos.
LosMillennials(1984-2004) y los de la Generación Z (2004 en adelante) primero utilizan un teléfono celular o tableta táctil antes que aprender hablar.
No conocieron las pesadas computadoras, y nacieron envueltos en un mundo de alta resolución, realidad virtual y aventuras en videojuegos.
Si se divierten diferente, los jóvenes de hoy también aprenden diferente. Leen y escriben mayormente en pantallas digitales.
La facilidad de obtener información a través de los medios electrónicos, lleva fácilmente a caer en los excesos.
Se tiene mucho contenido, pero la comprensión es deficiente. La persona no profundiza en la lectura, no analiza, ni hace anotaciones.
Se lee todo digerido, dice Arturo Serrano Santoyo, investigador del Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada (CICESE).
Las redes sociales son las que enseñan cómo leer y dictan cómo escribir.
Twitter obliga a resumir ideas en 140 caracteres, porque saben que de otra forma, el joven lector pierde el interés rápidamente. Siempre será mejor una gran imagen o un video que no pase de tres minutos.
“Las nuevas generaciones ya no aprenden como antes porque el entorno también ha cambiado”, resume Serrano.
Pero “El internet brinda toda la información y las facilidades para que el lector no pierda tiempo buscando cómo complementar la lectura, sino que le da resumida en forma de hipervínculos”, explica el también director del área de Impulso a la Innovación y Desarrollo en el CICESE.
“El ser humano ya no tiene la disciplina de hacer análisis crítico, porque ya no es necesario. La información ya no tarda una semana en llegar, ni siquiera un día, tarda minutos y hasta segundos, se viraliza en redes sociales y sólo basta con entretenerse sin comprender. Comprender requiere esfuerzo y el esfuerzo significa tiempo”, dice el especialista.
Y actualmente “tiempo es lo que menos tenemos, porque en un minuto ya tenemos otra noticia en espera de ser compartida”.
“La tecnología la traemos en la mano”, considera por su parte Griselda Bojórquez Angulo, profesora en preescolar y primaria. Tiene 18 años de experiencia en la enseñanza, pero no ha aprendido a descargar las actualizaciones en su teléfono, cuya gama está por debajo del que traen sus alumnos.
La “profe” Griselda habla como de la prehistoria: “Los maestros buscábamos en libros el material para la clase, sacábamos copias”.
El uso de la tecnología en el aula escolar empezó a generalizarse alrededor del año 2007, estiman los especialistas.
En pocos años se terminará el hábito de la lectura tal como lo conocemos hasta ahora, vaticina el profesor Francisco Álvarez, jefe de Investigación y Posgrado de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA).
Hoy en día son parte del léxico común palabras que hace 20 años ni existían: viral, youtubers, tuit, emoji, meme, etc.
Pero ese añadido no implica mayor dominio del lenguaje ni mayor lectura, por lo menos no en calidad. Nuestro sistema educativo y los padres de familia no ayudan.
Y así llegan los estudiantes hasta el nivel preparatoria, incluso a la universidad, sin escribir correctamente, sin comprender lo que leen, ni la capacidad de resolver operaciones matemáticas si no tienen calculadora en mano.
Es un proceso vicioso de origen. Los alumnos van pasando de grado sin problema porque calificar los conocimientos no es prioritario, se completa el promedio con asistencias, uniforme, conducta.
Para el profesor Álvarez los “nativos” de la era tecnológica necesitan ser retados en todo momento y los programadores deben estar a la altura creando aplicaciones que enseñen la lecto-escritura de manera lúdica. Es decir, adecuarse a la manera de aprender de los niños y jóvenes de esta era.
“El internet y las redes sociales se deben utilizar como lo que son, herramientas. Ya sea para informarse o educarse”, apunta Álvarez.
El mundo digital está aquí y ya no se irá. Los niños de esta generación están listos, hay que hablarles en su idioma.
Club Lía es una empresa que surgió hace 16 años en Tijuana y crea una plataforma que apoya a los maestros en el desarrollo de dinámicas de aprendizaje a través del juego.
Lourdes Ibáñez, fundadora del proyecto, dice que el uso de las nuevas tecnologías que trajo el tercer milenio, obliga a mejorar la técnicas educativas del nivel básico.
Los niños de primaria que han usado estas herramientas, pueden leer entre dos y tres párrafos por minuto, “pero es en la comprensión donde hemos hecho énfasis, preferimos que el menor lea despacio, pero que logre comprender y analizar lo que se les pide. Que forme un pensamiento crítico”.
En una lista de 71 países, México ocupa el lugar número 56 en comprensión lectora. Son indicadores de la prueba PISA de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que mide los niveles cognitivos en jóvenes de menos de 15 años.
La prueba se realiza cada tres años desde el 2000, y aplica una disciplina distinta cada año.
En matemáticas nuestro país ocupa el lugar 57 y en ciencias el 58.
A mayor nivel de competencia de los ciudadanos, mejor es la economía de ese país. Eso explica la situación económica y social que padece México, que a pesar de que está por arriba de la mayoría de los países de Latinoamérica, no ha registrado avances en mucho tiempo.
Para consuelo, nuestro país supera a Brasil y República Dominicana en habilidad para la lectura. En matemáticas y ciencias superamos a Costa Rica, Colombia, Perú, Brasil y República Dominicana.
“Esto nos indica qué países son los más preparados para hacer frente a los desafíos de la competitividad económica entre los miembros de la organización, a mayor y mejor capacitación de sus ciudadanos, existe mayor confianza económica al contar con una mano de obra preparada”, explica el doctor Juan Carlos Pérez Morán, especialista en pruebas de alto impacto en la Universidad Autónoma de Baja California.
“Si los estudiantes mexicanos alcanzaran al menos el nivel 2, considerado como básico de rendimiento en PISA, el Producto Interno Bruto del país en 2095 podría ser un 50% más elevado”.
Una generación educada tendría acceso a mejores empleos y salarios, y daría a luz a hijos de padres profesionistas, lo que también elevaría el nivel educativo y socioeconómico de esa nueva generación y en consecuencia, de las siguientes.
Eso también elevaría la competitividad del País y sería más atractivo para inversiones extranjeras y una estabilidad para el desarrollo económico y social.
Para el politólogo Jesús Silva-Herzog Márquez, la lectura es la base de una sociedad informada y sobre todo, competitiva ante los desafíos económicos de cada nación. México necesita que sus habitantes lean. No solo para incrementar los resultados de la prueba, sino para estar preparados antes los cambios socioeconómicos que se están viviendo.
“Nos permite conectarnos con el resto del mundo y poder estar en el mismo tiempo y espacio con otras sociedades y culturas, además de permitirnos abrir al conocimiento para la prosperidad y desarrollo económico de los pueblos”, dice.
La prueba para medir el lenguaje y la comunicación digital, que antes se realizaba con lápiz, desde el año 2012 se aplicó de forma computarizada en México. Fue un verdadero desafío, un problema, pues muchas de las escuelas con los alumnos y maestros seleccionados no contaban con infraestructura mínima tal como electricidad. Algunos planteles ni techos ni paredes tenían. Así el rezago nacional.
La misma OCDE emitió un reporte en 2009, dando a conocer que hasta en la lectura “por placer” nuestro país queda muy mal parado. México ocupó el lugar 45 de 61, solo por encima de países como Perú. Entre los datos obtenidos, se supo que los jóvenes de 15 años se muestran todavía menos entusiasmados por la lectura a como lo eran a inicios del siglo.
La asociación de la lectura y el aprendizaje con las nuevas tecnologías condujo a una nueva cultura, una sociedad dependiente de los aparatos electrónicos, donde ya no hay necesidad de generar un pensamiento crítico y que, al contrario, sin el menor esfuerzo constriñe la información a través de unhashtag.