Las confesiones de Ruffo

En mi campaña de gobernador hubo varios momentos difíciles, uno que nunca sucedió realmente pero que yo le tenía mucho miedo era “¿y si gano y me la roban?, ¿qué voy hacer? no me voy a quedar callado. Se va armar un alboroto. Puede haber heridos, pero yo no quiero que pase eso, mejor hay que prevenir eso”. Me dije: “pues hay que tener bien organizadas las casillas, porque yo quiero saber si gané o perdí para ser el primero que salga a la calle a declararlo”. Esto para que fuera de una manera totalmente objetiva para no andar engañando a nadie, nada de que andar con que la mayoría y que la corriente nos favorece. ¡No, no, no! la verdad. Para esa época consideré que eso era de lo más importante, porque la larga historia de fraudes en los procesos electorales. 

Afortunadamente se logró la organización en el estado para cuidar las casillas. Y entre las muchas cosas que nos pasaron ahora me pongo a pensar cómo fue que sucedieron, por ejemplo, que los notarios se animaron a certificar las actas, eso fue clave en asegurar el resultado. Una vez todas juntas las mandé a México a través de la Armada de México y el Ejército mexicano. Las acta estaban en la oficina del presidente Carlos Salinas de Gortari a las 6 de la mañana, o sea a las 4 de nosotros, ya en el lunes 3 de julio de 1989. Los soldados y los marinos lo mandaron bien rápido, eso fue clave para evitar el fraude, con todo y la presión del PRI en el estado con su dirigencia nacional, como sucedió durante toda la semana después de la elección.

Así que yo veo que no tuvieron pa’ dónde moverse, y ese momento que tanto temí, afortunadamente, no llegó. El otro momento difícil fue precisamente el martes 4 de julio, otra vez arriba de una plataforma pero ahora en Ensenada, en un mitin, todavía no nos habían reconocido, ya se habían mandado las actas a México y todo eso. Estaba yo con el micrófono y una señora me empezó a jalar el pantalón: “¿Qué quiere señora?” le dije. “Pues que dice Colosio en la televisión que la tendencia no les favorece”, me contestó. Me dije: “¡Ay caray! Ya ganamos otra vez”. Me entró una especie de confusión, dije, “esto ya cambió”, porque una cosa era estar muy claro de la victoria, de estar luchando por ganar, y porque habíamos hecho todo lo necesario para ganar. Pues siempre estás empujando por ganar, pero te dicen “ya ganaste” y no lo puedes creer. Me bajé de la plataforma y me fui a mi casa, el mitin estaba a unas cuadras de mi domicilio. Estaba la muchacha que trabajaba en casa y me dice: “Oiga, le habla Zabludovski en el teléfono”. Yo me quería esconder para pensar y ¡zaz! a quemarropa me tomó la entrevista y no sé ni qué dije por los nervios y la emoción, tendríamos que escuchar la grabación. A partir de eso empezó a llegar gente, agarré el carro y me fui. Me salí y me fui a un cerro alto en Ensenada que es el de Chapultepec desde donde se ve el centro, quienes han ido a la ciudad lo sabrán, tiene una gran vista. Ahí estaba yo medio queriendo asimilar la situación. Empecé a oír el rumor de la ciudad por la emoción, los pitidos de los carros, el murmullo de la gente, así como cuando gana la Selección Nacional, y pues se fueron al Papas and Beer o al bar Hussong’s. Pero donde me quedé impresionado fue con un carro lleno de muchachos con la bandera nacional. Y dije yo: “¡híjole!”. Eso sí me emocionó. Me cayó el veinte y me dije: “ándale Ruffo, te pusiste a jugar aquí ahora a ver qué haces”. Obviamente cuando hablo de jugar me refiero a hacer política, a participar y ganar elecciones, porque estaba convencido de la necesidad de cambiar lo que estaba sucediendo en el país.

Ahora Ernesto Ruffo Appel es senador, y está interesado en convertirse en el candidato a la presidencia de México por el Partido Acción Nacional. En la gráfica, participa en un foro con el también panista, Luis Ernesto Derbez. FOTO: NEWSWEEK EN ESPAÑOL BAJA CALIFORNIA

Yo creo que el sistema político en aquel entonces no tuvo de otra que irse abriendo de a poco. Me refiero particularmente a la elección municipal de Ensenada en 1986 y la gubernatura en 1989 para Baja California, pero también con lo que fue sucediendo en otros estados y municipios. Esas victorias de Acción Nacional fueron aceptadas porque la coyuntura, la circunstancia política nacional, había venido avanzando en ese sentido y continúa avanzando hacia la democratización real del país. Sin duda comenzamos a transitar hacia el cumplimiento de la ley, al funcionamiento de las instituciones y no de un partido político, sino a favor de la gente. Antes estaba el absolutismo completo, el presidente todo poderoso y ese poder metaconstitucional se transmitía al gobernador y hasta el alcalde. Entonces México, gradual y paulatinamente, se ha ido saliendo del autoritarismo para ir avanzando hacia la democracia participativa. Esos son procesos sociales que toman muchos años. Estamos ahora a más de veinticinco años del año 89 y la verdad aunque parece muy distante, como dice la canción veinte años no son nada, socialmente hablando, históricamente hablando han representado muchos cambios para el país, algunos son avances muy importantes y hay otros tantos asuntos en lo que todavía tenemos pendiente avanzar, pero se tiene una inercia y un sentido. México va cambiando, claro nuestro gran reto a vencer es la educación, porque entre más gente entienda lo que estamos haciendo más rápido va a ser el cambio. Todavía existen mexicanos muchos que no entienden cabalmente y van a ser víctimas de su propia necesidad porque alguien los va a estar usando.

“Estamos ahora a más de veinticinco años del año 89 y la verdad aunque parece muy distante, como dice la canción veinte años no son nada, socialmente hablando”. FOTO: NEWSWEEK EN ESPAÑOL BAJA CALIFORNIA

Cuando fui gobernador también hubo momentos de tensión en mi relación con la gente, no todo fue sencillo. Por ejemplo, cuando hicimos el aumento de las tarifas del agua. Recuerdo ese momento, porque hay que ver el contexto de esa decisión, o sea, en lo político fui electo en una manera muy clara y quiero decir que con una Tijuana particularmente apasionada. Conozco las ciudades del estado y puedo decir que Tijuana es así, apasionada y yo creo porque está muy lastimada, porque aquí las personas que la mayoría son inmigrantes llegan muy lastimados, muy ninguneados o los americanos cuando los devuelven los ningunean y total es un asunto de dignidad, de manera de que cuando me vieron como candidato me abrazaron con una ilusión y me defendieron y me promovieron, así que en Tijuana ganamos de una manera muy clara, y yo sabía que el capital político con el que contaba en esta ciudad era enorme. Por eso la decisión del aumento de las tarifas del agua pues a la que principalmente iba a afectar era a Tijuana y mi razón para tomar es decisión así fue que yo sabía que tenía ese apasionado apoyo pero dentro de la mentalidad del nacionalismo benefactor pues los iba a confundir, o sea, cobrarles más ¿no? Y la reacción natural iba a ser “Nuestro ruffito, ¿cómo es posible? Si nosotros lo queremos tanto, ¿cómo es que él nos va a golpear” yo sabía que esa actitud si se iba a dar en la mentalidad de la gente, pero como me querían tanto se iban a confundir y mientras entendían que había pasado, la decisión ya estaba tomada. Después de la atolondrada que les di con eso como a los tres años fue cuando me empezaron a felicitar, antes no, fue un silencio total, era normal, pues lo que esperaban era solo recibir. Y como digo, con el paso del tiempo la sociedad entendió que el aumento de la tarifa del agua era necesario para financiar la construcción e introducción de las tuberías para conducir agua a las casas de los tijuanenses. ¿Cuál fue la diferencia? Que en esta ocasión sí se resolvieron los problemas y la gente al abrir las llaves en sus casas comenzó a tener agua. En esas circunstancias se atendió el problema del agua en Tijuana.

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A mí me tocó tener algunos problemas dentro del PAN, yo recuerdo cuando gané la elección de gobernador, en un mitin, unos días después del triunfo, en una plataforma de camión —ya no recuerdo bien cómo era—, dije: “ahora que llegue de gobernador me quito la camiseta del PAN para ser el gobernador de Baja California, porque seré gobernador para todos”. Y me abuchearon algunos ahí abajo y pensé: “Ah caray, ¿dije algo mal o qué?”. Pero también recuerdo cuando de alcalde conocí a don José, un viejito que había estado muchos años en el PAN, que bueno, él no tenía preparación, sí necesidad, y no había dónde ponerlo más que me cuidara el lote de estacionamiento del palacio municipal, y que lo limpiara y todo eso y le dimos su sueldo. Pero un día con el recogedor aquí se me queda viendo y me dijo: “Oye Ruffo, ¿qué te pasa, ya nos toca?” Me estaba reclamando porque no quería ni el recogedor, quería un puesto mejor. Pero él no tenía la capacidad para tener un puesto mejor. Se empezaron a dar esas fricciones, pero también te debes de dar cuenta de esa mentalidad de que “ya quitamos a unos para ahora ponernos nosotros”; “quítate tú porque ahí voy yo”. Esa no es el fondo del cambio, no es simplemente quedar a los villistas para poner a los carrancistas. Sino hacerlo institucionalmente el cambio próspero de todos los mexicanos a través de la institución, liderar el gobierno para todos.

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El tema de la gubernatura me fue más difícil decidirlo por todo lo que me pasó en la Presidencia Municipal de Ensenada. Como dije, salí de la empresa y pensaba: “bueno vamos a luchar pa’ empujar un poquito al PRI y luego ya me voy yo hacer mi empresa”, y gané o ganamos y bueno empecé de presidente municipal. Pero yo cuando salí de la empresa ganaba 5,500 dólares, y cuando entré de alcalde el sueldo era de 650. Afortunadamente, dos de mis compañeros regidores que también eran de ascendencia empresarial, me donaron sus sueldos y así junté 1,950 dólares, sino no hubiera sobrevivido, entonces ¿ustedes creen que le quería seguir? Pues no. Me acuerdo muy claro cuando en una ocasión salí de la presidencia municipal y había un alto para que pudiera salir del estacionamiento y tenía que voltear a la izquierda y cuando volteé me tronaba el cuello de lo tenso que estaba porque nunca hay suficientes recursos, la gente va y te pide, y te pide. Y uno ve los problemas y le das la razón a la gente, pero no puedes darle la solución completa. Yo decía: “¿pues cómo me voy a volver a meter en esto?”. Pero luego pasó que mataron a “El Gato” Félix en 1988 y yo tenía pues una relación importante con el señor Blancornelas del Zeta en Tijuana. Sentí que debería de ir a acompañarlos, fui al velorio pero no fue ninguna autoridad a acompañarlos, ni de Tijuana, ni del Estado, nomás fui yo. Me acuerdo que a la salida de las funerarias me subieron a una tarima y se armó un alboroto ahí con lo poquito que dije. Yo hablé simplemente de la amistad que tenía con el señor Félix. Yo creo que la gente lo que estaba viendo era que ahí estaba un alcalde, uno que sí se había animado a ir. Entonces de ahí para adelante pues el Zeta me agarró como su ahijado. Yo no me di cuenta que eran mis padrinos, pero empezaron a sacar muchas noticias sobre mi, sobre todo cuando andaba recogiendo la basura en Ensenada, y debo decirlo, yo la verdad la recogía por vergüenza. Todo surgió porque tenía una huelga del sindicato en Ensenada y pues a mí lo único que se me ocurrió fue que no me podía quedar sentado sin hacer nada, y pensé: “de perdido que me vean que ando levantando la basura”. Pero Jesús Blancornelas publicaba las fotos y los de Tijuana se empezaron a alborotar.

Un día el gobernador Leyva Mortera nos invitó a los alcaldes a una junta en el Cecut [Centro Cultural Tijuana]. Yo no conocía muy bien Tijuana así que pues no sabía que había estacionamiento ahí, me estacioné en la plaza Río y me fui a cruzar la calle hacía el Cecut y ahí venía un señor —que yo platico esta historia y nadie me la cree— un paletero, ya grande como unos 65 años con la gorra de pescador porque la traía ya toda salada, se veía ya blanca. Se me quedó viendo y me dijo: “¡Ruffo!”. “¿Qué?”, le dije. “¿Te vas aventar o qué?”, me preguntó. Un señor que no me conocía, que ni yo lo conocía, de otra ciudad que no era la mía. Y este cuate tiene esperanzas en mí. Bueno cuando llegué a la otra esquina después del semáforo, dije, “pues lo voy a tener que hacer, ni modo que lo deje con esa esperanza”. Dije: “Bueno, ni modo, al cabo que no vamos a ganar”, y esa es la historia de por qué me metí a ser candidato a gobernador.