A sus ocho años de edad, la niña Mía Nicole se esfuerza por mantener su peso mediante buenos hábitos alimenticios y ejercicio, y así poder desarrollarse plenamente.
Ella y sus compañeros de tercer año de la escuela primaria José Vasconcelos participan en una estrategia escolar implementada para combatir el sobrepeso y obesidad en las escuelas de Educación Básica de Baja California.
Se trata de la construcción de huertos escolares, un innovador proyecto que se aplica en algunos planteles de la entidad. Cada escuela, de acuerdo a sus posibilidades de espacio, habilita pequeñas extensiones de terreno. Ahí los alumnos aprenden a cultivar verduras y hortalizas que posteriormente se convierten en ensaladas compartidas por el grupo.
Pero esta iniciativa se ha enfrentado con enemigas cercanas a los niños: las cooperativas escolares que ofrecen comida chatarra, aunque la ley en Baja California lo prohíbe.
El escenario al que se enfrentan los huertos escolares no es sencillo.
En las escuelas de educación básica del estado se libra una batalla contra la obesidad y el sobrepeso, y parece que no hay ley que pueda contra las llamadas “tienditas”, que llevan años de ventaja sobre los huertos.
Baja California ocupa el primer lugar de obesidad infantil en México, según datos del sector salud. Los huertos escolares son una de las iniciativas recientes donde se combina la educación y el buen comer.
Uno de estos huertos se encuentra en la primaria Vasconcelos. La profesora Teodora Armenta, directora del plantel, explica que el proyecto ha involucrado a padres, maestros y desde luego a los alumnos. “Si el niño tiene su propia área donde va a sembrar para comer, esto le da una nueva visión sobre la vida incluso”.
En los huertos se cultiva calabaza, tomate, chile, lechuga, betabel, entre otros. Los alumnos siembran y cuidan las plantas hasta verlas crecer.
“El betabel que aborrecían, ya lo ven crecer, lo cultivan, lo cuidan, lo riegan. Hacemos ensaladas cuando tenemos cosecha en el recreo y los niños comen y aprendemos a hacer aderezos naturales y fomentamos hábitos saludables”, dice el profesor Gustavo Galindo, responsable del programa.
Los resultados de estrategias como estas ya se ven en la escuela. El profesor Galindo dice que se ha logrado reducir a un 34% la obesidad y el sobrepeso, muy por debajo de la media a nivel Tijuana que es del 48%.
Estos hábitos son llevados al seno familiar y de acuerdo a la Coordinadora Municipal de Educación Física, América Fernández Rodríguez, ahora el niño está enseñando a sus papás.
Niños como la pequeña Mía Nicole han cambiado su opinión en cuanto a los alimentos que consume y ya no compra en la tiendita de su escuela. “Pura basura venden ahí”, dice Mía.
No obstante, el proyecto solo se aplica en diez escuelas del sistema, de un total de 1,500 planteles que existen en Tijuana.
El problema es que la obesidad también tiene a un aliado en la escuela con las cooperativas.
Y es que aquí, las pizzas, hamburguesas, churritos, papitas y las bebidas dulces desde hace años le ganaron la competencia a las verduras y la comida saludable.
“Es preocupante el índice de sobrepeso y obesidad que hay con los niños”, afirma la doctora América Fernández.
Si como dicen, de tanto aprender da hambre, entonces podríamos entender por qué los chicos de educación básica han subido de peso. Pero es precisamente ahí donde comienza el problema.
Los alumnos comen mucho pero productos que perjudican su salud y con ello colocan a Baja California y en especial a Tijuana como el primer lugar en sobrepeso y obesidad infantil.
El profesor de educación física Gustavo Galindo, se alarmó al conocer de cerca los efectos de la obesidad en los alumnos. “Me di cuenta por un niño que me llegó aquí a la escuela con 130 kilos de peso en quinto grado”.
Este descubrimiento llevó al profesor a involucrarse en ayudar a los menores. Desde entonces se dio a la tarea de buscar cursos y programas para aplicarlos en la escuela.
Esta preocupación es compartida por las autoridades de Salud.
La doctora Gabriela Arciniega Amezcua, responsable del programa de Salud en el Niño y Adolescente de la Jurisdicción de Servicios de Salud número 2 en Tijuana, dice que la obesidad en niños es consecuencia de cambios en su estilo de vida, además de la mala alimentación.
“Hubo una reducción en la actividad física, utilizan más videojuegos y horas de computación que hacer actividad física en horas libres”.
El problema es sin duda un asunto de peso. Las autoridades no encuentran la fórmula adecuada para ganar terreno en esta lucha desde los planteles educativos.
Las escuelas de educación básica son el principal campo de batalla. Profesores, médicos, trabajadores sociales, padres de familia y especialistas en deporte tratan de diseñar las jugadas correctas para anotar un gol al sobrepeso y la obesidad de los alumnos.
El Doctor Gustavo López Flores, Subdirector Médico de la Jurisdicción de Servicios de Salud número 2, dice que no hay relación directa entre el sobrepeso y el aprendizaje.
El problema no acaba ahí. Los menores también desarrollan problemas alergénicos, asma y hasta diabetes infantil que también afectan su vida.
Ante la falta de estudios posteriores de la Encuesta Nacional de Nutrición de 2012 que situó a Baja California en primer lugar de obesidad infantil, el Sistema Educativo Estatal realizó un muestreo en 90 mil niños, un 15% de la población de educación básica en la entidad.
El propósito fue observar los niveles de obesidad y sobrepeso de los estudiantes. El resultado fue que cuatro de cada 10 alumnos presentaron problemas, de sobrepeso y bajo peso.
Sin embargo se detectó que 3.5% de la muestra presentó sobrepeso y obesidad y solo el 5% bajo peso.
“Es un problema de salud pública que no se va a resolver con una hora o dos de educación física”, dice el profesor Víctor Luna, Director Estatal de Educación Física del Sistema Educativo Estatal.
En las primarias de Baja California se imparten oficialmente dos horas de educación física a la semana por grupo, aunque hay escuelas que solo dan una.
El problema es que al salir de clases, el niño muchas veces come chatarra.
“Es una labor de conjunto entre las escuelas, padres de familia y otras dependencias que están involucradas en esto”, dice el funcionario.
Pero la coordinación no ha sido fácil. Los padres acusan a los maestros de poner poco interés en la educación física de sus hijos, y los maestros aseguran que los papás permiten que los hijos coman cualquier cosa.
La Secretaría de Salud implementó un programa para monitorear la salud y peso del menor pero es poco aprovechado por los padres de familia.
“Son programas que no están siendo utilizados como debe de ser. Es una minoría de padres que tienen ese compromiso de llevarlos”, dice la doctora Arciniega.
El año pasado, el programa “Control del Niño Sano” atendió a 109 mil menores en las 36 unidades médicas de Tijuana, pero sólo el 10% sigue el programa adecuadamente.
Con todo y los problemas en casa, el programa de huertos escolares presenta un reto mayor y está en la propia institución.
Los negocios que operan las sociedades cooperativas de padres de familia, mejor conocidos como “tienditas”, son sin duda la manzana de la discordia.
Aunque originalmente se crearon para apoyar a los niños que acudían a la escuela sin desayunar, con el tiempo se convirtieron en una mina de oro para padres y directivos, además de ser una fuente de alimentos chatarra para los estudiantes.
Ni escuelas como la primaria Vasconcelos que han puesto en práctica programas de buen comer, han podido erradicar la comida chatarra de la tiendita.
“Los vendemos porque el niño lo pide”, dice la profesora Teodora Armenta, directora de la escuela Vasconcelos, donde está uno de los huertos escolares.
Incluso muchos padres de familia no aprueban lo que venden en esos lugares. Algunos les llevan comida a sus hijos y otros los mandan desayunados.
La reforma al artículo 24 de la Ley de Salud del Estado de Baja California, conocida popularmente como “ley antichamoy” trataba de poner orden en lo que se vendía en las escuelas.
La legislación aprobada en 2006 y reformada en 2013, dice que deben ser las autoridades escolares las encargadas de vigilar la calidad nutricional de los alimentos que se venden en las escuelas, precisamente para evitar problemas de salud e higiene.
Pero en la práctica esta legislación es casi letra muerta. Gustavo Galindo, profesor de educación física combina con éxito el ejercicio con el buen comer en la escuela primaria Vasconcelos del Infonavit Capistrano y revela lo complicado que es erradicar la venta de comida chatarra en las escuelas.
“Si revisamos las escuelas, un 99.9% vende Sabritas y papitas, aquí nosotros hemos batallado mucho porque la cuestión cultural es muy fuerte y el ambiente obesogénico también”.
El profesor comenta que la decisión de dejar de vender papas marca Sabritas, provocó una protesta de la gerencia regional de la empresa, acusándolos de atentar contra la libertad de elección de los niños, argumentando que la papa forma parte de la canasta básica de los mexicanos.
El asunto llegó a tal grado, cuenta el profesor Galindo, que una madre de familia sacó a su hija porque la escuela dejó de vender papas fritas.
La Secretaría de Salud reconoce el problema que representan las tiendas escolares, aunque afirma que hay algunos pequeños avances como lo explica la doctora Arciniega.
“Siguen vendiendo cualquier cosa. Hay algunas escuelas que siguieron esa legislación que se hizo y sí las siguen llevando y tienen un día libre, pero es minoría de las escuelas”.
Un mural donde se explica el plato del buen comer en la pared de la escuela primaria Vasconcelos, pretende recordar permanentemente a los alumnos la importancia de la nutrición, pero a pocos metros la cooperativa sigue ofreciendo los productos de siempre.
Mientras tanto el profesor Galindo y sus alumnos, siguen cultivando en el huerto escolar. Cada vez más alumnos llevan desechos orgánicos para nutrir la tierra y se planea expandir el proyecto al cultivo de árboles frutales.
Motivados con estos pequeños logros, en algunas escuelas se pretende practicar también el autocultivo, a través de técnicas de hidroponia en huertos verticales. Sin embargo, son proyectos a mediano y largo plazo.