La corrupción está metida hasta la médula del sistema político: John Ackerman

Hay contingencia ambiental en la Ciudad de México, pero esta no nubla la soleada mañana en Coyoacán, donde John M. Ackerman me recibe en su domicilio con El mito de la democracia, su libro publicado el año pasado donde plantea que el mexicano es un sistema político de simulación, ya que nuestro país “no cumple con los estándares mínimos para ser considerado un régimen democrático”.

Ya instalados en una sala austera, lanza su primer dardo: “El colapso de la institucionalidad del Estado mexicano”. Luego de postrar su mirada en una ventana que da a un muro verde, agrega:

“La institucionalidad democrática es un mito dividido en dos partes: ciudadanos libres para votar e instituciones públicas trabajando para consolidar la democracia. Ambos supuestos están colapsando, ya que la alternancia en el poder ha sido una continuidad de las alternancias sexenales del PRI”.

En el marco de los próximos comicios donde se renovarán 12 gobiernos estatales, 388 curules locales de 12 estados y 548 ayuntamientos de 11 entidades federativas, el investigador del Instituto de Ciencias Jurídicas de la UNAM sostiene que el partido en el gobierno se compone de camarillas que se renuevan cada seis años. Alude a lo ocurrido en los cambios de poder de 2000 y 2006, para él no hubo una alternancia política real con la llegada de los gobiernos panistas, pues estos no representaron un cambio verdadero para la nación.

La estabilidad política en México, para Ackerman, es un mero supuesto, ya que no se cuenta con instituciones al servicio de la ciudadanía, sino de los muy particulares intereses de la clase política, lo cual deviene en una “democracia simulada”.


FOTO: Antonio Cruz/NW Noticias

Para el doctor en derecho constitucional, el régimen que dio inicio con la creación del PRI engendró un sistema que sigue intacto hasta la fecha. Por ello con anterioridad ha señalado que “urge construir una nueva vía de amplia articulación política y social” con la que se pueda derrotar al autoritarismo.

En su opinión, el colapso institucional inició en 1946, ya que ese año clave “todo se vacía de contenido y se voltea de cabeza… las instituciones, los programas sociales de la Revolución Mexicana y el cardenismo entran en un periodo de simulación e hipocresía institucionalizada, justamente cuando se crea el PRI, durante la presidencia de Miguel Alemán Valdés”, apunta.

Desde su fundación, al Revolucionario Institucional no lo ubica sólo como un partido, sino como “un régimen político de simulación y traición a los principios de la Revolución Mexicana, que desde 1946 hasta la fecha mantiene ese mismo sistema”.

Es en este modelo de simulación democrática donde acontecen diversos escándalos que van del caso Moreira (quien fue sujeto de investigación por lavado de dinero y narcotráfico en España) al caso Hinojosa (el dueño del grupo HIGA, cuya fortuna, revelaron recientemente los Panama Papers, ha sido escondida en paraísos fiscales).

—Todo esto ¿qué refleja? —le cuestiono.

—Demuestra que tenemos la corrupción metida hasta la médula del sistema.

Si México es un enfermo en estado terminal, a causa de la corrupción y la impunidad, al final del túnel hay un atisbo de esperanza: las acciones ciudadanas.

“La sociedad está más consciente y desconfiada de su gobierno”, dice Ackerman. Refuta los dichos que refieren una sociedad dormida y desvinculada de los asuntos públicos. “Es falso que los mexicanos seamos apáticos o pasivos; estamos despiertos, estamos activos y somos muy críticos”, asegura.

Sin embargo, reconoce que toda esa molestia ciudadana carece de organización efectiva. “El problema es la desarticulación y la desorganización de los movimientos, la falta de unidad y de liderazgo social que logre una articulación integral de todos los organismos e individuos que están inconformes con la actual realidad del país y lo que “obra a favor de la debacle democrática, [obra] a favor del PRI”.

TRES ESCENARIOS PARA 2018

Al momento, Ackerman observa tres escenarios en la recta rumbo al 2018:

El primero se refiere a “la profundización del actual sistema represivo y autoritario. Están empujando muy fuerte hacia ahí con leyes como la de Atenco, las modificaciones al artículo 29 de la Constitución, la facultad a las fuerzas militares a realizar investigaciones, cateos, espionajes… estas leyes hablan de un gran temor del Estado que empuja cada vez más hacia el totalitarismo, como mencionó Fernando del Paso”, cuando le fue otorgado el Premio Cervantes en España.

El segundo conduce a una salida falsa del populismo de derecha, la cual, asegura, estamos viendo, en Estados Unidos, encarnada en la figura de Donald Trump, y en México, en la figura de los candidatos independientes. “Estos individuos que por su cara y discurso creen que pueden cambiar al país, ejemplos como Pedro Ferriz de Con, el Bronco, Jorge Castañeda… que le apuestan al individuo salvador que con mucho dinero va a poder salvar al país de sus problemas. Es una fantasía”.

El tercero es la salida por la izquierda que han estado tomando los países del sur de Europa y Latinoamérica, desde Podemos, en España, hasta Evo Morales, en Bolivia, o Mauricio Funes en El Salvador. “Si bien México es un escenario diferente a cualquiera de los tres anteriores, la opción de construir un partido de verdadera movilidad social es la que para mí se presenta como la más viable”.