LA LEPRA, esa enfermedad antigua y mutiladora que se creía erradicada hace siglos, ha estado oculta en Gran Bretaña, un lugar por demás inopinado. Un estudio reciente, publicado en la revista Science, revela que un equipo de investigadores encontró dos especies de la bacteria infectando ardillas rojas de Irlanda, Escocia y varias islas frente a la costa inglesa. En una de ellas, la isla Brownsea, identificaron una cepa medieval casi idéntica a la hallada en un esqueleto sepultado hace unos 730 años en Winchester, a unos 80 kilómetros de Brownsea. “Es asombroso que [la bacteria] haya persistido durante siglos sin ser detectada”, escribió Roland Brosch, del Instituto Pasteur, Francia, en un comentario que acompaña al estudio. Añadió que quienes pretenden controlar la enfermedad deben abrirse a la posibilidad de que haya fuentes desconocidas de lepra “bajo nuestras narices”.
La lepra, también llamada enfermedad de Hansen, se debe sobre todo al Mycobacterium leprae, aunque estudios recientes han demostrado que una bacteria estrechamente relacionada, conocida como Mycobacterium lepromatosis, también puede ser un agente causal. Estas bacterias infectan la piel, destruyendo, muy lentamente, el tejido y los nervios asociados, lo cual conduce a una deformación terrible. Si bien la infección puede curarse con antibióticos, el tratamiento puede demorar un año o más.
Es probable que el patógeno fuera transferido, hace siglos, de humanos a los animales, explica Stewart Cole, uno de los autores del estudio y director de Global Health Institute en el Instituto Federal de Tecnología Suizo, Lausana.
Xiang-Yang Han, médico e investigador del Centro Oncológico Anderson en la Universidad de Texas, Houston, se sorprendió de que el equipo encontrara lepra en ardillas, con y sin signos de infección. “No sabes cuál animal lleva el organismo, de modo que algunos podrían ser portadores, sin manifestar la enfermedad, y transmitirla a las personas”, alerta.
No se sabe de dónde provino, exactamente la M. lepromatosis, pero es probable que se originara en alguna especie animal, explica Cole.
Numerosos eruditos señalan que el primer caso de lepra fue documentado en un papiro egipcio fechado en 1550 a. C. y que la enfermedad apareció en Grecia en el siglo IV a. C., cuando los soldados de Alejandro Magno regresaron de India. El patógeno llegó a Roma en el siglo I, con los soldados romanos que volvieron de Asia Menor. La lepra llegó a las Américas con los europeos.
Al paso de los siglos, la variedad de M. leprae europea cambió ligeramente y adquirió una firma genética particular, lo que permitió que los investigadores demostraran que la misma cepa había infectado a la víctima medieval y a las ardillas modernas.
Antaño, Brownsea fue una isla habitada donde incluso hay un castillo, pero ahora es una reserva natural famosa por su población de ardillas rojas, mayormente saludable. Las ardillas rojas, endémicas de Gran Bretaña, han menguado notablemente desde la introducción de ardillas grises orientales (o de las Carolinas) nativas de América del Norte, las cuales son muy agresivas al competir por alimento y recursos. Los investigadores encontraron M. leprae en las ardillas rojas de Brownsea, y también infecciones por M. lepromatosis en ardillas rojas de Irlanda, Escocia y la Isla de Wythe.
La ardilla roja es el segundo animal conocido como portador de lepra. El primero es el armadillo de nueve bandas, distribuido en todo el territorio sur de Estados Unidos. Estos animales suelen vivir en áreas suburbanas, cerca de la gente, e investigaciones sugieren que pueden transmitir la infección a humanos. En 2015, hubo 178 casos nuevos de lepra humana en estadounidenses, en su mayoría transmitidos por vectores animales, informa Cole. La lepra sigue infectando a millones de personas en todo el mundo, con 220 000 casos nuevos anuales, 60 por ciento de ellos en India.
Expertos zoólogos atribuyeron el pico de lepra de 2015 en Florida a un incremento en proyectos de bienes raíces en áreas donde viven los armadillos, lo cual resultó en un aumento de interacciones entre humanos y animales. También señalaron que los armadillos escupen, y que el contacto con líquidos corporales es el mecanismo de diseminación del patógeno. De modo que si encuentras un armadillo, es mejor que guardes tu distancia (aunque es poco probable que te contagies de lepra, incluso si lo abrazas, debido a la dificultad de contraer la enfermedad y su relativa rareza).
Cole agrega que fueron las personas quienes transmitieron originalmente la enfermedad a los armadillos, hace unos cien años. Añade que se trata de la misma variante que infectó a los europeos medievales y que, además, no hay evidencias de que hubiera lepra en el Nuevo Mundo hasta hace un siglo. Los científicos están seguros de eso, porque la enfermedad deja marcas en los esqueletos, las cuales son reconocibles y pueden estudiarse.
Richard Truman, jefe del laboratorio del Programa Nacional de la Enfermedad de Hansen, duda que sea posible erradicar la lepra. La razón es que, una vez que se ha establecido en poblaciones de animales silvestres, como ardillas y armadillos, el patógeno se propaga fácilmente en esas especies. Esto se denomina “amplificación”, y es lo mismo que sucede con enfermedades como la malaria (paludismo) que transmiten los mosquitos. Truman apunta que sería impráctico tratar de exterminar a todos los animales enfermos. Y, además, como demuestra el reciente estudio, los animales pueden ser portadores asintomáticos.
El estudio no sugiere que los británicos sean más propensos a contraer la lepra, pero “esta información puede servir para que las personas eviten el contacto con esos animales”, sugiere Truman. Lo cual, probablemente, sea un buen consejo, porque incluso una ardilla roja sana puede morder. Y eso no tiene remedio.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek