UNO DE LOS SECRETOS mejor guardados por el gobierno cubano ha sido el funcionamiento de los servicios de espionaje y contraespionaje que hicieron posible la consolidación del poder político y militar de Fidel Castro, dentro y fuera de la isla.
La Dirección de Contrainteligencia y la Dirección General de Inteligencia han representado durante años la cara oculta de una de las redes de espionaje más exitosas en la historia del siglo XX.
Detalles del funcionamiento de este entramado sistema de inteligencia lo revela en sus memorias Pedro Aníbal Riera Escalante, un exfuncionario de la temida DGI cubana.
Durante 25 años Riera Escalante fue uno de los hombres más importantes del sistema de contrainteligencia cubano.
Radicado en España, luego de un largo litigio contra los servicios de inteligencia de Fidel Castro, que lo llevaron durante un tiempo a la prisión de Villa Marista, decide contar su historia y revelar detalles sobre el juego de espías en el que se convirtió la guerra clandestina de los servicios de espionaje de Castro.
Una guerra de agentes dobles y operaciones secretas que se encarnizó con la Agencia Central de Inteligencia en un afán por neutralizar y sabotear las acciones de la CIA en contra de Fidel.
Mediante un manuscrito al que tuvo acceso Newsweek en Español y que pretende ser un libro sobre la historia de Riera Escalante, el exespía detalla los métodos del espionaje cubano y la cruzada que emprendieron por preservar el régimen castrista.
“Cuando salí de Cuba, en octubre de 1999 —dice Riera en sus memorias—, Fidel Castro continuaba el retroceso en las reformas iniciadas en 1994 con la apertura a la inversión extranjera y el trabajo por cuenta propia. El ‘periodo especial’ continuaba, había sido establecido a partir de la desaparición de los regímenes comunistas en Europa Oriental. Cuba había sido el único país comunista sobreviviente en el mundo occidental y el gobierno de Estados Unidos intensificaría el ‘bloqueo’ y la subversión interna. Había perdido el apoyo económico determinante de la Unión Soviética, y no continuaría el abastecimiento de armas gratuitas.
“Fidel Castro paraliza el programa del Partido para la construcción del socialismo y se ve obligado a la apertura a la inversión extranjera, el mercado libre campesino, el turismo y el trabajo por cuenta propia, a todo lo que se había opuesto vigorosamente en el Congreso del Partido en 1991. […] Se negaba obstinadamente a reconocer el fracaso del sistema socialista […].
“Con el fusilamiento del general (Arnaldo) Ochoa, el coronel Tony (de la Guardia) y los demás oficiales y el encarcelamiento de un grupo que pertenece a la Dirección General de Inteligencia, Fidel y Raúl Castro habían enviado un mensaje que no permitirían ningún tipo de manifestación o movimiento contrario a su política.
“A partir de las ejecuciones, Fidel y Raúl Castro reorganizan a fondo los Servicios de Inteligencia y Seguridad, y refuerzan considerablemente el poder de Raúl Castro, al designar a su incondicional absoluto, el general de Cuerpo de Ejército Abelardo Colomé Ibarra, ministro del Interior. El ministro José Abrantes, un hombre de Fidel Castro, había sido destituido, juzgado y encarcelado y posteriormente moriría en el Área Especial de la Prisión de Guanajay, que él mismo había construido hacía poco tiempo para los presos especiales del Estado”.
Riera asegura que, a partir de 1989, la Dirección General de Inteligencia (DGI) que depende del Ministerio del Interior del gobierno fue reestructurada a fondo al instrumentar cambios en su organización y estructura operativa.
El nuevo sistema de inteligencia de Fidel Castro operaría en su esquema interno como la KGB soviética y en su organización geográfica como la CIA. Una reorganización que no gustó a muchos y que provocó el enfrentamiento de algunos oficiales con el régimen.
“Es muy difícil, o casi imposible, imaginarse la magnitud y eficiencia de este sistema represivo. Ha demostrado ser más eficaz que la Gestapo, la KGB o la Stassi. La contraparte en el exterior es la Dirección General de Inteligencia, posteriormente Dirección de Inteligencia, que tuvo como misión principal garantizar la seguridad personal de Fidel, descubrir y neutralizar los planes e intenciones del gobierno de Estados Unidos y la contrarrevolución externa, así como la obtención de información secreta en el extranjero para la instrumentación eficaz de la política exterior del gobierno cubano”, narra el exagente.
Así, de acuerdo con los detalles brindados por Riera, la contrainteligencia exterior (Subjefatura de la Inteligencia), cumplió los objetivos de penetración de las agencias enemigas, por sobre todas la Agencia Central de Inteligencia, la Agencia de Inteligencia de la Defensa, ambas de Estados Unidos. Él mismo la dirigió durante 25 años, y con ella se introdujo también en las organizaciones contrarrevolucionarias y el trabajo de influencia y control sobre la emigración cubana en el exterior.
“El trabajo está encaminado a vigilar a los funcionarios y colaboradores cubanos o de visita en el exterior para impedir las deserciones y las debilidades políticas ideológicas que puedan llevar a la colaboración con el enemigo”, precisa sobre ello.

En 2001, Fidel y Raúl en una asamblea, en La Habana, apoyando a cinco cubanos condenados por conspiración y espionaje en Estados Unidos. Foto: ADALBERTO ROQUE/AFP
Riera Escalante identifica dos tipos de actividades de los servicios de inteligencia cubanos: los legales y los ilegales, un eufemismo técnico que divide el trabajo de los agentes, de acuerdo con su propia cobertura en el campo.
Lo explica en sus memorias: “La inteligencia legal es la que realizan los oficiales bajo cubierta, generalmente diplomática, aunque puede ser en oficinas comerciales o dentro del personal de colaboración económica y técnica en algunos países, entre otras fachadas. Generalmente los oficiales actúan con su nombre real. Estos oficiales están adscritos a los llamados Centros Legales, situados dentro de las embajadas cubanas. La inteligencia ilegal es la que se realiza por oficiales ilegales ubicados en un país; estos oficiales actúan con un nombre y personalidad falsa y generalmente tienen una comunicación independiente con el centro principal, que es la Jefatura de la Inteligencia situada en La Habana”.
La Dirección de Inteligencia, el centro de operaciones del espionaje cubano, ha estado durante muchos años en un edificio de 14 pisos en La Habana. Una estructura en donde desaparecieron el piso 13 y en donde el piso 15 alberga al jefe de la inteligencia del régimen.
La estructura de la Dirección de Inteligencia —dice en sus memorias— y la función que cumplen sus departamentos, es la siguiente: Departamento M-I sobre Estados Unidos; Departamento M-II, dedicado a la inteligencia en América Latina; Departamento M-III, encargado de información y análisis. Departamento M-IV Personal y Cuadros.
“El Departamento M-V trabaja como una inteligencia paralela. Los oficiales Ilegales del M-V reciben una profunda preparación. Su nombre de ilegales se debe a que actúan con otra identidad y generalmente con la nacionalidad de otro país. Son preparados cuidadosamente para suplantar a otra persona con una documentación que es preparada cuidadosamente por la Sección de Documentación del mismo departamento. Los contactos personales entre oficiales legales y los ilegales de la Dirección de Inteligencia son los mínimos. De ahí que sean más comunes los contactos impersonales: escondrijos, radio cifrado, internet”.
El Departamento M-VI está dirigido al espionaje científico técnico, prosigue la descripción. El M-VIII se dedica al reclutamiento de extranjeros que viajan a Cuba o cubanos y extranjeros que van a viajar al exterior; trabaja en coordinación estrecha con los departamentos de contrainteligencia en cada provincia. El Departamento M-IX opera medidas activas. El Departamento M-X es la Jefatura de la DI; el M-XI intercepta comunicaciones internacionales, particularmente de Estados Unidos, y emite señales de radio cifradas para agentes cubanos en el exterior. El M-XII trabaja en el análisis de información. El Departamento M-XV es el encargado de la técnica operativa, entrenamiento y comunicaciones, incluidos los programas informáticos para las comunicaciones con los oficiales ilegales y agentes. El Departamento M-XIX sirve para penetrar y vigilar a la emigración cubana y a las organizaciones clasificadas como contrarrevolucionarias radicadas en el exterior. El M-XX se encarga de la protección a las embajadas cubanas mediante los llamados “custodios”. El M-XXV atiende Europa y el M-XXX, África.
Durante muchos años, dice Riera, la jefatura de la inteligencia cubana estuvo a cargo de Raúl Castro, quien mantuvo de manera férrea los controles del aparato de espionaje. Una de las tareas del sistema de espionaje cubano ha sido el control interno en la estructura social de la isla, lo que ha garantizado durante décadas neutralizar los movimientos organizados en contra del régimen.
También estaba el Departamento XI —precisa en su manuscrito Pedro Riera—, dedicado a la atención de los agentes por cuadra y a los responsables de vigilancia de los Comités de Defensa de la Revolución. Y, finalmente, el Departamento de Operaciones de Villa Maristas, encargado de la detención de los objetivos cuando se había concluido la fase de documentación de la actividad enemiga y se pasaba a la fase de instrucción y de procesamiento por la fiscalía y tribunales.
“La estructura de la contrainteligencia permite asegurar una vigilancia total de toda la población. Los principales objetivos económicos, políticos, gubernamentales y sociales son cubiertos por los departamentos por esferas de todo el país y por la vigilancia territorial a nivel de cuadra a través del Departamento XI, mediante los informantes de cuadra y los responsables de vigilancia de los Comités de Defensa de la Revolución”.
El control de los servicios de inteligencia del gobierno cubano ha sido absoluto sobre las actividades políticas internas en la isla. Los informes sobre la disidencia política se acumulaban en el centro de operaciones del contraespionaje. “Recibíamos de la DGCI (Contrainteligencia) los informes y análisis sobre todas las corrientes de la disidencia política, incluyendo la ‘microfracción’, personas que manifestaban opiniones críticas al gobierno desde posiciones socialistas”, describe Riera Escalante en sus memorias.
“Fidel Castro después de 1989 convirtió la Dirección de Inteligencia en un instrumento para preservar su poder. Si analizamos el pensamiento y actuar político de Fidel Castro durante el periodo que gobernó hasta recesar en su cargo por enfermedad en 2006, estuvo marcado por premisas muy sencillas que encubrió y adornó con diferentes teorías”.
Bajo ese sistema, Fidel Castro concentró al máximo el poder, y para preservarlo utilizó todo el aparato del Estado, en primer lugar, una de las maquinarias de represión y persecución más perfectas en la historia de la humanidad: los órganos de la Seguridad del Estado, integrados formalmente en la Dirección General de Contrainteligencia hasta 1989, que pasó a llamarse Dirección de Contrainteligencia. Esa es el área encargada, de acuerdo con Reira, de llevar a cabo una vigilancia sistemática y extremadamente eficaz de todos los ciudadanos y “expedientar” en diferentes categorías a las personas a las que se considera enemigas reales o en potencia.
“Los gobernantes cubanos han tratado siempre de presentar a Fidel Castro como un visionario y un genio de la política”, dice el exespía cubano. “Independientemente de estas cualidades, la base fundamental de sus previsiones acertadas respecto al desarrollo de los acontecimientos en Cuba y en el mundo, radicaba en la información de sus eficaces servicios de inteligencia y contrainteligencia”.