Los humanos parecen estar evolucionando para llegar a la pubertad más tarde y quienes comienzan a una edad más tardía, viven más tiempo, según ha descubierto un estudio genético.
Usando información de más de 200,000 personas, los científicos también descubrieron que las variantes genéticas vinculadas con enfermedades cardíacas, obesidad y colesterol alto aparecen con menos frecuencia en personas quienes viven más tiempo.
La investigación, publicada en PLOS Biology, da una perspectiva de la evolución en acción, mostrando cómo la selección natural lentamente está erradicando los rasgos poco favorables y adaptándose a nuestros estilos de vida cambiantes.
Los rasgos genéticos evolucionan cuando surgen mutaciones que ofrecen supervivencia y, hablando generalmente, la gente quien tiene estos rasgos están predispuestos a vivir más tiempo y pasar sus mutaciones a más descendientes. La mutación con el tiempo se hace más común dentro de la población general, aumentando la supervivencia de la especie.
La selección natural resultó en que los humanos caminen en dos piernas, tengan pulgares oponibles y cerebros más grandes en cambios que se dieron durante miles si no es que millones de años, pero cambios minúsculos suceden todo el tiempo.
El equipo encabezado por Hakhamanesh Mostafavi, de la Universidad de Columbia, observó los genomas de 210,000 personas de Europa tomados de la Cohorte de la Fuente de Investigación en Epidemiología Genética para el Envejecimiento (GERA, por sus siglas en inglés) y el Biobanco del Reino Unido. Para compensar la falta de personas mayores en el conjunto de datos, el equipo usó la edad de muerte de los padres de las personas en los genomas del Biobanco como una representación.
Los investigadores examinaron si la frecuencia de un alelo —una variante de un gen determinado— varía entre edades diferentes y representa la variación dentro de la ascendencia. Ellos observaron 42 rasgos comunes, como el índice de masa corporal (IMC) y la altura, y calcularon si esto estaba involucrado en la supervivencia. A partir de esto, ellos hallaron solo dos variantes comunes que tuvieron un gran efecto en la mortalidad específica de la edad.
“Hallamos que las variantes que retrasan el momento de la pubertad están enriquecidas en padres quienes vivieron más, consistentes con estudios epidemiológicos. De manera similar, en las madres, las variantes asociadas con una edad más tardía en el primer alumbramiento están asociadas con una expectativa de vida mayor”, escribió el equipo, añadiendo que un retraso de un año en la pubertad estaba asociado con un índice de mortandad reducido de entre tres y cuatro por ciento.
También hallaron señales de que las variantes relacionadas con los niveles de colesterol, riesgo de enfermedades de la arteria coronaria, IMC y asma aparecen con menor frecuencia en personas quienes vivieron más. Una de las variantes genéticas que afectó la mortalidad también está asociada con la enfermedad de Alzheimer; el equipo halló que en mujeres mayores de 70 años, había una disminución en la frecuencia de este gen específico, indicando que las mujeres con una o dos copias de éste tienden a morir más temprano.
“Es una señal sutil, pero hallamos evidencia genética de que la selección natural está sucediendo en poblaciones humanas modernas”, dijo Joseph Pickrell, coautor del estudio, en una declaración.
Los investigadores notan que el ambiente también tiene un papel importante en la expectativa de vida, y Mostafavi dice que los rasgos vinculados con expectativas de vida más amplias ahora tal vez no sean necesariamente útiles en el futuro cercano, conforme cambien las condiciones. Ellos también dicen que los cambios documentados podrían surgir de otros componentes relacionados con la salud. Para entender mejor qué influencia tienen estas mutaciones y por qué surgen, los investigadores necesitarán estudiar los “millones de muestras en la fuente”, dijeron ellos.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek