Así luce tu cerebro cuando piensas en la muerte

MARCEL JUST, psicólogo de la Universidad Carnegie Mellon, intenta generar imágenes de los pensamientos humanos. Hacía una presentación sobre la manera como los conceptos se representan físicamente en el cerebro cuando su colega, el psiquiatra David Brent, le preguntó si podría detectar cambios en los pensamientos de personas con tendencias suicidas.

Just decidió que valía la pena intentarlo, así que se pusieron a trabajar. Y concluyeron que la respuesta era “sí”. En un artículo publicado a fines de octubre, en la revista Nature Human Behaviour, el equipo investigó si conceptos como “muerte” y “vida” se representaban de distinta manera en los cerebros de personas con ideaciones suicidas, comparados con los cerebros de personas que no tenían esos pensamientos.

El grupo de Just incluyó 34 adultos jóvenes: 17 con pensamientos suicidas y 17 que no sufrían esas ideas. Los investigadores monitorearon el cerebro de cada participante con imágenes por resonancia magnética funcional mientras les mostraban una serie de palabras que representaban conceptos distintos. Algunas (“despreocupación”, “confort”, “dicha”) eran positivas; otras (“apatía, “muerte”, “desesperación”) podían relacionarse con el suicidio. Otras más (“aburrimiento”, “crítica”, “crueldad”) eran negativas y no tenían relación con el suicidio.

Las “firmas” cerebrales de los individuos con pensamientos suicidas fueron significativamente distintas al mostrarles las palabras con conceptos suicidas. Y de los términos presentados, “muerte” evocó las respuestas más drásticamente diferentes.

Luego, los científicos recurrieron a un algoritmo de aprendizaje automático para analizar los datos. Los investigadores “enseñaron” al algoritmo, presentándole los datos de resonancia magnética funcional y la clasificación individual (por ejemplo, si el voluntario había pensado en el suicidio) de todos los participantes, excepto uno. Después de entrenar al algoritmo, los investigadores proporcionaron los datos de resonancia del participante faltante, pero sin revelar si la persona había manifestado tendencias suicidas. El algoritmo pudo determinar, con una precisión de 91 por ciento, si el participante misterioso había tenido pensamientos suicidas.

Es importante señalar que este estudio no es un método para predecir si alguien va a suicidarse o no. Con todo, Just dice que la investigación está encaminada en esa dirección.

“Abre esa posibilidad”, señala Glenn Saxe, psiquiatra de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, quien no intervino en la investigación. Saxe agrega que semejante predictor “podría ser una adición muy poderosa al estuche de herramientas de que disponen los psiquiatras”. No obstante, previene contra la interpretación exagerada de los resultados del artículo, el cual no describe un método confiable para predecir el suicidio.

En un tema tan importante como determinar si alguien intentará suicidarse, la exactitud es de vital importancia. Paul Sajda, investigador de neuroimágenes y computación en la Universidad de Columbia, señaló que, si bien el algoritmo tuvo una precisión de 91 por ciento, resulta muy inquietante la posibilidad de pasar por alto a un suicida en potencia, o de etiquetar falsamente a un individuo como suicida. También exige que los investigadores trabajen más en este asunto antes de utilizar el algoritmo como herramienta diagnóstica.

Además, Sajda cuestiona: ¿Por qué usar la resonancia magnética funcional cuando las pruebas psicológicas actuales son muy eficaces para determinar si una persona tiene tendencias suicidas? No le queda claro cuál es el valor agregado de una prueba de esta clase.

Just y su equipo son conscientes del potencial y los riesgos implícitos. El psicólogo dice que deberán tomar muchas medidas antes de que su información pueda usarse con seguridad para evaluar a los pacientes. Por su parte, le gustaría replicar los hallazgos con una población más amplia, aunque es difícil encontrar voluntarios que tengan pensamientos suicidas. Además, sentarse con una persona en una máquina de resonancia durante 30 minutos no es práctico ni barato.

Asimismo, enfatizó que cualquier cosa que resulte de su investigación sería, estrictamente, un elemento adicional a la evaluación de un terapeuta o psicólogo. “Ese es el estándar de oro contra el que debemos compararlo”.

En cuanto al temor de un futuro tecnodistópico, Just insiste en que, dada la cantidad de trabajo que requiere este diagnóstico, “no hay manera de hacer esto contra la voluntad de una persona… No puedes apuntar un pequeño rayo láser y averiguar qué está pensando”.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek