Bibliotecas íntimas, públicas

Parte de Federico Campbell Quiroz regresará a Tijuana, aunque algunos dicen que nunca se fue, y otros que estuvo muy poco tiempo aquí. Lo cierto es que la Tijuana que conoció siempre estuvo en su pensamiento, porque eso se lee en sus letras.

Ahora algunos de los libros que formaron el pensamiento del escritor y periodista estarán disponibles para consulta al público en las instalaciones del Centro Cultural Tijuana (Cecut).

Su viuda, Carmen Gaitán, confirma que obsequiará más de mil volúmenes de la biblioteca del tijuanense, ubicada en la casa que compartieron durante 28 años en la Ciudad de México. Estima que en total son cinco mil o seis mil libros.

“Creo que es el lugar obligado en el que tendría que estar esta colección, que era una colección que atesoraba con muchísimo cariño y desde hace muchísimos años, de todo lo que es teatro y poesía”, dice en entrevista telefónica.

Pedro Ochoa, director del Cecut, mencionó el proyecto durante la celebración por los 35 años de la institución, y ahondó sobre ella en entrevista.

El mismo escritor habló alguna vez del interés de compartir su biblioteca con esta ciudad, recuerda Ochoa. Tras su muerte por influenza AH1N1 en 2014, la intención comenzó a tomar forma.

“Queremos que se reproduzca más o menos la biblioteca como él la tenía en su casa”, menciona Pedro Ochoa.

Los volúmenes se sumarán a otros dos obsequios para esta ciudad: uno de alrededor de tres mil ejemplares de la colección del Fondo de Cultura Económica (FCE), y más de mil textos de Carlos Blanco Aguinaga.

Blanco Aguinaga, exiliado español con sus padres cuando apenas era un niño, estuvo en México hasta 1953 y terminó sus días como creador, crítico literario y docente en universidades de San Diego el 12 de septiembre del 2013.

Su hija, Alda Blanco, comenta que las 43 cajas de libros que envió desde el norte de la frontera contienen tanto los libros con que trabajaba, como sus lecturas de placer.

“Papá quería que la biblioteca fuera a un sitio a donde la gente leyera los libros”, dice la también directora del departamento de español y portugués en la Universidad Estatal de San Diego (SDSU, por sus siglas en inglés).

Campbell y Blanco comparten más que un lugar en la historia del arte y un espacio en el Cecut en el futuro cercano. Hay un hilo muy fino llamado Juan Rulfo que atraviesa por la muerte del primero y la vida literaria del segundo.

Carlos Blanco escribió un importante ensayo sobre el estilo surrealista del jalisciense Juan Rulfo, y esto le dio al trabajo del español otra dimensión.

“Es la primera crítica literaria formal a Pedro Páramo, de Juan Rulfo. A partir de allí todas las posteriores citan a Carlos Blanco”, destaca Pedro Ochoa.

Blanco Aguinaga escribió en 1955, en la Revista Mexicana de Literatura, el ensayo Realidad y estilo de Juan Rulfo. Ese mismo año el creador de Comala publicaba su segundo libro, después de los cuentos de El Llano en llamas.

“Lo conocía, vivía en el piso de arriba de su hermana. Mi papá no vivía en México pero estaba muy conectado con (Carlos) Fuentes, con toda la gente que escribía literatura en México. Era parte de un círculo de escritores en México”, dice su hija Alda Blanco.

El texto del escritor español fue publicado en el primer número de la revista que fundó con el autor de Aura, con Octavio Paz y otros.

En Estados Unidos fue un activista a favor de los derechos civiles y trabajó con grupos chicanos. Con estudiantes fundó en la Universidad de California en San Diego (UCSD,) el Lumumba-Zapata-College, resalta su hija.

El originario de Irún, España, también fundó el departamento de literatura española en la Universidad del País Vasco, fue profesor allí mismo y vivió en su patria cuatro años.

Por otro lado, Federico Campbell que continuamente visitaba Tijuana dio su última conferencia en el Cecut precisamente sobre Juan Rulfo. En esa visita a principios del año se contagió del virus que le quitaría la vida.

Carmen Gaitán recuerda que en medio de aquella emergencia sanitaria fue revisado en esta ciudad sin que advirtieran la verdadera naturaleza de su malestar. Viajaron de regreso a su casa donde su estado de salud empeoró, y murió hospitalizado el 15 de febrero del 2014.

“Los antibióticos lo único que hicieron fue destantear al bicho, desconcentrarlo. Y con eso lo mataron, porque no le dieron Tamiflu que era la medicina que se le tenía que haber proporcionado de inmediato”, señala.

Y como ha pasado en otras ocasiones y en otras disciplinas, la muerte dio paso a una reconsideración de la trayectoria del escritor. Vinieron nuevas ediciones y reediciones de algunos de sus textos.

La también directora del Museo Nacional de San Carlos considera que a partir de allí la figura de Federico Campbell comenzó a cobrar mayor notoriedad.

“Mientras estaba vivo no se le otorgó realmente el lugar que tenía, ni como pensador ni como intelectual”, afirma Carmen Gaitán.

Humberto Félix Berumen, director de la biblioteca del Colegio de la Frontera Norte (El Colef), coincide en parte con ella.

Dice que algo faltó para una mayor valoración en vida, aunque ya figuraba por su trabajo y su identidad.

“Quizá es el escritor tijuanense más reconocido. Y esto se debió a que Federico Campbell se formó, literariamente hablando, en el Distrito Federal en el taller de Juan José Arreola”.

Así que mientras hoy Tijuana se caracteriza por recibir a los mexicanos que migran queriendo mejorar su vida, él vivió la frontera que había que dejar para ir al centro del país en busca de fortuna.

Pero Campbell Quiroz además dejó su ciudad por problemas familiares, y estos dos elementos están en su obra que es mayormente autobiográfica, plantea Félix Berumen.

“La madre es finalmente quien decide sacarlo de aquí, es la que lo empuja”, refiere.

El también profesor en la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), atribuye el paulatino reconocimiento a que la obra del autor de Padre y memoria no es extensa.

“Lo que pasa es que Federico publicó muy tarde y publicó a cuenta gotas, no fue muy prolífico. Aunque publicó muchos ensayos y artículos sobre la novela policiaca”, anota.

Carmen Gaitán da otra razón que abona a la revaloración del escritor al que asegura que “cada línea realmente le costaba sangre”.

“El problema”, advierte, es que la personalidad de Federico Campbell era más bien “tímida y modesta”, así que no buscaba los galardones ni se auto promocionaba.

“Era muy generoso con los otros. Es el que hace por ejemplo que le den el premio Herralde a Daniel Sada. Llama directamente a Herralde para proponerle la novela de Sada, y para decirle que esa novela se merece el premio”, cuenta.

Carlos Blanco Aguinaga, exiliado español con sus padres cuando apenas era un niño, estuvo en México hasta 1953 y terminó sus días como creador, crítico literario y docente en universidades de San Diego el 12 de septiembre del 2013. Escribió un importante ensayo sobre el estilo surrealista del jalisciense Juan Rulfo.

“Era muy generoso con los otros. Es el que hace por ejemplo que le den el premio Herralde a Daniel Sada. Llama directamente a Herralde para proponerle la novela de Sada, y para decirle que esa novela se merece el premio”, cuenta.

La Tijuana que Federico Campbell cuenta, lo escribe él mismo, es una “Tijuana adolescente”. Así se dejaron cuando su madre lo envió a Hermosillo, Sonora, donde estudiaría la preparatoria.

“Yo siempre dije: Federico Campbell ya no entiende a Tijuana, porque él no ha estado aquí. Viene de visita”, dice Humberto Félix Berumen.

Pero en aquella joven ciudad de apenas 100 mil habitantes de la que habla en su cuento Tijuanenses, ya veía varias Tijuanas.

“Al lado de una opulencia inexplicable, sobrevive la gente de los cerros y las chozas peligrosamente empotradas sobre llantas viejas y entre los cañones”, escribió.

Su origen como una constante evocación, dice su viuda, es porque tenía una “preocupación permanente” por integrar la frontera a la literatura nacional.

El profesor de UABC asienta que de no haber salido de esta ciudad, Federico Campbell difícilmente habría logrado la carrera literaria que dejó y que encuentra reconocimiento en Tijuana.

“Ni es obligatorio, ni creo que Federico Campbell sea vaca sagrada, ni mucho menos. Lo que pasa es que vivió aquí, siempre escribió desde donde estuviera sobre Tijuana”, responde.

Karla Robles, gerente de literatura del Cecut, refiere que los dos homenajes realizados al fallecido autor tuvieron una importante respuesta de la población.

“Creo que el hecho de que siempre estuviera ligado a Tijuana, que regresara constantemente, que no dejara ni a su familia ni a sus amigos, mantuvo un vínculo muy fuerte”, dice.

El director del Cecut, Pedro Ochoa dice que la habilitación del nuevo espacio para recibir los libros podría ser el Centro de Documentación de las Artes (Cendoart). Esperan concretar el proyecto el siguiente año. FOTO: NEWSWEEK EN ESPAÑOL BAJA CALIFORNIA

Con el director Pedro Ochoa coincide en que la habilitación del nuevo espacio para recibir los libros podría ser el Centro de Documentación de las Artes (Cendoart). Esperan concretar el proyecto el siguiente año.

En ese espacio del tercer nivel el Cecut guarda su memoria histórica. La sala tiene espacio disponible y no recibe la cantidad de visitantes que la institución cultural quisiera.

Karla Robles estima que cada año tienen entre 10 mil y 12 mil asistentes a sus eventos literarios en la sala de lectura.

Están además los visitantes por eventos como la Feria del Libro que volvió hace unos años a sus instalaciones, y el Festival de Literatura en el Norte (Felino).

“No creo que nos podamos considerar una ciudad de lectores, pero creo que el trabajo que hacemos aquí y el que se hace en otras instituciones, poco a poco va abonando a eso”, comenta.

La gerente del área de literatura menciona que será hasta que tengan los cerca de cinco mil libros cuando definan cómo dispondrán de ellos entre la sala de lectura y el espacio por habilitar.

“Y a lo mejor si se puede hacer obsequios a bibliotecas públicas o a alguna institución educativa”, menciona.

Un año después de la muerte del escritor fronterizo, el Cecut nombró Federico Campbell su sala de usos múltiples, y ese mismo año con el Consejo Nacional de Arte y Cultura (Conaculta), publicaron Regreso a casa.

Pero esos textos inéditos encontrados después de su muerte no es lo único que Campbell dejó en el tintero. La directora Carmen Gaitán afirmó que existe un texto para el que hoy no hay planes.

“Por desgracia dejó una novela que era como el gran proyecto de su vida, la dejó inconclusa”, refiere.

De Carlos Blanco Aguinaga, sus colegas norteamericanos encontraron en sus archivos de la universidad UCSD nuevos textos que serán publicados, y en España verá la luz una novela, adelanta su hija Alda.

Los dos escritores lucharon sus propias batallas desde las letras y en vida se nutrieron de los libros que pronto podremos hojear.

Habrá que esperar a que llegue el conocimiento que atesoraron para tratar de entenderlos, y en ese intento, comprendernos mejor.