PACHUCA, HGO.— La humedad calaba todavía mientras el sol iba ganando altura sobre Santa Ana Hueytlalpan, una población indígena en donde las risas dejaban de ser espontáneas, y los reclamos por el atraso de la apertura de casillas fueron ganando lugar ante un equipo de funcionarios incompleto para iniciar la jornada electoral.
Apenas rayaba el sol cuando Francisco Tolentino ya merodeaba la placita para votar. “Hace un año aquí estuvimos de funcionarios y nos apuramos”, dijo, señalando los montones de gente que reclamaban su derecho de votar.
Presuroso, el representante del INE en la comunidad buscó candidatos a funcionarios entre la fila de los ciudadanos, mientras muchos lamentaban la falta de compromiso de los insaculados.
Así, con música de Los Caprichosos de fondo y con la tardanza en la instalación de casillas, inició la elección de gobernador, alcaldes y diputados en esta población indígena, considerada la puerta de la zona Otomi-Tepehua, en Hidalgo.
Tal y como ocurrió en Santa Ana Hueytlalpan, Hidalgo vivió el pasado 5 de junio una elección atípica, con un resultado atípico, pues por primera vez en la historia de esta entidad los ciudadanos salieron a las urnas para elegir, en una misma jornada, a su gobernador, 30 diputados locales y 84 presidentes municipales. Desde su constitución como estado, en 1824, los comicios de mandatario estatal, Congreso local y alcaldía nunca se habían realizado de manera simultánea.
Y lo poco común de la jornada se combinó con lo también poco común del resultado.
Omar Fayad Meneses, el candidato a gobernador que postuló el PRI en alianza con el PVEM y Nueva Alianza, se alzó como triunfador indiscutible del proceso —algo que nunca estuvo en duda a lo largo de la campaña, pues el senador con licencia apareció siempre como puntero en las encuestas. Lo llamativo de la elección es que el Revolucionario Institucional ganó apenas 22 de 84 presidencias municipales (siete de ellas en alianza), mientras que la oposición se llevó 62 alcaldías, incluyendo la capital del estado y la mayoría de las grandes ciudades, lo que significa que 74 por ciento de las demarcaciones se quedaron en manos de ocho partidos políticos distintos al tricolor, así como de un candidato independiente.
Si el resultado electoral en los municipios fue malo para el PRI, en la elección del Congreso local también se encendieron los focos de alarma para el tricolor: apenas obtuvo los votos suficientes para tener mayoría de diputados locales. De los 18 distritos en disputa en Hidalgo, el PRI ganó en 12 (cuatro en coalición con el PVEM y Nueva Alianza), dejando cinco para el PAN y uno para el PRD. Un resultado muy alejado al carro completo de la elección 2013, que dio a los priistas un total de 20 diputados, contra 10 plurinominales de la oposición. Hoy, un cálculo de la repartición de diputados de representación proporcional estima que en total el PRI y sus aliados tendrán 16 curules, contra 14 de la oposición.
¿Cómo, entonces, el priista Omar Fayad gana con amplio margen, y al mismo tiempo su partido se queda corto en las elecciones de alcaldes y Congreso? Voto diferenciado y hartazgo de los gobiernos municipales. Esa es la explicación que el analista y académico Pablo Vargas ofrece respecto al proceso electoral aún en curso.
Vargas González, autor de una veintena de títulos, muchos de ellos especializados en materia electoral, echa un vistazo a la jornada dominical y se muestra reservado en adelantar un juicio sobre los resultados, aunque advierte que Fayad tendrá un gobierno difícil de entrada.
El multipartidismo en las 84 alcaldías y la pérdida de la mayoría absoluta en el Congreso del estado, aderezado con la inconformidad de los pueblos, causado en parte por el pronto desprestigio del Instituto Estatal Electoral, son algunos que los primero obstáculos que tendrá que superar Fayad Meneses, según el académico.
Al detallar los signos de la elección, Vargas González plantea que aun cuando existían tres elecciones coincidentes, no despertaron el ánimo de los votantes, propiciando un gran abstencionismo.
El grave desgaste que acusan los candidatos y sus promesas poco profundas o realizables, comenta, es motivo suficiente para que la gente no acuda a las urnas. “Resulta difícil que pese a las reformas y mecanismos de inclusión como la equidad de género, la gente no despierte hacia la participación; simple y llanamente no está interesada en la propuesta recibida”.
En su experiencia, el catedrático de la Universidad de la Ciudad de México dice que resulta difícil comprender que haya existido tanto voto diferenciado: “Votó casi 60 por ciento para gobernador, pero menos de 45 por ciento por presidentes municipales y todavía menos por los diputados, mostrando que hay una diferencia de casi 20 por ciento de votos que se pierden”.
La pulverización del voto entre los nueve partidos políticos y los independientes, difuminó la fuerza que tenía el PRI, “quien recibió un voto de rechazo a su soberbia al gobernar, hacía sus oídos sordos ante la necesidad social”.
Y las campañas políticas también influyeron, porque “fueron de poca profundidad, de propuestas superfluas que no garantizaron el convencimiento”.

CAMBIA VOTACIÓN: Desde su constitución como estado, los comicios de mandatario estatal, Congreso local y alcaldía nunca se habían realizado de manera simultánea. Foto: Juan Carlos Villegas.
II
Hidalgo es uno de los cinco estados, junto con Colima, Coahuila, Campeche y el Estado de México, que no conocen aún la alternancia política.
El actual gobernador, Francisco Olvera Ruiz, se mantiene con buenos niveles de reconocimiento entre los ciudadanos, y un estudio realizado por Parametría el mismo día de las elecciones señala que el trabajo del gobernador hidalguense tiene una aprobación de 59 por ciento.
Los índices de delito en la entidad se mantienen bajos, e incluso poblaciones como Tulancingo y Pachuca fueron reconocidas en 2015 por el Índice de Paz en México como parte de las cinco ciudades más pacíficas del país.
Los indicadores económicos de Hidalgo, sin embargo, no están en los mejores niveles. La organización México Cómo Vamos califica a Hidalgo con focos rojos en generación de empleo, productividad, pobreza laboral, informalidad laboral y desigualdad laboral; y con focos amarillos en crecimiento económico y deuda pública reportada.
La pobreza es alta en las zonas indígenas de Hidalgo, estado que cuenta con más de medio millón de habitantes que forman parte de etnias como la náhuatl, otomí y tepehua. La migración hacia Estados Unidos es frecuente, y se estima que 250 000 hidalguenses viven en el país del norte.
La entidad, sin embargo, se puede calificar como priIsta. El hoy secretario de Gobernación es el exgobernador Miguel Osorio Chong, y también fue gobernador Jesús Murillo Karam, quien con Peña Nieto fue cabeza de la PGR y luego titular de la Sedatu. Muchos excolaboradores de ambos políticos están integrados a las estructuras del gobierno federal. El actual gobernador Francisco Olvera fue secretario de Gobierno con Osorio Chong, y Omar Fayad ha representado a Hidalgo como diputado federal y senador. Hay, como algunos lo señalan en tono de broma, un “paste power” en la administración federal, haciendo referencia a las tradicionales empanadas hidalguenses.
La fuerza tricolor de los gobiernos estatales de Hidalgo parece mantenerse en forma, ante el resultado de la elección del nuevo mandatario. Pero donde la estructura se resquebrajó fue en los municipios, donde los ciudadanos manifestaron su rechazo a las actuales administraciones, la mayoría de ellas priistas.
Pachuca, sede del gobierno, quedará en manos de la panista Yolanda Tellería, hermana del único alcalde opositor que ha tenido la capital hidalguense, el también panista y ya fallecido José Antonio, quien gobernó la ciudad en el periodo 2000-2003.
La derrota priista en Pachuca se puede atribuir a la falta de empatía del alcalde Eleazar García Sánchez con diferentes sectores de los gobernados. La gota que derramó el vaso fue la implementación de un sistema de transporte colectivo tipo BRT, conocido como Tuzobús, una obra del gobierno estatal que dejó fuera de circulación a cientos de camionetas en un afán de modernizar la movilidad urbana, pero que los ciudadanos no han terminado de aceptar por diferentes razones, entre ellas la desaparición de añejas rutas de “combis”, el pago mediante una tarjeta y los puentes peatonales considerados por muchos como difíciles de utilizar.
Cada municipio tiene una historia diferente de desencanto con su población. Falta de servicios, presuntos casos de corrupción, decisiones impuestas o, simplemente, el desgaste de muchos años de gobierno de un solo partido. Los ganadores, además del PAN y PRD, fueron los partidos Encuentro Social (ganó en siete municipios) y Morena, que aunque apenas logró un municipio (Chilcuautla), se colocó como la tercera fuerza política de Hidalgo en número de votos a gobernador.

CONTRAPESOS DE FACTO: El multipartidismo en las alcaldías y un Congreso dividido serán los principales obstáculos para el nuevo mandatario estatal.
III
Omar Fayad Meneses, el ganador de las elecciones a gobernador, es un político popular y controversial. Locuaz, histriónico, con amplio dominio de los escenarios donde se presente, Fayad ha sabido forjar una imagen de hombre arrojado y emprendedor. Está casado con la actriz Victoria Ruffo.
Nacido en la comunidad Téllez, en Zempoala, muy cerca de Pachuca, ya había tenido cargos menores en la PGR. En 1993 recibió su primera oportunidad como funcionario en Hidalgo gracias a Jesús Murillo Karam, entonces mandatario estatal, quien lo nombró director general del Instituto Hidalguense de Educación Básica y Normal, organismo que un año después se convirtió en la Secretaría de Educación Pública, y del cual fue titular hasta 1996.
Poco a poco Fayad fue escalando posiciones en los gobiernos de Murillo, Manuel Ángel Núñez y Miguel Osorio, con quienes fue procurador de justicia, secretario de Agricultura y secretario de Desarrollo Social. En el gobierno federal fue nombrado en el sexenio de Ernesto Zedillo como el primer comisionado de la recién creada Policía Federal Preventiva, y luego director general de Aduanas.
Diputado federal por el PRI en dos ocasiones, y expresidente municipal de Pachuca, el actual senador con licencia buscó ser candidato de su partido a gobernador en dos ocasiones, aunque no fue sino hasta su tercer intento cuando logró convertirse en abanderado de su partido.
Los principales rivales de Fayad fueron dos viejos conocidos de la ciudadanía. Por el PAN se postuló por segunda ocasión, Francisco Xavier Berganza, un cantante de baladas que alcanzó fama por sus interpretaciones en la década de 1980, y que luego incursionó en la política para contender en 1999 como candidato a gobernador por Acción Nacional. Posteriormente se convirtió en senador por Hidalgo gracias a una candidatura conjunta con Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano) y Nueva Alianza.
Otro aspirante que estimaba una mejor votación fue José Guadarrama Márquez, del PRD, también dos veces senador por Hidalgo (una como priista, otra como perredista), quien contendió por la gubernatura en 2004 contra Miguel Osorio Chong. Los otros dos candidatos a gobernador fueron Salvador Torres (Morena) y Velia Ramírez (PT).
La diferencia de votos entre el ganador y sus contrincantes en la reciente elección tiene tranquilo a Fayad. En diferentes entrevistas ofrecidas a medios desde la mañana del 6 de junio, el senador con licencia no ha dejado de señalar que sumó casi medio millón de votos, lo que representa 183 000 de diferencia contra el panista Berganza, su más cercano perseguidor, aunque reconoce que “por primer vez en la historia ha habido un voto cruzado”.
Los retos para el nuevo gobernador de Hidalgo, quien asume su cargo en septiembre, serán mejorar los malos resultados económicos de la entidad y, sobre todo, coexistir con un gran número de alcaldes opositores y un Congreso local dividido. Omar Fayad, sin embargo, dice no preocuparse, pues asegura que gracias a su larga carrera conoce a gran parte de la clase política local, incluyendo a los opositores, a quienes llama “mis amigos”. Para él así es la democracia.
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LA COMUNIDAD DONDE NADIE VOTÓ
Por José Antonio Alcaraz
En Chiatipan la gente no votó. Desde temprano, siguiendo las instrucciones de las autoridades electorales, los responsables enviados para instalar las dos casillas correspondientes a esa comunidad del municipio Huazalingo cumplieron con lo establecido. Gracias a ello, hubo padrón, boletas, urnas y toda la papelería necesaria para elegir gobernador, presidente municipal y diputado. Lo que no hubo fueron ciudadanos que votaran.
Que nadie acudiera a las urnas tuvo una explicación muy concreta: las autoridades indígenas de esa comunidad acordaron que, durante cinco años, ningún vecino participará en actividades provenientes del exterior, y eso incluyó la reciente elección y la venidera. Quien desobedeciera la orden tendría que pagar una multa de 30 000 pesos y, por supuesto, enfrentar la animadversión de las autoridades vecinales.
El vocal ejecutivo del Instituto Nacional Electoral (INE) en Huejutla, Arturo Tapia Muñoz, reconoció que la orden fue dada por las autoridades indígenas de ese poblado huasteco, apelando a los usos y costumbres de la región; la población atendió al pie de la letra lo dispuesto. El motivo de la veda de cinco años, según supo Tapia Muñoz, es que con el aislamiento de la comunidad, los responsables de Chiatipan buscan solucionar conflictos como el alcoholismo y la aparición de pandillas.
No hubo votos pero tampoco delito que perseguir al no existir alguna denuncia de los vecinos ante las autoridades electorales. Al final, en cada una de las casillas de Chiatipan (435 básicas y contiguas), los encargados del centro de votación cumplieron su trabajo y contaron los votos (ninguno), anularon las boletas no utilizadas (todas), y llenaron las actas correspondientes al proceso con el siguiente resultado: votos para gobernador, cero; votos para diputado, cero; votos para presidente municipal (cero).