Se te ve la raya

APPLE comenzó a vender el iPhone en 2007. Era un pedazo de metal y vidrio hermoso que cambió al mundo. Y, entonces, algún mentecato lo dejó caer.

Es difícil saber, a ciencia cierta, quién fue ese mentecato. Lo más probable es que fuera un empleado de Apple, quien tuvo que probarlo antes de lanzarlo al mercado. Tal vez fuera Steve Jobs. Las llaves que llevaba en el bolsillo rayaron el prototipo hasta dejarlo hecho una porquería. Y un mes antes del lanzamiento del telefonito, tuvo una pataleta en Apple. “No venderé un producto que se raya”, dijo, según The New York Times. “Quiero una pantalla de vidrio, y la quiero perfecta en seis semanas”.

Se salió con la suya. Más o menos. Aunque estaba mejor protegido contra llaves, el vidrio seguía rompiéndose con ciertos “impactos de velocidad media”. Y conforme más gente compraba iPhones, más gente los dejaba caer. Los humanos son torpes; los iPhones son frágiles; las aceras son duras. A veces los teléfonos permanecían utilizables, y los que eran demasiado perezosos o apáticos seguían usándolos pese a los vidrios rotos.

Poco después del lanzamiento del iPhone comenzaron a circular blogs con remedios baratos (que violaban la garantía) para pantallas rotas, como samizdat, que proponía usar navajas de afeitar e “ira, rencor e imaginación”. De esa manera, surgió una industria en torno de un problema que ofrecía soluciones económicas de mercado negro en cualquier trastienda. En 2008, Brendan McElroy fundó Dr. Brendan, un servicio para reparación de iPhones que operaba en su apartamento del East Village de Nueva York. Tuvo tanto éxito que, unos años después, abrió una tienda formal en St. Marks Place. La mayor parte de las reparaciones son por daños accidentales, como soltar el teléfono en el suelo o en el inodoro. “Hemos visto lo peor que puede ocurrir. Un camión que le pasa encima, o teléfonos que sueltan desde el techo”, informa McElroy.

Empero, a veces el daño es deliberado. “También hemos recibido muchos casos de daños provocados por seres queridos”, revela McElroy. “Una novia o un novio que encuentra algo en el teléfono [de la pareja] y lo lanza; es algo muy común”.

A pesar de eso, el Día de San Valentín no aumentan las ventas por parte de enamorados desilusionados. Eso sí, después de otras festividades la actividad comercial mejora. “Casi siempre hay gran afluencia en festividades donde corre el alcohol, como la víspera de Año Nuevo o San Patricio”, señala Dan, hermano de Brendan.

¿Es justo caracterizar el diseño del iPhone como un fracaso espectacular? Es evidente que un dispositivo que los humanos llevan en las manos continuamente tiene que caer. Sin embargo, a diez años de su invención, solo hace falta un error pequeñito y absurdo para convertir la pantalla del iPhone en una telaraña de vidrio. Si nos dejamos llevar por las teorías de conspiración, diríase que la falta de durabilidad sirve a los designios de la industria. Conforme los teléfonos se rompen, los ciclos de producción continúan con nuevos lanzamientos, ofreciendo características siempre nuevas y mejoradas.

Y aun cuando algunas actualizaciones de diseño recientes prometen “la cubierta de vidrio más fuerte jamás utilizada en cualquier smartphone en el mundo”, las pantallas siempre se romperán.

Mientras tanto, Apple ha eliminado la entrada para los audífonos con la finalidad de promover sus auriculares Bluetooth inalámbricos. Entrada que, por cierto, era uno de los contados sistemas de seguridad que ayudaba a evitar las pantallas rotas. Porque el cable de los audífonos no era otra cosa que un bungee telefónico del cual podía colgar el iPhone para no caer irremediablemente a su destrucción.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek